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Archive for 21 agosto 2007

+ Con reformas light, habrá crisis en 2012 o antes

+ Opacidad en el destino, control y evaluación del gasto

+ Es mejor reforzarlas y no crear instituciones paralelas

LAS INSTITUCIONES Y LA REALIDAD

Francisco Rojas

Las reacciones respecto al proyecto de reforma hacendaria, al régimen fiscal de Pemex y a la visita del presidente de Brasil son ejemplos de cómo hemos ido restándole credibilidad a las instituciones y distanciándolas cada vez más de la realidad.

Nuevamente se ha mostrado con crudeza nuestra acendrada reticencia a pagar impuestos y nuestra voluntad por apoyar una reforma fiscal que surta efecto sólo en “los bueyes de mi compadre”. La desgarradura de vestiduras es patética y las amenazas y chantajes abundan; la debilidad de las instituciones se ha hecho evidente y nuevamente tendremos una reforma light, que permite vislumbrar una posible y peligrosa crisis alrededor de 2012 o antes, si es que la situación financiera internacional se escapa de control.

Atrás de la desconfianza popular en las instituciones y su renuencia para cumplir con sus obligaciones ciudadanas está la opacidad del destino, control y evaluación del gasto público, que constituye otro ejemplo de evasión de responsabilidades y abandono de facultades institucionales. En la vigente Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria se determinó establecer un Sistema de Evaluación de Resultados que tendría que estar terminado en 2008, y se previó en el espíritu de la ley otorgar mayores facultades al Congreso, a través de la Auditoría Superior de la Federación, para exigir información oportuna, transparente y la rendición de cuentas sobre los resultados obtenidos con el pago de impuestos.

Pero lejos de demandar el cumplimiento de la ley, parece ser que algunos legisladores e intelectuales avalan empezar todo de nuevo apoyando la creación de un consejo o un instituto de evaluación, con más burocracia y gasto que, además de descubrir el hilo negro, libere de responsabilidades a quienes ya deberían estar creando con las dependencias y entidades los indicadores de gestión, formulando con ellas los esquemas de compromisos y diseñando los sistemas de información y rendición de cuentas.

Vaya manera de hacer valer la investidura que el pueblo les confirió como sus representantes, ya que en vez de reforzar las instituciones existentes parece ser que se quiere crear otras paralelas y que una junta de notables gobierne el sistema y, por qué no, el país.

¿Por qué, en su lugar, no se dota a las comisiones del Congreso de mayores facultades y medios para que funcionen permanente y eficazmente en el control y evaluación concomitante de la política hacendaria? ¿Por qué no se hace lo mismo con la Auditoria Superior de la Federación y se le otorgan “dientes” y presupuesto para que funcione verdaderamente como el órgano de control y evaluación del Poder Legislativo?

La visita del presidente brasileño, además de grata, fue una saludable corrección de las torpezas e infantilismos de Fox. Su presencia y expresiones despertaron entusiasmo y alimentaron esperanzas de un nuevo entendimiento y una posible solución a ciertos problemas, especialmente el energético. Pero disipado el humo diplomático, hay que analizar cuidadosamente las declaraciones de los experimentados y hábiles directivos de Petrobras.

El señor Gabrielli de Azevedo, su presidente, declaró que “no les interesan ni los contratos de servicios múltiples ni los de obra pública que utiliza Pemex”. Otros funcionarios señalaron que Petrobras sólo opera mediante contratos de riesgo, en los que se compartan beneficios de la extracción, tanto en términos de volumen como de registro en libros de reservas descubiertas, así como los riesgos inherentes en caso de no encontrarse hidrocarburos.

Dichos funcionarios conocieron los proyectos para aguas profundas que contempla Pemex en su Plan de Negocios 2007-2015, y dado que éstos tomarían de seis a ocho años desarrollarlos, daría “tiempo suficiente para desarrollar nuevos modelos de contratos que permitieran la inversión privada”, que ahora está vedada constitucionalmente.

Las declaraciones anteriores seguramente acelerarán a los que quieren privatizar Pemex a cualquier costo, desalentarán a otros que veían a Petrobras como la salvación pero, para muchos de nosotros, serán un incentivo para encontrar nuestras propias soluciones, que no son simplemente darle más recursos al organismo. Pemex requiere efectivamente mayores recursos para exploración, compra de tecnología, investigación y capacitación para explotar las aguas profundas, los campos maduros, el gas, modernizar el sistema de refinación y el de ductos, invertir en alianzas estratégicas, etcétera.

Pero debe ser un enfoque integral que comprenda, además, una cirugía mayor en sus sistemas operativos y gerenciales, una organización y funcionamiento como empresa, sanear pasivos contraídos para financiar gasto corriente del gobierno federal, una política de precios realista, una adecuada política laboral, etcétera, pero sobre todo, que se le desligue del trapecismo político y financiero para mantener el equilibrio fiscal en las cuentas nacionales.

EL UNIVERSAL, 21 AGOSTO, 2007.- http://bit.ly/dtLovX

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+ El DF  no puede marchar  a contrapelo con la Federación

+ Tiempos en que  no se hizo un solo metro del Metro

+ Muchos frentes abiertos y poco esmero en resolverlos

LA DEMOCRACIA EXIGE CONCORDIA

Francisco Rojas

La relación entre el gobierno federal y el capitalino es una historia de desencuentros que no dejan de ser ridículos y absurdos. El empecinamiento del jefe de Gobierno en esquivar la relación directa con el Presidente de la República ya agotó el efecto político que pudo haber tenido hace algunos meses; sobre todo cuando todos los gobernadores perredistas, con excepción del señor Ebrard, tienen una relación de armonía y colaboración con el Ejecutivo federal en beneficio de sus gobernados.

La ciudad de México no puede marchar a contrapelo de la Federación; necesita obras de infraestructura y participación de muchas dependencias federales; la complejidad de los problemas es tal que no es posible desvincularse totalmente del gobierno central. El Distrito Federal tiene que coordinarse con la Comisión Nacional del Agua y con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, entre otras, para resolver o atenuar sus graves rezagos.

No olvidemos que la administración pasada se negó a enterrar el presupuesto; todo se fue en obras de relumbrón y clientelismo que no resolvieron ninguno de los grandes problemas del DF. No se hizo, valga la redundancia, un solo metro del Metro. No se incorporó a la vialidad ningún nuevo eje vial; no se renovó el obsoleto transporte capitalino que sigue operado por miles de choferes que no respetan el reglamento de tránsito; no se agregó un solo metro al Acuaférico, por lo que delegaciones como Iztapalapa, Iztacalco y Gustavo A. Madero sufren graves carencias de agua potable. No se otorgó mantenimiento al drenaje profundo, por lo que el emisor central y el Gran Canal representan un serio riesgo de desbordamiento; asimismo, las obras del río de los Remedios se suspendieron, a pesar de que casi todos los asentamientos humanos vecinos están por debajo de su cauce, con el peligro que eso representa. Sin embargo, a Ebrard le interesa más ahondar el diferendo con Calderón que establecer canales expeditos de comunicación que beneficien a los capitalinos.

Por otro lado, el titular del Ejecutivo federal, lejos de tender puentes serios de colaboración, le hace frente al perredista que se empeña en seguir la línea de López Obrador. La última escaramuza que escenificaron ambos gobiernos tuvo como motivo el refinanciamiento de la deuda capitalina por la necesidad de que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público avalara sus términos.

El jefe de Gobierno dijo en varias ocasiones que el gobierno federal estaba politizando ese refinanciamiento, olvidando que él le ha dado un cariz totalmente político a su relación con el Presidente. Después de un estira y afloja que se prolongó hasta los últimos minutos del plazo fijado por los bancos acreedores, se pudo llegar a un acuerdo para que el Gobierno del DF ahorre anualmente mil 500 millones de pesos por el servicio de su deuda, lo que alcanzaría para construir la línea 12 del Metro o construir 10 líneas de Metrobús, además de construir el Acuaférico hasta Iztapalapa y darle mantenimiento al drenaje profundo.

Tenemos muchos frentes abiertos como para que los colaboradores de Calderón no se esmeren en resolverlos. El conflicto con el sindicato minero, la embestida mediática contra el sindicalismo mexicano, los cotidianos ataques a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad, las diferencias con la justicia estadounidense por el caso de un ciudadano mexicano de origen chino al que se le decomisaron 205 millones de dólares en efectivo, el empantanamiento de importantes iniciativas en el Congreso; tal parece que la única reforma que ha suscitado acuerdos es la electoral; el deterioro de nuestras relaciones con Venezuela, Cuba y Bolivia; el activismo beligerante del ex candidato perredista a la Presidencia; la actitud de los radicales de una izquierda que no acierta a modernizarse ni a vivir en un estado de derecho. Como si todo esto fuera poco, en el PAN hay “fuego amigo”, lo que constituye un obstáculo más al desempeño normal del Ejecutivo federal.

No hemos aprendido a vivir en el presidencialismo y ya estamos pensando en darle matices parlamentarios a nuestro sistema; va a ser muy difícil lograr acuerdos al respecto. Sólo un desempeño responsable de nuestros gobernantes, de los partidos políticos y de los poderes fácticos podrá lograr que nuestro sistema político se perfeccione y cubra los enormes baches institucionales que han aparecido en los últimos años. Por ello la democracia exige, también, concordia.

EL UNIVERSAL, 7 agosto, 2007.- http://bit.ly/bPD8Lh

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