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Archive for 18 septiembre 2007

+ Estabilidad y gobernabilidad nos estallan en las manos

+ En Pemex, caída vertical en producción y reservas probadas

+ Privatización silenciosa, vía  importación de petrolíferos

INFIERNO EN LA TORRE

Francisco Rojas

La estabilidad, gobernabilidad y crecimiento del país nos estallan literalmente en las manos. El terreno está fértil para el desahogo de inquietudes sociales no satisfechas por miopías y torpezas políticas o insuficiencias presupuestales, que pueden ser alentadas por quienes intenten mandar al diablo a las instituciones.Los atentados contra Pemex agravan el lamentable y peligroso estado de sus instalaciones de distribución, a las que no se les dio el mantenimiento adecuado por muchos años. A esto se agrega la caída de 24% del promedio de producción diaria de los pozos y de las reservas probadas en 27% en los últimos seis años. Cantarell disminuye su producción de 2 millones 100 mil barriles diarios en 2004 a 600 mil barriles en 2013.Los otros yacimientos no alcanzarán a compensar la caída y los situados en aguas profundas tardarían más de ocho años en empezar a producir. La producción, exportación y aportaciones a las finanzas públicas disminuirán ineluctablemente.No construir refinerías se ha traducido en una privatización silenciosa de Pemex vía importaciones de petrolíferos por 12 mil millones de dólares anuales, que aumentarán 10% el año próximo. Subsidiar los precios en los últimos 30 meses costó 9 mil millones de dólares, cantidad similar al valor de nuevas refinerías que abatirían las importaciones en 2012.Escoja al villano que más le agrade: Hacienda; restricciones y trámites excesivos; directivos ineptos; sindicato; instalaciones obsoletas e improductivas; etcétera.Y las soluciones planteadas son simplistas y desarticuladas: basta con algunos cálculos para darle más recursos a Pemex; todo se arregla con la autonomía de gestión; hay que sacar al instituto del presupuesto; hay que doblegar al sindicato; Pemex debe ser manejado por empresarios; hay que abrir al organismo a la competencia y permitir la inversión privada; la salida está en las alianzas estratégicas; etcétera.Pemex efectivamente requiere más recursos para exploración, para campos maduros, para aumentar la recuperación del gas asociado, para construir una o más refinerías, para reparar y modernizar el sistema de distribución o para pagar la deuda y cubrir el pasivo laboral.Pero, ¿de dónde saldrían los recursos? ¿De una reforma fiscal raquítica y timorata? ¿De ahogarnos en Pidiregas? ¿De préstamos de las afores? ¿De la absorción por parte del gobierno de la deuda que obligó al organismo a contraer para financiar gasto corriente? ¿De la emisión de bonos o de acciones serie “B”? ¿De una política de precios públicos realista? ¿De una inteligente combinación de medidas?La respuesta del gobierno federal y de cierta clase política ha sido una reforma fiscal que incrementaría los recursos en 115 mil millones de pesos, que espera llegar al triple en el 2012, de antemano comprometida por el pago de pensiones, Pidiregas, IPAB y otros, y que, obviamente, no ataca los problemas de fondo ni soluciona las carencias a que nos hemos referido.Estos parches fiscales suelen ser tranquilizadores de conciencia de algunos políticos y oportunidad para que otros se cuelguen medallas, pero en el fondo son aspirinas porque los recursos adicionales de Pemex en 2006 y 2007, derivados de la anterior reforma fiscal, por 70 mil y 89 mil millones de pesos, respectivamente, se anularon en la práctica al establecerle Hacienda un superávit primario del mismo monto.En los lineamientos de política económica para 2008 se plantea compensar el déficit del gobierno federal con un superávit similar de las entidades paraestatales, en el cual Pemex participa con 98%, incluyendo los recursos extra derivados de la reciente reforma fiscal; nuevamente se repite la historia.Para buscar la solución de fondo hay que armar el mosaico, darle el justo peso a cada elemento, medir adecuadamente los tiempos, diseñar la estrategia de realización y lograr los acuerdos sociales y políticos necesarios, para lo cual no basta con cierto conocimiento teórico del sector energético.Algunos aseguran que sería mejor que la iniciativa privada construyera las refinerías o vendiera libremente gasolinas; que las empresas internacionales explotaran las aguas profundas con contratos de riesgo o que Pemex se desligara de construir y mantener los ductos y las terminales.Pero hay otros que afirman que no hay necesidad de acabar con una empresa que ha sido sostén de las finanzas públicas y del desarrollo nacional; que no se debe regalar el valor agregado de nuestros recursos naturales no renovables y perder la poca soberanía energética que nos queda, sobre todo a la luz de los problemas que plantean los biocombustibles como energía alternativa.En fin, las preguntas son muchas y las posibles respuestas son múltiples; por ello debemos discutir libre y abiertamente, y asumir una posición razonada y consensuada que tenga en mente el interés nacional, la soberanía energética y el bienestar de los mexicanos de hoy y mañana. EL UNIVERSAL, 18 septiembre, 2007.- http://bit.ly/aQeHlo

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+ Semanas perdidas en definir si el Presidente va o no al Congreso

+ ¿Pinceladas de semipresidencialismo o semiparlamentarismo?

+ O no entendemos a nuestro  sistema o nos cegó la ignorancia

VAMOS COMO LOS CANGREJOS

Francisco Rojas

Qué mal estamos. Perdimos varias semanas de trabajo legislativo discutiendo si el Presidente iba a ser admitido en la sede del Congreso o si se le impediría el acceso. El artículo 69 de la Constitución es muy claro; establece que a la apertura de sesiones ordinarias del primer periodo del Congreso asistirá el Presidente de la República y presentará un informe por escrito en el que manifieste el estado general que guarda la administración pública. Los antecedentes de esa disposición se encuentran en la Constitución de los Estados Unidos de América de 1787, conforme a la cual, el presidente informará periódicamente al Congreso sobre el estado de la Unión, haciendo las recomendaciones que considere convenientes o necesarias. Asimismo, permite la Constitución de aquel país que el presidente dirija al Congreso mensajes escritos u orales relativos a problemas concretos.Nosotros ya perdimos la brújula; parte del Congreso siente que es un poder a la par del Presidente y que, por tanto, puede debatir abiertamente con él. No es cierto. En un sistema presidencial como el nuestro el Presidente es el jefe del Estado y, por ende, no se le equiparan ninguno de los otros poderes formales. Pero ya nos atrapó la inquietud de acotar lo más posible al Presidente y hasta estamos pensando si le damos pinceladas de semiparlamentarismo o semipresidencialismo a nuestro sistema político, y perdimos de vista que el sistema presidencial es tan democrático como cualquier parlamentario; yo le encuentro más ventajas al sistema presidencial.En América Latina ha habido serios problemas con los sistemas democráticos; si esto se debiera al sistema de gobierno, sería bastante fácil resolver el problema; bastaría cambiarlo y habríamos resuelto nuestras dificultades. Desafortunadamente, no es tan fácil. Para resolver nuestros problemas políticos necesitamos un análisis muy serio sobre la situación histórica de cada país. No son los sistemas presidenciales los que han fracasado; existen causas de naturaleza social, cultural, política y económica que han determinado graves rupturas del sistema político. No es posible que estemos entrampados en decidir si el Presidente va al Congreso a cumplir con un mandato constitucional, si hay que acabar con “el día del presidente”. O no entendemos la naturaleza de nuestro sistema o ya nos cegó la soberbia y la ignorancia. Es increíble que el Congreso esté presidido por una señora que abandona su responsabilidad por no reconocer a quien fue declarado Presidente constitucional por las autoridades electorales competentes. O respetamos las instituciones o cada partido va a determinar lo que es legítimo y lo que no lo es. Ya estuvo bien de tanto circo. Debemos ponernos a trabajar en los temas que verdaderamente son esenciales para el avance el país.Quieren correr a los consejeros electorales, con lo que se reforzaría la tesis del fraude. Los partidos quieren la cabeza del presidente del Instituto Federal Electoral porque no ha sido complaciente. Se van a destruir las instituciones que han permitido la alternancia en el poder y gozan de la credibilidad y confianza de los ciudadanos en aras de caprichos e intereses grupales. Vamos a acabar con la vida institucional en lugar de fortalecerla. Estamos viendo el mundo al revés.Queremos imponerle camisa de fuerza al jefe del Estado y no tomamos en cuenta que un cambio del sistema presidencial al parlamentario, si no existen las condiciones indispensables o mínimas para su buen funcionamiento, agravaría la situación política, debilitaría el sistema de partidos y provocaría serias rupturas en el interior del sistema.En el jaloneo que existe en el Congreso se está cocinando una reforma fiscal light que a fin de cuentas no va a servir de nada. También se trabaja en una reforma electoral que se enfoca fundamentalmente a tiempos y presupuestos; en este caso, lo importante es la cabeza de los consejeros. No ponemos atención en los temas fundamentales para elevar la competitividad del país. La reforma energética brilla por su ausencia; el llamado nuevo régimen fiscal de Pemex es una tomada de pelo. La reforma educativa no aparece por ningún lado y de la reforma laboral ni quién se ocupe. El aumento en la recaudación será tan pequeño que no permitirá la ampliación considerable de nuestra infraestructura y el mantenimiento y rehabilitación de la actual. Estamos haciendo las cosas por encimita, sin soluciones de fondo, con timidez y miedo por la falta de un acuerdo político de fondo.Ya es tiempo de que abramos los ojos a la realidad en que vivimos; que dejemos de hacer como que hacemos y nos pongamos a trabajar en serio. EL UNIVERSAL, 4 septiembre, 2007.- http://bit.ly/bMPOsz

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