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Archive for 27/05/08

+ Un vistazo a la Historia: Los intentos privatizadores

+ Cuidar las apariencias, sugería el Departamento de Estado

+ El riesgo de los contrato incentivados y de maquila

 

CITAS HISTÓRICAS

Francisco Rojas

Ahora que se debaten en el Senado las iniciativas sobre la reforma petrolera, conviene recordar que los embates e intentos por privatizar la industria no son nuevos. Se remontan a las trágicas consecuencias que tuvo el intento de Madero por revertir la apertura porfirista, estableciendo gravámenes por el petróleo extraído y la obligación a las empresas petroleras de inscribirse en un registro gubernamental.

Carranza, por su parte, incorpora a la agenda de la lucha revolucionaria el rescate de los hidrocarburos, espíritu que se deja sentir plenamente en el Congreso Constituyente de Querétaro, en el decreto tributario de abril de 1917 y el intento por reglamentar el artículo 27 constitucional en 1918, que le costó la vida a manos de un integrante de un grupo paramilitar de apoyo a las empresas petroleras.

También se sabe que los acuerdos de Bucareli permitieron que dicho artículo constitucional no fuese aplicado en forma retroactiva a los títulos de propiedad generados al amparo de las leyes porfiristas, a cambio del reconocimiento del gobierno de Obregón.

Por ello, en su informe presidencial de 1938, Cárdenas señala: “Y para evitar en lo posible que México se pueda ver en el futuro con problemas provocados por intereses particulares extraños a las necesidades interiores del país, se pondrá a la consideración de vuestra soberanía que no vuelvan a darse concesiones del subsuelo en lo que se refiere al petróleo y que sea el Estado el que tenga el control absoluto de la explotación petrolífera”.

El bloqueo de las compañías petroleras y el condicionamiento de los préstamos del Banco Mundial a que éstas regresaran a México fueron otra muestra de las presiones, manifestadas claramente en una carta del subsecretario de Estado Spruille Braden de 1946: “Las compañías petroleras han visto, por fin, el momento de regresar triunfantes a México. El Departamento de Estado no tiene preferencia por ninguna de ellas; sólo busca que su regreso sea astuto y cauteloso en la forma, porque probablemente los mexicanos le darían gran importancia al hecho de que se guarden las apariencias.

“El gobierno de México debe insistir, antes que nada, en que los derechos sobre el subsuelo seguirán siendo propiedad de la nación y debe tratar de evitar la mención de la palabra ‘concesión’. Si las compañías petroleras tomaran parte en el desarrollo de la industria, tendrá que ser bajo contrato, de manera que el gobierno mexicano pueda evitar la impresión de que se están dando concesiones a intereses extranjeros”.

¿Será por eso que ahora en las iniciativas se habla de contrato de maquila, permisos, contratos incentivados, etcétera, para no dar la impresión de que se están dando concesiones a intereses extranjeros?

¿Acaso se pretende por ello darle la vuelta a la Constitución mediante leyes secundarias y afirmar que no existe el concepto de industria petrolera y que lo estratégico es únicamente la explotación del crudo? ¿Tendrá lo anterior algo que ver con el deseo de crear una industria privada petrolera integrada paralela, en donde una parte se rija por un régimen jurídico y lo que quede de la industria nacionalizada por otro? ¿Existirían dos sindicatos y dos contratos laborales?

Pero la embestida de la derecha vernácula no es nueva, basta recordar que el candidato presidencial del PAN dijo en 1957: “Nadie que se precie de ser mexicano dará marcha atrás en materia petrolera. Lo que queremos es que nuestro contrincante diga si va a acabar con la situación que impide a Pemex avanzar. Lo que debe hacerse para salvar a la industria es permitir que la iniciativa privada explote los campos petroleros existentes, que ocupan 83 millones de hectáreas”.

EL UNIVERSAL, 27 mayo, 2008.- Texto íntegro: http://bit.ly/9Jyc41

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