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Archive for 21 octubre 2008

FAENA

Francisco Rojas
Sin liga aparente con lo que sucedía en el Senado con la Ley Orgánica de Pemex, en una faena rápida y silenciosa, Hacienda logró que la Cámara aprobara casi por unanimidad modificaciones en la Ley Federal de Presupuesto para desactivar las bombas de tiempo de la autonomía financiera y la asunción del pasivo de Pidiregas de Pemex, crear dos comités en su Consejo de Administración, cambiar reglas del juego para los excedentes petroleros y eliminar trabas a la contratación de grandes empresas.

Respecto a la autonomía financiera, efectivamente sus inversiones no se contabilizarán en la meta de balance presupuestario del sector público para no competir con otras asignaciones en épocas de ajuste, pero según la exposición de motivos del Ejecutivo, sus ingresos y gastos seguirán formando parte de la Ley de Ingresos de la Federación y del Presupuesto de Egresos Federal; sus inversiones estarán sujetas al techo gubernamental que fije Hacienda y si requieren financiamiento, se sujetarían a la Ley de Deuda Pública, al programa financiero global y al marco macroeconómico; además, el superávit de Pemex, sin considerar las inversiones, tendrá que ser igual al déficit del resto del sector público.

Para no absorber el pasivo contingente de Pidiregas, cuyo uso se intensificó en el sexenio de Fox al quitarle a Pemex sus utilidades y obligarlo a endeudarse hasta para pagar impuestos, ahora serán deuda presupuestaria a cargo del Organismo, pudiendo disminuirlos con sus disponibilidades.

Sin embargo, derivado de las modificaciones fiscales y los altos precios del petróleo, Pemex había acumulado cuantiosas disponibilidades, que estaban congeladas y ya eran difíciles de ocultar, y las había venido utilizando para recomprar deuda.

Según informa Pemex, al 8 de junio del presente había destinado el equivalente de $270 mil millones para tal fin y que continuarían con esta clase de operaciones durante el resto del año. ¿Por qué no se usaron antes dichas disponibilidades para invertir en refinerías, ductos o exploración? ¿Esperaban el resultado de la Reforma?

No obstante la inequidad que representa manejar información privilegiada, ahora las empresas que hayan realizado estudios para determinar especificaciones de construcción, presupuestos, materiales, equipos, procesos, así como otros elementos para contratar un proyecto, podrán participar en la licitación del mismo en “igualdad de circunstancias” con otras compañías.

Con lo anterior, la mesa está servida para las grandes empresas, ya que en la Ley Orgánica de Pemex se pretende asignar contratos directamente o mediante invitación restringida a empresas que aporten innovaciones tecnológicas o con las que se tengan convenios de intercambio tecnológico, tales como Shell y Petrobras, entre otras.

Estamos conscientes que las circunstancias de la economía internacional y nacional requieren respuestas inmediatas para crear empleos, reactivar la demanda interna y paliar los efectos de la crisis financiera y la recesión económica y que la reforma energética es parte de estas medidas; pero eso no significa atropellar procesos legislativos, poner en riesgo meses de negociación, ni descuidar la ”letra chiquita” en los arreglos a que lleguen los distintos partidos políticos.

EL UNIVERSAL, 21 DE OCTUBRE, 2008 http://bit.ly/cpYrHy

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  • La crisis financiera global marca oportunidades para México
  • Reforma petrolera debe verse en el contexto de la situación mundial
  • Las debilidades regulatorias ocasionan los grandes quebrantos
  • CUIDADO
    Francisco Rojas
    El Universal

    Está próximo el dictamen legislativo sobre las diversas iniciativas de reforma energética. Ha trascendido que muchas de las propuestas gubernamentales no prosperarán, principalmente las relativas a refinación, transporte y almacenamiento de petrolíferos; por contra, se le otorga mayor autonomía y recursos a Pemex y flexibilidad en materia de contratación, que algunos opinan permitiría regularizar situaciones de facto.

    Según se sabe, la mayoría rechaza los contratos de riesgo de producción compartida, Sharing Production Contracts, por que implicarían modificaciones constitucionales al estar ligados a reservas, producción o precios de venta. Otros pretenden posibilitar la celebración de cierta clase de contratos de riesgo de servicio, Risk Service Contracts, para toda clase de obras o servicios, mediante términos indefinidos, cláusulas imprecisas y otras rendijas legales.

    La retribución del riesgo en estos contratos está en la determinación de los costos, en donde las grandes empresas pueden inflarlos a su conveniencia, ya que cuentan con mayor experiencia y recursos técnicos y jurídicos que Pemex, alegando avances tecnológicos, nueva información surgida en la ejecución del proyecto etc., máxime si se les permite, además, revisiones, sugerencias y otras formas de modificar términos y montos de los contratos. Tantas indefiniciones impedirían establecer un precio cierto, lo cual podría prestarse incluso a corrupción.

    Pemex requiere formas modernas de contratación y de gestión; pero hay presiones para darle una amplia y completa discrecionalidad para que norme sus adquisiciones, obras y contratos, anteponiendo a lo dispuesto por las leyes vigentes, lo que el Consejo de Administración o un Comité determinen al respecto, en lugar de modificarlas para adecuarlas a las necesidades del Organismo. Además, no se garantiza la plena transparencia de dichos actos, disminuyendo la intervención del Legislativo y de la Sociedad en su prevención o corrección.

    Esto es peligroso dada la debilidad de nuestras disposiciones regulatorias y sistemas de control y fiscalización. Ya se tuvo la experiencia del Fobaproa y lo que nos sigue costando; y ahora vemos que en el origen de la crisis financiera de los Estados Unidos están, entre otras, la debilidad de las regulaciones y la falta de control ocasionados por el fundamentalismo económico de suponer que el mercado se autoregula, combinada con la avaricia y el lucro de los actores financieros. Repetir estas situaciones en Pemex, de discrecionalidad y huecos legales, es arriesgarnos a perder el control de una institución clave para todos los mexicanos.

    La recesión económica que ya resentimos en la pérdida de exportaciones, remesas, turismo, inversiones y escasez y encarecimiento del crédito, acrecentarán el desempleo, la merma de ingresos y la intranquilidad social. Debemos evitar crear una situación riesgosa aprovechable por quienes quieren ver debilitadas o inermes a las Instituciones; cuidado con victorias pírricas que pueden arrojarle más gasolina a la hoguera.

    Es el momento de reorientar la política económica y social abandonando recetas superadas y forjar un pacto nacional en torno a objetivos claros y precisos, para evitar mayores problemas políticos y económicos.

    EL UNIVERSAL, 7 de octubre, 2008 http://bit.ly/cSIbuo

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