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Archive for 30 diciembre 2008

  • En año electoral, los temas son Economía, Alimentos e Inseguridad
  • Desempleo, pérdida de ingreso y sentimientos de indefensión social
  • Necesaria supervisión estricta de intermediarios financieros
  • RETOS PARA 2009
    Francisco Rojas
    Otra vez el PRI demostró ser la fuerza política más importante, organizada y con raigambre en todo el territorio. Se mantuvieron posiciones y se recuperaron localidades significativas. La numeralia de los municipios y diputaciones locales ganados así lo demuestran, al igual que la recuperación de espacios que detentaban otras fuerzas políticas.

    La certeza de que el PRI sabe gobernar y que cuenta con rumbo moderno y definido se acrecienta cada día más, sobre todo frente a la indecisión y falta de liderazgo de la derecha, así como el desorden y fragmentación de otras agrupaciones.

    Las metas trazadas en el último Consejo Político del PRI son factibles de alcanzar y la plataforma electoral tendrá que considerar varios factores. En primer lugar, 2009 será un año crítico en donde el tema central será la calidad de vida, deteriorada por la recesión económica, la crisis alimentaria y la inseguridad, aspectos en donde el Gobierno no presentará buenas cuentas.

    Obviamente, también existen otras preocupaciones locales y regionales importantes, a las que hay que atender, pero el desempleo, la pérdida de ingresos y de patrimonio, la baja en el nivel de vida y el sentimiento de indefensión social frente a la violencia desatada por el crimen organizado serán predominantes, desafortunadamente sin solución en el corto plazo.

    En segundo lugar, los diputados federales, aparte de tener aceptación local y conocer la problemática del distrito y región, integrarán una legislatura que, como pocas, se enfrentará a la necesidad de acciones trascendentes, modificando Leyes o evaluando la aplicación de medidas administrativas.

    Por ejemplo: manejar presupuestos de “economía en recesión” con déficits temporales; vigilar el ejercicio oportuno y adecuado del gasto anticíclico; abocarse a una reforma fiscal que simplifique y facilite el cobro de ingresos fiscales; revisar la política de subsidios agrícolas para otorgar apoyos directos y no al ingreso de los que más tienen; federalizar los avalúos catastrales para quitarles presión a los municipios y aumentar sus ingresos.

    Probablemente habrá que modificar las facultades del Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria para que intervengan activamente en aspectos como: el desarrollo económico y el financiamiento interno, incluyendo el de los déficits presupuestales temporales; la regulación y supervisión más estricta de los intermediarios financieros; obligar a la banca comercial a financiar la producción; tornar competitivas las tasas de interés y abaratar los servicios bancarios; igualar las obligaciones y condiciones operativas de la banca extranjera con la nacional; armar programas de rescate de deudores.

    Asimismo, estarán en la agenda otros temas como la revitalización de la banca de desarrollo; la revisión de la política arancelaria para proteger el mercado interno; la puesta en práctica de las reformas energética y de seguridad; la reforma laboral; los festejos del bicentenario y el centenario.

    Los retos de los próximos legisladores serán importantes. Tendrán en sus manos la oportunidad de reorientar el rumbo del país, para aprovechar las oportunidades de la globalización y del mercado en favor de la sociedad, haciendo más equitativo el desarrollo económico.

    EL UNIVERSAL 30 de diciembre, 2008 http://bit.ly/9jqMsy

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    +No existe liderazgo ni se ven medidas conexas

    +Cuatro conjuntos de propuestas para mitigar daños

    +Indispensable regulación y transparencia financiera

    EL EMPLEO
    Francisco Rojas

    En la primera campaña presidencial de Bill Clinton un asesor acuñó la frase: “es la economía, estúpido”, para resaltar la principal preocupación del electorado. Ahora, en el mundo, la palabra clave es “empleo”. Los índices de desocupación crecen a pasos agigantados; los despidos se incrementan y los gobiernos desempolvan políticas anticíclicas para generar empleo sin descuidar, en algunos casos, las perspectivas de largo plazo a través de la educación y las innovaciones tecnológicas.

    En México, parece que la tónica es el silencio, posiblemente para no alarmar a una sociedad a la que consideran ignorante de lo que sucede. No existe liderazgo ni se ven medidas conexas que respondan a un plan integral; en vez de cuidar a pequeños y medianos productores, que son los que generan el mayor empleo, a los que no apoya la banca comercial ni la de desarrollo y que ven cerrase el financiamiento de proveedores, proponen bajar aranceles dizque para proteger al consumidor. Jamás podremos competir con una China que está depreciando su moneda y bajando el precio de sus productos y fletes marítimos para proteger sus mercados.

    Si se logran abandonar paradigmas, resabios ideológicos y actuar con pragmatismo, que aún no se aprecia en los dirigentes políticos, empresariales y sindicales, se podría convocar a un gran acuerdo nacional en torno a cuatro vertientes:

    1. Utilizar la política fiscal para reactivar la economía, generar empleos y mantener el consumo, partiendo de la base que es más importante el monto, destino y eficiencia del gasto público que el origen de los recursos; financiar de manera adecuada el rescate de empresas, las funciones ampliadas de la banca de desarrollo y el combate a la pobreza; revisar la política de subsidios agrícolas reorientándolos a infraestructura y a los apoyos directos y no al ingreso de los que más tienen, como hasta ahora; federalizar los avalúos catastrales, a través del INEGI, para eliminar presiones locales y aumentar los ingresos de los municipios; evaluar la incidencia del IETU sobre las empresas en época de crisis.

    2. Financiar a los productores, incluyendo el sector agrícola, mediante cambios regulatorios para ampliar y abaratar el crédito de la banca comercial y la de desarrollo a la que hay que fortalecer; alinear y reorientar todos los programas oficiales de apoyo, exigiendo a la banca comercial canalizar recursos a este fin.

    3. Cuidar el mercado interno, protegiéndolo de competencias desleales; revisar tratados con países con los que somos deficitarios; financiar a productores orientados al mercado interno, tal como se hace con los exportadores; rescatar a deudores con incapacidad temporal de pago.

    4. Fortalecer la supervisión, regulación y transparencia del sistema financiero, para cuidar el manejo de riesgos y el flujo de información; abaratar las operaciones bancarias; obligar a los bancos extranjeros a cotizar en Bolsa, para igualar condiciones y ejercer una mayor supervisión; etc.

    Son muchas las tareas pendientes y habrá que evaluar la factibilidad y el cronograma de las medidas sugeridas. El problema es mundial y durante mucho tiempo no podremos esperar auxilios externos. Tendremos que hacerlo nosotros con inteligencia, prudencia y patriotismo. El esfuerzo es de todos.

    EL UNIVERSAL, 16 de diciembre, 2008  http://bit.ly/bv7FrM

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  • Aún impredecibles los efectos de la recesión
  • Necesario revisar el papel del Banco de México
  • En EU, la prioridad es recuperar empleos perdidos
  • LA SITUACIÓN ECONÓMICA
    Francisco Rojas

    Podríamos decir que un fantasma recorre el mundo: el de la desconfianza y el miedo de los ahorradores e inversionistas en el sistema financiero internacional y en la capacidad
    de los gobernantes para ponerse de acuerdo y adoptar las medidas adecuadas para inyectarle liquidez y reactivar la economía.

    La crisis financiera, que se veía venir, ya contaminó a la economía real. Los expertos no se ponen de acuerdo en la profundidad y duración de la recesión; mientras unos dicen que se asemejará a la de 1929, otros confían en la pronta capacidad de recuperación de la economía estadounidense, como sucedió en las tres crisis anteriores. Las peticiones de rescate de bancos y empresas se multiplican y se teme que los recursos sean insuficientes si no se frena el temor, antes de que se convierta en pánico.

    Los despidos y la espiral descendente que arrastran al consumo y la producción, están creciendo con repercusiones mundiales. Japón ya se declaró oficialmente en recesión; Francia y Alemania no se ponen de acuerdo en el monto y alcance de las medidas a adoptar.

    Quizá por eso el Presidente electo Obama, aunque se inclinó por reciclar un experto equipo económico moderado, de centro, que pareciera afín a las recetas financieras tradicionales, señaló que sin descuidar el crecimiento a largo plazo, su objetivo era enfrentar el desempleo creando millones de nuevos trabajos y se resistió a rescatar a la industria automotriz sin un programa de reconversión a cambio.

    En México la crisis ya se presentó por el lado de la economía real más que por el financiero, a causa de la caída de las exportaciones, la inversión extranjera directa, las remesas, el turismo, etc.; pero no sabemos el estado real de los bancos y de muchas empresas, que ya no podrán fondearse en el exterior y a las que habría que apoyar para no obstruir los circuitos financiero-económicos y agravar el desempleo; tampoco sabemos qué haremos si no se alcanzan las metas y supuestos presupuestales; y desconocemos la naturaleza, proporción y plazo de las coberturas petroleras; etc.

    Tenemos que adoptar lo que Paul Krugman denomina como la “economía de la depresión”, en donde “las reglas usuales de la política económica ya no son aplicables”. En otras palabras, ahora se requieren políticas audaces, prontas y efectivas que reactiven la economía por la vía del gasto público, el financiamiento a los productores, el cuidado del mercado interno, el fomento a las exportaciones y otras acciones apropiadas a este contexto.

    Por ello es necesario, entre otras medidas financieras, revisar el papel del Banco de México y analizar si también, como ocurre en otros países, debe ocuparse del desarrollo económico, abrir la llave del crédito interno para la producción y poder financiar déficits presupuestales temporales, circunstancia prevista en la Ley de Presupuesto para casos excepcionales como el actual.

    El problema es mundial y parece que cada país tendrá que salvarse a sí mismo. Por ello, no podemos permitirnos la inacción y la opacidad y que nos gane la lucha ideológica; hay que ser pragmáticos. El objetivo debe ser evitar la conjunción de la depresión económica con la inseguridad pública, para no caer en problemas sociales y políticos.

    EL UNIVERSAL, 2 de diciembre, 2008 http://bit.ly/be80FE

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