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Posicionamiento del GPPRI a cargo del Coordinador del Grupo Parlamentario del Partido Revolucionario Institucional en la Cámara de Diputados, Francisco Rojas Gutiérrez, para referirse al Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución, durante la Sesión Solemne de Congreso General:

 Honorable Congreso de la Unión;

 Señor presidente de la Suprema Corte de Justicia y representante del Poder Judicial de la Federación;

 Señor representante del Poder Ejecutivo Federal:

 El Partido Revolucionario Institucional, saluda respetuosamente a la Patria entera en esta celebración bicentenaria; 200 años de Independencia y cien años de nuestra Revolución social, son razones de peso en la conciencia y el espíritu de esta nación generosa que arriba al Siglo XXI.

 La eterna búsqueda de la igualdad; la demanda nunca acabada por hacer valer la justicia social para los más pobres y la justicia a secas para todos, están en el espíritu insatisfecho que hoy exige, como ayer, un mejor gobierno.

 Los muros del Congreso registran los nombres de algunos de los más destacados héroes nacionales, de aquellos que con razón y vehemencia, incrustaron en la historia decisiones trascendentales que aún están vigentes.

 Honramos a esos héroes hoy; honramos también a tantos héroes anónimos que han servido y sirven a la patria, porque la historia de México es la del pueblo entero. La lección que ya debió ser aprendida, es que nuestro país saldrá adelante con trabajo colectivo, sin caudillismo ni autoritarismo.

 El Poder Legislativo es el depositario de las consignas salidas de las trincheras de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

 Su responsabilidad es garantizar que el nuestro sea un país de leyes, de instituciones, de congruencia y de sensatez.

 En el Congreso de la Unión tiene la gente una representación real y un foro para hacer oír su voz.

 Fue en el Congreso de Chilpancingo, en la Constitución de Apatzingán, y después en la Constitución de 1824, donde las acciones de 1810 se convirtieron en leyes.

 Fue en el Legislativo, otra vez, donde se decidió la estructura federal de la República, frente a las presiones de los conservadores, que combatían a Juárez para imponer un centralismo obsesivo, al amparo de una potencia extranjera.

 Y fue en el Congreso, donde la Revolución plasmó sus razones en la Constitución del 17, que definió el perfil social de la nación.

 El pueblo, convertido en legislador, ha cristalizado en leyes la esencia política, histórica y moral de sus luchas; le ha dado trascendencia a los principios, valores y objetivos sociales.

 Nuestras constituciones y leyes, el Derecho mexicano, son la concreción del proyecto de nación que empezamos a construir hace 200 años.

 En los años difíciles que hemos vivido, ha sido el Congreso de la Unión la caja de resonancia de las demandas populares; ha sido la casa donde emiten las leyes los representantes legítimos del pueblo y de la República.

 Los legisladores tenemos diferencias de criterio y a veces hasta de diagnóstico, pero sabemos conciliar ideas distintas e incluso opuestas, para formar los acuerdos que exige el interés de la nación.

 Por ello, cuando se denuesta al Congreso se ofende a la sociedad toda, porque es en él, donde todos nos reflejamos y estamos representados; a nadie conviene debilitar al Poder Legislativo; pone en riesgo la soberanía popular y el pacto federal. Hacerlo es el mejor camino para convocar al autoritarismo.

 Nuestra gente padece problemas muy graves como el desempleo, la migración, el trabajo informal en aumento y el abandono a los jóvenes.

 También nos preocupa y ocupa la violencia criminal. Tenemos que impedir que el crimen organizado conculque nuestras libertades y nos convierta en rehenes de un puñado de delincuentes.

 No es la primera vez que enfrentamos problemas. Para salir de ellos requerimos recuperar las lecciones de la historia, fortalecer las instituciones y recordar la tenacidad de nuestros héroes, para poder administrar el presente y ofertar el futuro.

 No hay que confundir el fracaso de un gobierno o una clase dirigente con el fracaso de un pueblo. Si algo tiene claro México es que pese a los gobernantes, a su clase dirigente y muchas veces, pese a nosotros mismos, siempre ha sido capaz de encontrar el camino, de articular una salida, para seguir siendo un país del que siempre nos podamos sentir orgullosos.

 Tenemos una gran nación. Ahí están los ideales, están los principios, está la República Democrática, Representativa y Federal como un sistema de vida, y no como un mero ejercicio del sufragio universal.

 Contamos, y ahí está, con el principio de la división de poderes para el fortalecimiento de la República entera.

 Ahí está el principio de la República Federal para reconocer la mayoría de edad de los estados.

 Ahí está el sistema representativo y popular para privilegiar el trabajo de representación de los legisladores y su compromiso con la rendición de cuentas a la nación.

 Las decisiones fundamentales de la República deben ser vínculo de unión, no pretexto para la obsesiva búsqueda de supremacía de alguien frente a los demás y, menos, cuando se trata de división de poderes.

 El Partido Revolucionario Institucional está presente en esta celebración, con orgullo por lo que hemos hecho todos los mexicanos; con serenidad porque seguimos conviviendo en armonía, a pesar de los despropósitos que nos dividen e incluso nos polarizan.

 Los Poderes de la Unión debemos de servir al pueblo, sin que las diferencias partidarias se conviertan en obstáculo y lleven a la frustración a quienes debemos de servir.

 Pero no puede el país adormecerse en sus fastos y sólo recordar lo que otros hicieron o tratar de justificar con el pasado, las ineficacias del presente; debemos reconocer lo mucho que tenemos que hacer todos, hoy, para servir a México y servirle bien.

 Los grandes postulados que explican la mexicanidad y las gestas libertarias, se sintetizan en libertad, igualdad y justicia social.

 Hemos conquistado la libertad, pero aún debemos conquistar la igualdad y la justicia social.

 Aquí empeñamos la palabra del PRI en que seguiremos trabajando con denuedo y firmeza; aquí empeñamos nuestro compromiso con la sensatez y la prudencia. Y nuestra convicción de que la política es debate, pero también acuerdo lícito y claro; es acuerdo que debe resolver problemas y no exacerbarlos.

 Los priistas nos empeñamos en construir acuerdos, no desconfianza; en sembrar civilidad, no cizaña.

 Compañeras y compañeros legisladores:

 La Independencia de México fue el primer capítulo de una historia que aún no termina.

 Hidalgo, Allende, Morelos y La Corregidora, y miles y miles de mexicanos anónimos nos dieron una nación.

 Juárez, los liberales de su generación y millares de compatriotas, nos dieron la Reforma.

 Zapata, Villa, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas, nos dieron el Estado de la Revolución y las instituciones que dan firmeza a la nación; el Estado de bienestar que rescató de la pobreza a millones de familias, industrializó al país y prestigió a México en el mundo.

 Celebremos el Bicentenario de la Independencia, el Sesquicentenario de la Reforma y el Centenario de la Revolución, con júbilo genuino, pero también con trabajo.

 Encaremos los desafíos que hoy nos presenta la historia y dejemos a las futuras generaciones un legado de patriotismo, que esté a la altura del que nosotros recibimos de nuestros padres.

 Hagámoslo con la profunda vocación democrática que los constituyentes de 1917 conceptuaron como un sistema de vida, basado en el constante mejoramiento económico, social y cultural de los mexicanos, mucho más allá que el mero ejercicio del voto.

 El gran compromiso que plantea el PRI, sabiendo que somos capaces de asumirlo, es que ya una vez construimos el Estado y que somos capaces de volver a hacerlo, de encabezar, ilusionar y resolver el problema de la movilidad social.

 Aquí empeñamos el compromiso con el pueblo de México para que por la Ley, por el proceso parlamentario, podamos aportar más al país, pensando en que algún día aspiraremos a tener la altura de los legisladores del 24 o del 57 o del 17.

 Pensando en eso, saludamos con todo afecto y emoción al gran pueblo de México.

 Que viva México.

PALACIO LEGISLATIVO DE SAN LAZARO, 15 septiembre 2010.-

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+ Insatisfechos exigimos hoy, como ayer,  un mejor gobierno

+ Saldremos  adelante, sin caudillismo ni autoritarismo

+ Cuando se denuesta al Congreso, se ofende a la Sociedad toda

+ No confundir fracaso de un gobierno, con fracaso del Pueblo

+ Conquistamos libertad, ahora falta  igualdad y justicia social

+ En el PRI, acuerdos, no desconfianza; civilidad, no cizaña

+ Ya una vez  construimos el Estado, lo volveremos  a hacer

+ Estemos a la altura de los Legisladores del 24, 57 y del  17

(Pronunciamiento en Sesión Solemne de Congreso General.- H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro):

El Partido Revolucionario Institucional, saluda respetuosamente a la Patria entera en esta celebración Bicentenaria.

Doscientos años de Independencia y cien años de nuestra Revolución social, son razones de peso en la conciencia y el espíritu de esta nación generosa que arriba al siglo  XXI.

La eterna búsqueda de la igualdad;  la demanda nunca acabada por hacer valer la justicia social para los más pobres y la justicia a secas para todos, están en el espíritu insatisfecho que hoy exige, como ayer, un mejor gobierno.

Los muros del Congreso registran los nombres de algunos de los más destacados héroes nacionales, de aquellos que con razón y vehemencia, incrustaron en la historia decisiones trascendentales que aún están vigentes.

Honramos a esos héroes hoy;  honramos también a tantos héroes anónimos que han servido y sirven a la patria, porque la historia de México es la del pueblo entero. La lección que ya debió ser aprendida, es que nuestro país saldrá adelante con trabajo colectivo, sin caudillismo ni autoritarismo.

El Poder Legislativo, es el depositario de las consignas salidas de las trincheras de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Su responsabilidad es garantizar que el nuestro sea un país de leyes, de instituciones, de congruencia y de sensatez.

En el Congreso de la Unión tiene la gente una representación real y un foro para hacer oír su voz.

Fue en el Congreso de Chilpancingo, en la Constitución de Apatzingán, y después en la Constitución de  1824,  donde las acciones de  1810  se convirtieron en leyes.

Fue en el Legislativo, otra vez, donde se decidió la estructura federal de la República, frente a las presiones de los conservadores, que combatían a Juárez para imponer un centralismo obsesivo, al amparo de una potencia extranjera.

Y fue en el Congreso, donde la revolución plasmó sus razones en la Constitución del  17,  que definió el perfil social de la nación.

El pueblo, convertido en legislador, ha cristalizado en leyes la esencia política, histórica y moral de sus luchas;  le ha dado trascendencia a los principios, valores y objetivos sociales.

Nuestras constituciones y leyes, el Derecho mexicano, son la concreción del proyecto de nación que empezamos a construir hace doscientos años.

En los años difíciles que hemos vivido, ha sido el Congreso de la Unión la caja de resonancia de las demandas populares;  ha sido la casa donde emiten las leyes los representantes legítimos del pueblo y de la República.

Los legisladores tenemos diferencias de criterio y a veces hasta de diagnóstico, pero sabemos conciliar ideas distintas e incluso opuestas, para formar los acuerdos que exige el interés de la nación.

Por ello, cuando se denuesta al Congreso se ofende a la sociedad toda, porque es en él, donde todos nos reflejamos y estamos representados;  a nadie conviene debilitar al Poder Legislativo;  pone en riesgo la soberanía popular y el pacto federal;  hacerlo es el mejor camino para convocar al autoritarismo.

Nuestra gente padece problemas muy graves como el desempleo, la migración, el trabajo informal en aumento y el abandono a los jóvenes.

También nos preocupa y ocupa la violencia criminal.   Tenemos que impedir que el crimen organizado conculque nuestras libertades y nos convierta en rehenes de un puñado de delincuentes.

No es la primera vez que enfrentamos problemas.   Para salir de ellos requerimos recuperar las lecciones de la historia, fortalecer las instituciones y recordar la tenacidad de nuestros héroes, para poder administrar el presente y ofertar el futuro.

No hay que confundir el fracaso de un gobierno o una clase dirigente con el fracaso de un pueblo.   Si algo tiene claro México es que pese a los gobernantes, a su clase dirigente y, muchas veces, pese a nosotros mismos, siempre ha sido capaz de encontrar el camino, de articular una salida, para seguir siendo un país del que siempre nos podamos sentir orgullosos.

Tenemos una gran nación.   Ahí están los ideales, están los principios, está la República Democrática, Representativa y Federal como un sistema de vida, y no como un mero ejercicio del sufragio universal.

Contamos, y ahí está, con el principio de la división de poderes para el fortalecimiento de la República entera.

Ahí está el principio de la República Federal para reconocer la mayoría de edad de los Estados.

Ahí está el sistema representativo y popular para privilegiar el trabajo de representación de los legisladores y su compromiso con la rendición de cuentas a la nación.

Las decisiones fundamentales de la República deben ser vínculo de unión, no pretexto para la obsesiva búsqueda de supremacía de alguien frente a los demás y, menos, cuando se trata de división de poderes.

El PRI está presente en esta celebración, con orgullo por lo que hemos hecho todos los mexicanos;  con serenidad porque seguimos conviviendo en armonía, a pesar de los despropósitos que nos dividen e incluso nos polarizan.

Los Poderes de la Unión debemos de servir al pueblo, sin que las diferencias partidarias se conviertan en obstáculo y lleven a la frustración a quienes debemos de servir.

Pero no puede el país adormecerse en sus fastos y sólo recordar lo que otros hicieron; o tratar de justificar en el pasado los errores del presente; debemos reconocer lo mucho que tenemos que hacer todos, hoy, para servir a México y servirle bien.

 

Los grandes postulados que explican la mexicanidad y las gestas libertarias, se sintetizan en libertad, igualdad y justicia social.

Hemos conquistado la libertad, pero aún debemos conquistar la igualdad y la justicia social.

Aquí, empeñamos la palabra del PRI en que seguiremos trabajando con denuedo y firmeza;  aquí, empeñamos nuestro compromiso con la sensatez y la prudencia.   Y nuestra convicción de que la política es debate, pero también acuerdo lícito y claro;  es acuerdo que resuelve problemas, no que los exacerba.

Los priistas nos empeñamos en construir acuerdos, no desconfianza;  en sembrar civilidad, no cizaña.

Compañeras y compañeros legisladores:

La Independencia de México fue el primer capítulo de una historia que aún no termina.

Hidalgo, Allende y Morelos, y miles y miles de mexicanos anónimos nos dieron una nación.

Juárez, los liberales de su generación  y millares de compatriotas, nos dieron la Reforma.

Zapata, Villa, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas, nos dieron el Estado de la Revolución y las instituciones que dan firmeza a la nación;  el Estado de bienestar que rescató de la pobreza a millones de familias, industrializó al país y prestigió a México en el mundo.

Celebremos el Bicentenario de la Independencia, el Sesquicentenario de la Reforma y el Centenario de la Revolución, con júbilo genuino, pero también con trabajo.

Encaremos los desafíos que hoy nos presenta la historia y dejemos a las futuras generaciones un legado de patriotismo, que esté a la altura del que nosotros recibimos de nuestros padres.

Hagámoslo con la profunda vocación democrática que los constituyentes de  1917  conceptuaron como un sistema de vida, basado en el constante mejoramiento económico, social y cultural de los mexicanos, mucho más allá que el mero ejercicio del voto.

El gran compromiso que plantea el PRI, sabiendo que somos capaces de asumirlo, es que ya una vez construimos el Estado y que somos capaces de volver a hacerlo, de encabezar, ilusionar y resolver el problema de la movilidad social.

Aquí empeñamos el compromiso con el pueblo de México, para que por la Ley, por el proceso parlamentario, podamos aportar más al país, pensando en que algún día aspiraremos a tener la altura de los legisladores del  24  o del  57  o del  17.

Pensando en eso, saludamos con todo afecto y emoción al gran pueblo de México.

¡Que viva México!

DISCURSO. 15 septiembre, 2010. En representación del Grupo Parlamentario del PRI, en Sesión solemne de Congreso de la Unión. H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro.

http://bit.ly/a2vYdz

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