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Archive for 20/09/11

+ La “guerra” como tal, no se puede ganar, nadie lo ha logrado

+ Además de violencia, pobreza, ingobernablidad y desempleo

+ Hay poderes fácticos,  marasmo económico y desesperanza

+ Líneas de acción en tres tiempos, para enfrentar el problema

VIOLENCIA

Francisco Rojas

El país vive una situación de desesperanza y angustia colectiva, que afecta la cohesión social y ha trastocado la paz y la tranquilidad de muchos sectores y regiones. Ha surgido ya un serio problema en la conciencia social: la violencia se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad y ya no nos impactan las muertes; nos conmueven a veces las formas y las cifras.

El gobierno ha priorizado la resolución de un conflicto que al principio denominó “guerra” y que, como tal, no se puede ganar: nunca, ningún gobierno lo ha logrado. Y en medio del aturdimiento monotemático de la violencia han crecido otros problemas: pobreza, desempleo, ingobernabilidad, poderes fácticos, marasmo económico, desesperanza. No podemos esperar encararlos hasta después de “ganar la guerra”.

Tenemos que aclarar los conceptos para no seguir atrapados en la confusión. Un primer deslinde es que la fuerza pública no es el único ni el mejor medio para erradicar la violencia. Tampoco es un problema solo de leyes o presupuestos, pues se han otorgado al Ejecutivo, con largueza, los recursos y la legislación que ha solicitado, y la violencia es cada día mayor.

El narcotráfico, los secuestros, extorsiones y demás figuras delictivas son problemas de seguridad pública y deben ser resueltos por las corporaciones policiacas. Si no estaban capacitadas, se explica haber recurrido a la fuerza armada permanente como medida temporal, y con un calendario de retorno a sus funciones naturales. Pero no hay indicios de que algo así esté ocurriendo.

No es el momento de reproches; repartir culpas para seguir haciendo más de lo mismo no conduce más que al encono, la polarización y a la parálisis. Es la hora de tomar decisiones consensuadas de corto, mediano y largo plazos.

LINEAS DE ACCIÓN EN TRES TIEMPOS

A largo plazo, el objetivo debe ser tornar el problema del narcotráfico en uno policiaco y de salud, con educación, empleo y prevención, con calidad, para recobrar las expectativas de los jóvenes y restituir el tejido social. Para lograrlo en 10 ó 15 años es indispensable aplicar ya políticas económicas y sociales dirigidas a esos objetivos que, además, concitarían el apoyo social y crearían el clima de concordia que anhelamos todos.

A mediano plazo, lograr el pleno fortalecimiento del Estado y las instituciones, blindar los sistemas de procuración y administración de justicia y combatir a fondo la corrupción e impunidad; promover cuerpos policiacos capacitados y bien pagados, cortar circuitos financieros del dinero ilícito y aplicar invariablemente la ley y justicia.

A corto plazo, combatir a la delincuencia con toda la fuerza del Estado, con respeto a la ley, los derechos humanos y garantías individuales, así como definir y acotar alcances y tiempos de los objetivos; dar certeza jurídica a las instituciones y servidores públicos participantes, priorizar la capacidad de inteligencia, rescatar a los núcleos sociales vulnerables a los embates del crimen organizado, y apoyar a los hijos, viudas o padres de los muertos para que no carguen con el estigma de conductas de las que no son responsables.

El consumo de drogas ha existido siempre y no se va a eliminar con la fuerza pública. Lo que pueden y deben hacer todos los Estados del mundo es prevenir y atender las adicciones como problema de salud pública, y reducir la violencia que traen consigo el narco y los delitos colaterales. La diplomacia mexicana debe promover acuerdos internacionales para la acción conjunta contra el tráfico de drogas, armas y personas, ya que son delitos supranacionales. También puede ser la oportunidad para una discusión seria sobre la legalización y control de algunas drogas, para reducir el poder económico de los grupos criminales.

Cualquier estrategia eficaz de seguridad pública debe fundarse en un proyecto nacional que resulte del consenso social y político. La Constitución de 1917 y su progresiva aplicación fueron claves para pacificar al país después de la Revolución. Ahora, la gran prioridad nacional es definir con el concurso de todas las fuerzas políticas y organizaciones sociales las metas de México en el siglo XXI, una de las cuales tendrá que ser el restablecimiento de la paz y la tranquilidad interiores, que entraña una nueva política económica y social, y el fortalecimiento del país frente al exterior.

Recobremos nuestro país; hagámoslo antes de que sea demasiado tarde.

EL UNIVERSAL, 20 septiembre, 2011.- 

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