Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 28/09/11

+ Nunca como ahora, tan amenazada la integridad nacional

+ Tenemos que prestigiar la Política al servicio de la gente

+ Seamos  Estado solidario, democrático y con justicia social

+ Con el panismo perdimos respeto y prestigio internacional

+ Ocho ejes rectores para elaborar una plataforma de gobierno

+ Urgente y necesario voltear la mirada hacia los jóvenes

Con el senador Beltrones, el profesor Moreira y el licenciado Bernal

 (Conferencia en el Encuentro Académicos y Líderes de Opinión, de la Fundación Colosio, A.C., con la asistencia del Presidente del CEN del PRI, profesor Humberto Moreira; del coordinador del PRI en el Senado, senador Manlio Fabio Beltrones y, del presidente de la Fundación Colosio, Marco Antonio Bernal):

 Muy buenos días tengan todas y todos ustedes, para mí es muy grato estar en este foro organizado por la Fundación Colosio, en donde tuve el privilegio y honor de servir por un par de años como su presidente, y para mí representa una institución extraordinariamente querida.

Felicito a mi compañero y amigo Marco Antonio Bernal, por la organización de estos foros, que nos permite en el partido tener estos diálogos que seguramente van a redundar en la instauración de un gran programa que sea el catalizador de los objetivos que persigue nuestro partido en las próximas elecciones.

Me da mucho gusto saludar al presidente de mi partido, al profesor Humberto Moreira Valdés,   a mi amigo de tantos y tantos años y de tantas batallas, el senador Manlio Fabio Beltrones, que hemos tenido muchísimos años de trabajo conjunto, a veces muy cerca, a veces menos cerca, pero siempre juntos.

A todos ustedes por estar aquí el día de hoy:

Para la salud de la República, éste es un tiempo crucial.   Nunca como ahora habían coexistido tantas amenazas a la integridad de la nación y tanta desesperanza y preocupación en la gente.

Frente a un Estado confundido y confrontado, la política nos muestra los valores que pueden volver a cohesionar a la sociedad en torno al respeto a las instituciones y la confianza en su gobierno.

Nunca como ahora se había requerido revitalizar la política, llenarla de prestigio, hacerla útil, volverla a poner al servicio de la gente.

Para eso hace falta un amplio ejercicio de autocrítica que ponga en marcha un proceso de renovación que deje incólumes los valores permanentes pero limpie la casa de las ineptitudes, corruptelas, simulaciones, disimulos y torpezas que han lastrado la política de los últimos años y han llevado al país a la situación lamentable en que se encuentra.

Tenemos que prestigiar la política y restaurar el honor del político de bien, el que pone los ojos en solventar las necesidades de la gente.

Con Moreira y Bernal

  Para ello debemos volver al modelo que construyeron los Constituyentes de  1917  y reafirmar sus líneas esenciales:  un Estado solidario, democrático, con justicia social.   Un Estado con eminentes perfiles populares, organizado por una ley superior que por su alta jerarquía, constituya vínculos de unión, plataforma de lucha y convocatoria a la unidad.

La educación pública, la salud de la población y la seguridad pública fueron los pilares del modelo que construyó una sociedad que no optó por el capitalismo ortodoxo, sino por la cohesión social y la búsqueda del bien para todos.

La Constitución ha sido por muchos años el código superior que no sólo otorgaba y otorga las garantías individuales tradicionales, sino las garantías sociales:  el derecho a la tierra, a la educación y al trabajo.

También teníamos claramente definido un modelo de gobierno de orientación popular y con vocación democrática, que garantizó la renovación pacífica y periódica del poder con armonía social durante  70  años.

RECUPEREMOS LA VIGENCIA DE LA CONSTIUCIÓN

¿Qué debemos rescatar de todo aquello?   ¿Cómo recuperaremos la vigencia real y plena de la Constitución?   ¿Cómo volveremos a convertir al Estado en un ente público con perfiles sociales, capaz de garantizar el cumplimiento de la Ley en todo el territorio nacional?

Tenemos que restaurar la soberanía de la nación y recuperar el prestigio de México en el mundo.

Tenemos que volver a nuestras raíces, a lo que somos, multiplicar nuestros logros y superar nuestros problemas;  aportar una vez más a la cultura universal a partir de nuestra herencia indígena y los valores del mestizaje que sintetiza el tiempo y el ser de México.

Tenemos que volver a prestigiar lo mexicano.

Los perfiles que nos dieron un lugar en la universalidad de la que poco a poco hemos ido quedando al margen.

México construyó una identidad y un proyecto nacional, que fue alternativa y paradigma frente a la polarización entre el capitalismo y el socialismo.

México fue refugio para los perseguidos, promotor de la paz, la solidaridad y la cooperación, y eso hizo posibles el respeto y prestigio internacionales que se perdieron en los años del panismo.

DESDE EL PODER  YA NO SE PIENSA EN EL MODELO PROPIO

Construimos y propusimos un modelo propio que se resumía en el proyecto de una Constitución que dispone la rectoría del Estado en los procesos del desarrollo y postula la justicia social sobre la base de la propiedad originaria de la nación sobre los recursos naturales.

Desde el poder ya no se piensa en eso;  ya no se reflexiona en los valores de la justicia agraria y la propiedad nacional de las tierras, las aguas y los energéticos.

Ya no se piensa en que aquí construimos un sistema de seguridad social que abarcó el acceso de los mexicanos a la vivienda, a la salud, a la educación, a la cultura y el esparcimiento.

No debemos olvidar que las grandes instituciones de la República, como la Universidad Nacional, el Instituto Politécnico, la escuela rural o el combate eficaz y masivo al analfabetismo, impulsaron la movilidad social y nos mostraron ante el mundo como un país con un desarrollo sostenido que tenía como objetivo supremo la justicia social.

Todos estos procesos han ido languideciendo porque no hemos sabido contrarrestar la embestida de la publicidad impulsora de un modelo económico depredador, que está empujando al mundo entero a la ruina.

Ya no hay excusa que explique el fracaso del modelo fundado en la ambición monopólica del capitalismo especulativo que combatió al Estado de Bienestar.

Ayer nos dijeron que había que seguir el ejemplo de países supuestamente audaces que habían alcanzado los objetivos del capitalismo y la supremacía absoluta de los mercados.

Se nos llegó a decir incluso que la Historia había llegado a su fin, que el hombre ya sólo tenía que producir y disfrutar.

Ya no podrán decirlo nunca más, porque en condiciones idóneas, sin rivales, sin regulación, la crisis ha renacido y amenaza con sembrar la desigualdad y la pobreza en todas las latitudes.

Nosotros no hemos padecido tanto como otros países que lo privatizaron todo y creyeron en la fortaleza infalible del mercado.   Aquí, en México, nos mantiene a flote entre otros, la propiedad nacional de los energéticos, que dan garantía y seguridad al desempeño económico en cualquier parte de la Tierra.

Tenemos una sólida estructura de partidos políticos que, con sus diferencias y errores, han tenido una interlocución permanente con sus militancias;  pero al gobierno le ha faltado audacia, imaginación, y sentido y sentimientos políticos reales, para dialogar con los partidos a fin de enfrentar, entre todos, los problemas no resueltos de la desigualdad y la injusticia social.

Hemos entendido la lección que viven los pueblos que limitaron su crecimiento o se abandonaron a la lógica exclusiva y estricta de los países poderosos.   Estamos dependiendo demasiado de las recetas económicas que ahora se muestran fallidas y no hemos sabido defender el Estado de Bienestar que se había desarrollado en nuestro país.

Por eso, más allá de las medidas concretas, de las decisiones coyunturales o de los programas asistencialistas, es necesario transformar la manera de practicar la política devolviéndole a ésta un sentido de Estado.

La nueva política debe tener como eje rector el combate a la impunidad, a la corrupción, a la opacidad y a la falta de rendición de cuentas, así como la erradicación de las maniobras indebidas en el ejercicio de las acciones públicas.

Tenemos que volver a generar confianza en las instituciones.   Con honradez, con lealtad a la gente y con eficacia en el ejercicio del gobierno, no habrá necesidad de manipulaciones publicitarias que pretenden suplantar las acciones y resultados de la gestión de gobierno.

Tenemos que construir un andamiaje jurídico que privilegie la confianza y no se limite a acumular candados y diques entre unos y otros, como lo ha hecho este gobierno, que no fue capaz siquiera de construir un simple monumento para conmemorar el Bicentenario, empantanado en un resumidero de maniobras, corruptelas, abusos e insolencia, que constituyen el ejemplo de lo que no debe volver a repetirse en la vida pública.

Es necesario volver a prestigiar a la autoridad y recuperar los alicientes para que la gente vuelva a creer en sus instituciones y vuelva a respetarlas.

Acciones de este tipo son las que van a sustentar la reconstrucción del poder, la moralidad en el servicio público y la eficacia.

INDISPENSABLE VOLTEAR LA MIRADA A LOS JÓVENES

Otra vertiente indispensable es poner la mirada en los jóvenes.

Estamos metiendo a los jóvenes en una realidad convulsa, dividida, desigual, violenta, pobre y despiadada.

Hay que aprender de la historia.   Muchos jóvenes mexicanos son carne de cañón de la delincuencia porque no tienen opción;  crecieron en la calle, en medio del abuso, el alcoholismo, la drogadicción, la violencia intrafamiliar: en esto consiste el desgarramiento del tejido social.

Es inaceptable que el poder no muestre interés en que los jóvenes tengan empleo o escuela y que sólo se piense en ellos como consumidores de espectáculos y partícipes en desfiles deportivos.

Hay que hacer que los jóvenes vuelvan a sentirse orgullosos de ser mexicanos, leales a su país, comprometidos con la búsqueda de mejores alternativas para el futuro.

Hay que pensar en ellos, no como seres obsesionados por la diversión, como personas sin madurez a las que se puede manipular para excluirlos del desarrollo nacional.

Hay que multiplicar las escuelas y elevar la calidad de la enseñanza para que los jóvenes adquieran los conocimientos, habilidades y destrezas que exigen las ocupaciones actuales y tengan acceso a la creación artística y musical y a la práctica del deporte.   Hay que cultivar otra vez la cultura del esfuerzo como recurso lícito para el mejoramiento personal.

Es hora de mostrarles el México posible que será reconstruido con su esfuerzo y darles oportunidades reales en vez de dádivas y salarios exiguos, que se han convertido en la razón de ser de la política social en nuestro país.

Por otra parte, las nuevas avenidas del entendimiento con la sociedad deben estar fundadas en la sinceridad y en la decisión inquebrantable de decirle la verdad a los mexicanos.

Si queremos que la gente vuelva a confiar, tenemos que decir con claridad lo que se puede hacer y lo que no se puede lograr.

A nadie conviene crear paraísos artificiales de consumo y mucho menos practicar supuestas hazañas que luego se muestran alejadas de la realidad.

Es muy difícil cambiar radicalmente las cosas de la noche a la mañana, pero es necesario empezar a reconstruir la confianza perdida, mostrar una voluntad sincera y definir el rumbo con orientaciones que los ciudadanos puedan ver con claridad.

Se deben invertir los fondos públicos en la corrección de las causas de los problemas y no sólo de los efectos;  con espíritu de inclusión, tenemos que discutir entre todos los problemas que son de todos, y ser absolutamente honrados en el cumplimiento de la ley.

Amigos y amigas:

El infortunio nacional es resultado de la improvisación y la indebida conducción de los asuntos públicos en lo que va del siglo  XXI.

A su llegada al gobierno, el panismo recibió un bono democrático que ha dilapidado, un bono demográfico que ha convertido en desesperanza para toda una generación y un bono económico de crecimiento sostenido, finanzas sanas, tipo de cambio estable y recursos en abundancia.

El clima social de nuestro país se ha enrarecido, no sólo por la barbarie criminal que a diario reportan los medios, sino por la desigualdad, el aumento de la pobreza y del desempleo y por el estancamiento de la economía, que ya está resintiendo los efectos de la nueva contracción internacional, debido a  nuestra marcada dependencia respecto a Estados Unidos.

El enfoque monotemático de la violencia se mantiene inconmovible a pesar de que el número de muertes crece cada vez más;  los problemas de la Nación se banalizan con el ruido mediático inducido, que hace al poder insensible y sordo ante los reclamos de la sociedad.

El grave deterioro del país en todos los órdenes está formando la tormenta perfecta.

México exige soluciones inmediatas a problemas que han estallado o están a punto de estallar.   Con la misma urgencia es necesario definir por consenso y aplicar políticas de largo plazo, para emprender el camino desde el primer momento.

Las respuestas que la sociedad requiere deben atender las emergencias y, al mismo tiempo, construir políticas públicas de largo plazo, que trasciendan los límites de un gobierno, para que se definan y empiecen a aplicar de inmediato.

OCHO EJES RECTORES PARA LA PLATAFORMA

Dentro de la Plataforma de nuestro partido habrá que trabajar, a mi juicio, en torno a ocho ejes rectores:

  1. Aumentar el crecimiento de la economía como base para el estímulo a la inversión de los mexicanos y a la creación de los empleos en el sector formal, que demanda con urgencia el país.
  2. Reducir la aguda desigualdad que puede dividir a la Nación y combatir a fondo los mecanismos generadores de la pobreza y no sólo sus manifestaciones externas.
  3. Erradicar la impunidad y la corrupción,  hacer realidad la transparencia y la rendición de cuentas, así como blindar los sistemas de procuración y administración de justicia, para recuperar la confianza y la tranquilidad social.
  4. Continuar el combate al crimen organizado,  focalizando el uso de la fuerza pública en la eliminación de las modalidades del delito que más lastiman a la sociedad, para liberar las áreas y actividades que han sido sustraídas al Estado de Derecho por los grupos delincuenciales.
  5. Recuperar el ritmo de crecimiento de las grandes obras de infraestructura para ampliar la intercomunicación y fortalecer la producción nacional, el comercio exterior y el turismo, con el concurso armónico de los sectores público, privado y social.
  6. Alcanzar la seguridad alimentaria, cuya urgencia se advierte en la tendencia al encarecimiento irreversible de los granos y otros alimentos en los mercados internacionales
  7. Garantizar la seguridad energética, cerrar las fisuras privatizadoras de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad, reafirmar la propiedad originaria de la Nación sobre los recursos del subsuelo y, al mismo tiempo, intensificar la investigación sobre fuentes alternas y limpias de energía.   Y,
  8. Asegurar la conservación integral del agua, que será objeto de la discordia internacional en poco tiempo, así como la preservación del medio ambiente, que es corresponsabilidad de todos los gobiernos, pero responsabilidad irrenunciable de cada uno de nosotros.

Amigas y Amigos:

No tenemos que ir a buscar soluciones a otra parte.   La Constitución de  1917  y su progresiva aplicación fueron claves para pacificar al país después de la Revolución y definen claramente los principios orientadores de las acciones del Estado en las complicadas circunstancias del país de nuestro tiempo.

Debemos tener muy claro el rumbo.   La gran prioridad nacional es definir, con el consenso y concurso de todas las fuerzas políticas y organizaciones sociales, las soluciones apremiantes y las metas de México en el siglo  XXI,  y avanzar con firmeza para alcanzarlas.

El futuro presidente de la República, que estamos seguros  saldrá de las filas del PRI, tendrá que retomar el rumbo de la justicia social como expresión de la democracia y darle un nuevo liderazgo a los mexicanos.

Deberá ser el verdadero guía que convoque a todas las fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad civil, a la suscripción de un gran acuerdo para revertir el deterioro del país y devolver la esperanza a la sociedad.

Su tarea no será fácil porque la conjunción de problemas y desaciertos que ha exacerbado el panismo, requiere tomar y  tener claros los lineamientos estratégicos y leer correctamente las grandes prioridades de la sociedad.

No se trata de negociar por negociar;  no se trata de lograr acuerdos a cualquier costo;  lo que el país exige es la formación de consensos con fines prácticos para articular respuestas eficaces y completas a los serios, muy serios desafíos nacionales.

Ninguno de los problemas tendrá una solución duradera si no se recupera la fortaleza de las instituciones nacionales, como lo ha propugnado nuestro partido desde su origen.

Los priistas entendemos que la sociedad nos está dando una oportunidad más que debemos aceptar de manera responsable, no para incurrir en egoísmos personales ni divisiones, sino para sumar talentos y esfuerzos y estar al lado del pueblo en sus luchas y demandas.

Ya hemos visto que cuando los enconos políticos polarizan a la sociedad, se entorpecen los acuerdos necesarios para salir adelante.

Por ello, necesitamos renovar las formas de hacer política para que las diferencias propias de la pluralidad potencien lo mucho en que coincidimos y permitan que cada quién cumpla con su responsabilidad sin odios ni discordias.

Nuestro país  es un país muy grande, privilegiado y con una ubicación estratégica única en el mundo, con grandes potencialidades y con activos económicos, políticos y sociales suficientes para volver pronto al sitio que nunca debimos de haber perdido.

Vamos a convocar juntos todos los priistas  a México a fortalecer al Estado nacional y a la república de todos, con democracia y justicia social.

Muchas gracias.

CONFERENCIA, 28 septiembre, 2011.-

Read Full Post »