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Archive for 18/10/11

+ Las políticas públicas para la juventud, inconexas

+ Ante la protesta, en la cúpula impera la indiferencia

+ Se extiende la protesta  por falta de oportunidades

+ El rescate de los jóvenes está en la Educación gratuita

EDUCACIÓN PARA JÓVENES

Francisco Rojas

El más reciente brote de insurrección juvenil ha ocurrido en diversas ciudades de Estados Unidos y otros países en repudio a la desigualdad y las condiciones de vida cada vez peores de amplios sectores de la población.

Antes, los jóvenes en varios países de África del Norte derrocaron a feroces y añejas dictaduras, los de España se posesionaron durante algunos días de la Plaza del Sol en protesta por el desempleo y la caída de los niveles de vida y los de Chile reclaman educación superior gratuita. En México, los jóvenes todavía no encuentran elementos unificadores para manifestar su descontento contra el estado actual de las cosas, que los hace víctimas del sistema, según lo manifiestan los más organizados.

 En la cúpula del poder político impera la indiferencia, no sólo ante lo que podría irse configurando como una nueva rebelión juvenil como en 1968, ahora con las herramientas de las telecomunicaciones al alcance de todos, sino también frente a hechos que no podemos soslayar.

 La cuarta parte de la población del país está formada por jóvenes y, sin embargo, las políticas públicas para ellos son insuficientes e inconexas y la sociedad adulta misma tiende a marginarlos por su aspecto, su lenguaje, su aparente desenfado, que no es más que la cobertura de la frustración por la falta de oportunidades.

 Los jóvenes se rebelan contra la adversidad circundante. Algunos caen en la trampa de las drogas que los conduce a la autodestrucción. El hecho de que el 63% de los que empezaron a consumir drogas ilegales antes de los 17 años lo hayan hecho con inhalantes, muestra la alta correlación entre la drogadicción y la pobreza juveniles.

 Pero los jóvenes de clases media y alta no están a salvo: 14 de cada 100 de 12 a 17 años consumen alcohol. Probablemente como reflejo de la guerra entre organizaciones delictivas y la del gobierno contra ellas, el índice de mortalidad de los jóvenes alcanza 6.4%, cifra elevada si se considera que en edades tempranas se goza de mayor salud y vigor.

 Sin espacio en la educación media superior y superior y sin posibilidades de empleo en la economía formal, los jóvenes que tratan de labrarse un futuro con su trabajo, emigran hacia ciudades grandes en su Estado natal, hacia otras entidades federativas o hacia Estados Unidos. Por eso del total de emigrantes internacionales, el 57% tienen entre 15 y 29 años de edad. El rescate de los jóvenes pasa por la educación, que no solo les da acceso a la cultura sino que los habilita para el trabajo y les da oportunidades de ascenso en la pirámide económica y social.

 La Revolución mexicana asumió la educación como una función básica, primero, porque el conocimiento es decisivo para el bienestar, segundo, porque la escuela, vinculada a la empresa, aporta recursos humanos calificados y tercero, porque con profesionistas y trabajadores capacitados, y con innovaciones tecnológicas, aumenta la productividad y la capacidad competitiva de la economía nacional.

 Por eso el Constituyente de 1917 resolvió que el Artículo 3º de la Carta Magna incluyera la educación primaria gratuita y obligatoria para todos los mexicanos; los gobiernos emprendieron amplias campañas de alfabetización. En 1993, el Congreso Constituyente Permanente acordó la obligatoriedad y gratuidad del ciclo secundario y 18 años más tarde, el 13 de octubre de 2011, la LXI Legislatura, a iniciativa del Grupo Parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados, aprobó una reforma constitucional y la envió a los congresos locales para su ratificación, que da a los jóvenes el derecho a la Educación Media Superior gratuita y obligatoria para el Estado, que se aplicará gradualmente durante los próximos 11 años debido principalmente a limitaciones presupuestales.

 Esta reforma obliga al Estado a abrir oportunidades a todos los jóvenes para que puedan estudiar carreras técnicas cortas, como ya se hace en los Conaleps y otras instituciones o bien, prepararse para ir la enseñanza superior en carreras acordes a las realidades científicas y tecnológicas del siglo XXI.

 Las políticas públicas y ausencia de programas amplios para atender jóvenes, nos convierten en una sociedad que no sólo está desaprovechando el bono demográfico que pronto empezará a diluirse, sino que está sacrificando a toda una generación. Esto es inaceptable y el próximo gobierno debe revertirlo.

 EL UNIVERSAL, 18 octubre, 2011.-

 

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