Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 7/02/12

+ Pobreza y desempleo, saldos de la política económica fallida

+ Además de la violencia, aumenta la corrupción y la impunidad

+ Se usan recursos públicos para comprar votos y voluntades 

+ Poder autoritario intenta judicializar  los procesos electorales

 

ESTADO Y JUSTICIA

Francisco Rojas

Ante las difíciles perspectivas de 2012 en materia económica, social, climática y de violencia, y los nubarrones en el ámbito político, el PRIen la Cámara de Diputados impulsará nuevas leyes y reformas a las ya existentes, articuladas por tres ejes: restaurar el Estado de derecho, propiciar un Estado fuerte y eficaz, y combatir la corrupción e impunidad.

El Estado de Derecho en México está erosionado por el aumento de la pobreza, la desigualdad y el desempleo, que son los saldos vergonzosos de una política económica fallida, que sacrifica el crecimiento en aras de una estabilidad macroeconómica a ultranza. Está debilitado por el deterioro de la cultura de leyes debido, entre otras causas, al clima de violencia que en el país y al aumento de la corrupción y la impunidad.

Se ha socavado el Estado de Derecho porque se confunde al gobierno con partido político y se usan recursos públicos para comprar voluntades y votos. Más aun, cuando se usan las instituciones de justicia para cerrar el paso a un partido distinto o para difamar a personajes cuyas ideas no coinciden con las del partido en el poder.

Se requiere restaurar el Estado de Derecho, y el primer requisito es garantizar las libertades y la consolidación de la democracia. Debemos robustecerlo para recuperar la viabilidad económica y social del país en un clima de paz y tranquilidad, y para construir una sólida cultura de respeto a las leyes y normas, que garantice el imperio de la ley por sobre ambiciones electoreras.

Un paso indispensable hacia la reconducción nacional es el combate eficaz a la corrupción y a la impunidad, que corroen las instituciones y alejan al ciudadano del empeño por labrar su bienestar personal y familiar a través del trabajo honesto. Nada de lo que se haga para alcanzar una sociedad más justa tendrá resultados mientras las conductas delictuosas reciban más incentivos que la capacitación, mérito y esfuerzo personal.

Pero también necesitamos un Estado fuerte, cuya vitalidad no se exprese sólo a través del monopolio de la violencia legítima ni menos en el despilfarro de recursos para mantener la pesada obesidad burocrática. La fuerza del Estado radica en su eficacia para garantizar respeto al orden jurídico, que empieza por los gobernantes.

El Estado es fuerte cuando es eficaz en la ejecución de los planes, programas y acciones concretas en beneficio de la colectividad y muy señaladamente de sus estratos más vulnerables, lo que entraña, entre otras obligaciones, la de impedir que los poderes informales tengan una injerencia indebida en la toma de decisiones que corresponden a las instituciones públicas.

Es fuerte el Estado cuando es eficaz para reducir la desigualdad ancestral que mantiene en la marginación a la mayoría de indígenas, a los campesinos pobres o los estratos marginados que sobreviven en la periferia de ciudades, donde la pobreza degrada la vida y fractura la familia.

Es fuerte el Estado cuando tiene vocación y capacidad para hacer valer la ley sin distingos, lo que significa erradicar excesos y privilegios que ofenden a la sociedad porque suponen el abuso del poder que debe servir a todos por igual. Combatir a fondo estos vicios exige llevar la procuración e impartición de justicia al grado de excelencia, para asegurar que no haya delitos sin sanción ni exista el riesgo de castigar a inocentes.

Pero no puede haber justicia cuando las instituciones que deben procurarla se apartan de la legalidad para convertirse en arietes de un poder autoritario que intenta judicializar los procesos electorales, en los que el gobierno no es parte, sino que debe ser garante de la manifestación libre de la voluntad de todos los ciudadanos.

No hay que confundirse ni confundir. Los adversarios no son enemigos porque las elecciones no son guerras, sino ejercicios democráticos que buscan mejores opciones para el país. Los diputados priístas dialogaremos con todas las fuerzas políticas porque la democracia debe ser incluyente; nos esforzaremos por construir acuerdos para cerrar ciclos legislativos en el último período de sesiones de la LXI Legislatura, aun en medio esta polarización y atentados a las instituciones, que abonan peligrosamente a la ingobernabilidad.

 EL UNIVERSAL, 7 febrero, 2012.- 

Read Full Post »