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Archive for 6/03/12

+ Hay impulsos autoritarios en las altas esferas del poder

+ A veces inventan enemigos para imponer sus políticas

+ Desechemos el encono, el odio y, restablezcamos la paz

CIVILIDAD

Francisco Rojas

En 2012, México vivirá uno de los momentos más delicados de su historia reciente, no sólo por el desmesurado aumento de problemas y agudización de otros, como la violencia criminal, sino por la impericia, corrupción, impunidad e impulsos autoritarios en altas esferas del poder.

 Tenemos retos inmensos en materias tan sensibles como educación, salud, rescate de los más pobres e inserción de los desempleados, subempleados, informales y otros al empleo digno y bien remunerado en la economía formal. Lejos de amainar, la corrupción es cada año más escandalosa, como ha documentado la Auditoría Superior de la Federación.

 La solución no está al alcance de las familias que padecen los problemas; corresponde a gobernantes y legisladores formular y aplicar políticas públicas que atiendan la raíz de las grandes necesidades. Los políticos no podemos eludir esa responsabilidad ni ocuparnos del corto plazo a expensas de soluciones de fondo. Tampoco podemos vivir en el conflicto, convertir diálogo en intercambio de diatribas o ser esclavos de prejuicios y obsesiones que siembran resentimiento cuando el país reclama civilidad y suma de talentos.

  La historia demuestra que el descrédito, persecución o encarcelamiento de los opositores con la justicia como pretexto, son recursos de los Estados autoritarios para conservar el poder en contra o al margen de la voluntad ciudadana. Una forma de autoritarismo es la intromisión de los gobiernos en las elecciones con la conversión de funcionarios en activistas electorales de facto y el uso de recursos públicos para comprar voluntades. Estos actos son ilegales y violan el derecho de los ciudadanos a elegir libremente gobernantes y legisladores, porque entrañan manipulación de la información y la opinión ciudadana.

 El autoritarismo necesita y prohíja la aceptación social. Para ello crea la percepción de riesgo y caos que induce a parte de la población a clamar por un gobierno de “mano dura” capaz de imponer orden. A la vez, inventa un “enemigo” carente de voluntad y determinación para imponer la disciplina social, que justifique la continuidad de sus políticas.

 En México eso podría explicar que se haya planteado el combate al crimen como “guerra” y que se movilicen los mecanismos formales e informales de propaganda para crear la impresión de que el PRI es el “enemigo”. Con igual intención se recurre a presiones sobre las autoridades electorales, encuestas que falsean la realidad, uso indebido de recursos, persecuciones mediáticas, etcétera.

 Por eso considero saludable el reconocimiento del Presidente, en su discurso del 24 de febrero, de su compromiso de demostrar en los hechos la convicción democrática que manifiesta en las palabras. El PRI confía en que el discurso será honrado y atendido por todos los servidores públicos de su gobierno; también espera que no se incurra más en el uso de recursos públicos con fines electorales ni en otras prácticas que no sólo contradicen el credo democrático, sino que a menudo se colocan en la ilegalidad y eso, en un país que necesita el fortalecimiento del Estado de derecho, es por todos conceptos reprobable.

 México necesita el pronto restablecimiento del tejido social, no sólo por elemental justicia, sino por bien del país. No es justo ni ético continuar debilitando a las instituciones ni erosionando la credibilidad de los actores políticos. Desechemos el encono y el odio fratricida y restablezcamos la paz y la tranquilidad, que son el clamor genuino de la sociedad.

 Es cierto que la gente se ocupa más de sus problemas cotidianos que de los asuntos públicos, pero cada ciudadano sabe que a través del voto puede remover a un grupo político cuando sus resultados son tan desastrosos.

 Como sea, es plausible que, al comprometerse a propiciar la legalidad, libertad, seguridad y serenidad electoral y respetar los resultados, el presidente Calderón haya corregido sus dichos. Los priístas le tomamos la palabra y esperamos que sus promesas no sean traicionadas por hechos futuros.

EL UIVERSAL, 6 marzo, 2012.-

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