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Archive for 1/05/12

+ LVI Legislatura: una nueva cultura política basada en el respeto

+ La mayoría tiene preminencia, pero sin avasallar a las minorías

+ En la Cámara hemos corregido desviaciones y moderado excesos

EXPERIENCIA DEMOCRATICA

 Francisco Rojas

Concluyó el último periodo ordinario de sesiones de la LXI Legislatura. En cerca de tres años, la Cámara de Diputados aprobó importantes reformas constitucionales y legales e hizo nuevas leyes para cimentar el marco institucional del país, como lo han reconocido todas las fracciones parlamentarias.

En la Cámara está representado el extenso mosaico de ideologías, regiones, etnias, culturas e intereses legítimos de nuestro país. Allí se inauguró la moderna pluralidad política en 1997, y en este tiempo hemos aprendido a negociar y a construir acuerdos.

Los legisladores, los profesionales de la política y la sociedad entera hemos aprendido que la democracia es diversidad y que la discusión tiene sentido porque conduce a los acuerdos que hacen posible el funcionamiento del Estado. Contra lo que quiere el lugar común, los diputados de la LXI Legislatura hemos procesado centenares de iniciativas, puntos de acuerdo e informes de la más diversa naturaleza. Hemos construido una nueva cultura democrática, fundada en la tolerancia y el respeto entre mujeres y hombres que piensan distinto, pero que buscan coincidencias para el consenso. Hemos aprendido que la mayoría tiene preeminencia, pero sin avasallar a las minorías. Y que las mayorías no son monolíticas; están constituidas por haces de intereses legítimos pero diversos, a veces en el matiz o en la sustancia.

Las minorías son doblemente respetables; primero, porque representan a grupos de la sociedad con plenitud de derechos y, segundo, porque aportan ideas, experiencias y propuestas para resolver problemas del país.

En el Estado moderno, el Legislativo no sólo tiene la responsabilidad de hacer, reformar o abrogar leyes, sino también la de ser factor fundamental del equilibrio de poderes. Y desde la pluralidad y la crítica, las diputadas y diputados de la LXI Legislatura hemos corregido desviaciones y moderado excesos que, sin control ni medida, podrían conducirnos a alguna modalidad de despotismo. Pero quizá el mayor aprendizaje sea que México necesita consolidar y fortalecer su orden institucional. Por eso, mi partido, el PRI, no transige en la defensa de las instituciones de la República.

México necesita un Poder Legislativo fuerte, democrático y prestigiado por sus resultados, que perfeccione su capacidad para legislar, robustezca su función en el equilibrio de Poderes y siga siendo el espacio natural para que la nación dirima sus diferencias. No existe una sociedad democrática donde el Legislativo es débil, rechaza la autocrítica o es víctima de sus inercias burocráticas. La opción, como lo muestra la historia, es la dictadura.

La Cámara de Diputados tiene la atribución exclusiva de analizar, discutir y dictaminar el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, vale decir, el destino de los recursos públicos. La Constitución la faculta para analizar la Cuenta Pública, que es un documento esencial de la rendición de cuentas. El buen uso de los recursos, sin embargo, no se limita a fiscalizar su destino final, trasciende al cumplimiento de los programas comprometidos por el Ejecutivo.

La siguiente legislatura deberá construir el entramado constitucional y legislativo necesario para enfrentar los serios problemas del México contemporáneo: la recuperación de una política económica que impulse la inversión, la producción, el empleo y el mercado interno; la corrección de las distorsiones en la distribución del ingreso, que han alcanzado niveles aberrantes, y el restablecimiento de la paz interior fundada en el respeto a la ley, el combate a la delincuencia y la corrección de los factores que la propician: la pobreza, la desesperanza y la carencia de oportunidades.

EL UNIVERSAL, 1 mayo, 2012.-

 

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