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Archive for 30 junio 2012

+ Críticos e informados daremos nuevo rumbo al país

+ La construcción de nuestra democracia representativa

+ En esta elección no habrá vencedores ni vencidos

+ Acatemos resultados sin pretextos ni mezquindades

+ Necesaria unidad nacional para reformas estructurales

ELECCIONES

Francisco Rojas

Los próximos comicios refrendarán la democracia en la medida que sean concurridos, transcurran en paz y todos acatemos sus resultados sin pretextos ni mezquindades. Nos ha costado más de cuatro decenios construir la democracia representativa que tenemos: logramos plena libertad de expresión, los medios son numerosos, libres y críticos; el sistema de pesos y contrapesos y el federalismo real son antídotos del autoritarismo; el Banco de México, el IFAI, la SCJN, el IFE y otras instituciones actúan con plena autonomía y el ciudadano sabe que su voto es decisivo y respetado.

Mañana es el turno de los ciudadanos que, informados y críticos, daremos un nuevo rumbo al país. La voluntad mayoritaria merece respeto de los actores políticos y garantía de las autoridades. Cualquiera que sea el equilibrio de fuerzas que surja de las elecciones, no habrá vencedores ni vencidos. Nadie quedará al margen, necesitamos estar unidos en lo esencial para superar los problemas del país y salir adelante en un entorno internacional amenazante.

Necesitamos unidad nacional para emprender reformas cruciales como la hacendaria o la energética, darle plena autonomía a órganos reguladores y otras. Aun en caso de que los ciudadanos otorguen mayoría en las Cámaras al partido ganador, habrá que negociar, sobre todo en las reformas constitucionales. Por ello, se debe entender a la política como conciliación entre quienes piensan diferente pero necesitan construir acuerdos para convivir en pluralidad.

La unidad nacional debe ser un pacto social en torno a las prioridades en las que todos estemos de acuerdo: restauración de la paz, combate a la corrupción y la impunidad, crecimiento económico, generación de empleos, respeto y protección a libertades y derechos humanos, protección del medio ambiente, política internacional digna, entre otros. Debemos poner al interés nacional por encima de los intereses de personas o grupos. Nadie sobra, todos somos necesarios en la convivencia civilizada.

Las elecciones serán una fiesta cívica; no permitamos que reviva la zozobra con el fantasma del 2006.

EL UNIVERSAL, 30 junio, 2012.-

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+ Nuestra democracia: respuesta civilizada a protestas sociales

+ Los ciudadanos eligiremos libremente a quién nos gobernará

+ Nuestros vecinos organizarán y vigilarán las elecciones

A VOTAR

Francisco Rojas

Aunque para algunos candidatos y partidos el primer objetivo es ganar las elecciones del próximo domingo, para el país lo importante es refrendar la democracia, y este refrendo será más contundente en la medida en que más personas acudan a votar, que no haya incidentes graves y que ganadores y perdedores respeten la voluntad de la mayoría.

La construcción de la democracia mexicana ha sido una respuesta civilizada a una sucesión de conflictos y demandas sociales, entre ellas, las provenientes de los movimientos estudiantiles, obreros y campesinos y de las fuerzas políticas desde la segunda mitad del siglo XX. Ante ello, el PRI impulsó un proceso gradual pero profundo de reforma política que, en 1977, posibilitó la apertura de cauces institucionales a grupos y partidos que actuaban en el clandestinaje o ni siquiera se habían organizado, e inauguró la pluralidad con el sistema mixto que comprende distritos uninominales y circunscripciones plurinominales. El registro de siete candidatos presidenciales en 1982 fue un claro reflejo de la diversidad política de la sociedad.

Los partidos se fortalecieron, la oposición ganó espacios y fuerza política en la Cámara de Diputados y demandó reformas adicionales. Las instituciones fueron receptivas a esos reclamos y aceleraron la reforma política. En 1989, el PAN gana su primera gubernatura y en 1990 se crea el Instituto Federal Electoral (IFE) para organizar las elecciones.

La reforma de 1996 fue precedida por la violencia política de 1994 (insurrección en Chiapas, asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu), la crisis financiera y la recesión económica. Se dio plena autonomía al IFE y se creó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Desde entonces hasta nuestros días, los ciudadanos organizan las elecciones: la movilización cívica de miles y miles de mexicanos que actúan como autoridades electorales y cuentan los votos ha sido reconocida en el mundo entero.

En 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y el PRD ganó la jefatura del Gobierno del Distrito Federal; en 2000, el candidato del PAN, Vicente Fox, ganó la Presidencia de la República y en 2006 triunfó otro panista, Felipe Calderón, con una ventaja menor a 1%. Aún están en la memoria las protestas del candidato perdedor y los problemas políticos que les siguieron.

Este domingo, los ciudadanos decidiremos quién nos gobernará. Esa noche, el presidente del IFE informará el resultado del conteo rápido, cualquiera que éste sea. Después que se hayan contado los votos y se desahoguen las impugnaciones, el Tribunal Electoral anunciará el resultado final e inapelable.

La democracia exige aceptar la voluntad de la mayoría, por pequeña que sea la diferencia de votos; por ello, la semana pasada se firmó un acuerdo en la Comisión Permanente del Congreso confiando en que todos los partidos acepten los resultados electorales.

Más de un millón de vecinos nuestros organizarán y vigilarán las elecciones y existen múltiples pruebas de que es imposible un fraude concertado. Por eso no hay lugar a las acusaciones prematuras de un supuesto fraude. Los ciudadanos que valoramos la democracia debemos defender las instituciones y el voto. Llevamos más de 35 años perfeccionando la democracia representativa y no la vamos a echar por la borda.

El domingo por la noche habrán concluido las elecciones y todos deberemos ver hacia adelante. Los problemas internos y externos son muchos y de gran calado, y los mexicanos no nos debemos desgastar en conflictos innecesarios y sin sustento. El nuevo presidente lo será de todos y deberá convocar al país entero, los que lo apoyaron y los que no, a sumar esfuerzos por un objetivo supremo y común: el bien de México.

 EL UNIVERSAL, 26 junio, 2012.-

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+ ¿Acaso alguien busca invalidar las elecciones 2012?

+ Si ataca, es información; si lo critican, es guerra sucia

+  No se compromete a respetar resultados si le son adversos

+ AMLO: Estrategia igual a la de 2006, pero más virulenta

+ Ahora algunos ricos generosos le creen, o fingen creerle

+ Intolerante, irresponsable, no tiene derecho a jugar con fuego

+ Ilusoria propuesta económica,  basada en principios neoliberales

GENIO Y FIGURA

Francisco Rojas

Vivimos en un clima de encono que está empujando al proceso electoral a un terreno minado, lleno de celadas. A la violencia verbal y a la crispación en el ámbito electoral, han seguido algunas agresiones físicas a los candidatos; éste es el escenario más peligroso e irresponsable para movilizar a la gente en busca de invalidar las elecciones, y conlleva riesgos descomunales para el país.

Andrés Manuel López Obrador es transparente: si él ataca es “información al pueblo, que no sabe”, pero si lo critican entonces es guerra sucia, antesala del fraude. Es un experto en el arte de hacerse la víctima. El miércoles pasado, en una reunión con intelectuales, evadió comprometerse a aceptar un resultado adverso aduciendo que las elecciones estarían “viciadas” por grupos de poder, por la imposición del “candidato de los medios” y por la permisividad del IFE para investigar los gastos de sus adversarios; asimismo, dijo que es preferible borrar los avances democráticos de los últimos 25 años porque se requiere una renovación, “un cambio verdadero” y que habría que empezar de nuevo.

La estrategia es similar a la de 2006, sólo que ahora empezó antes de las elecciones, con mayor preparación y virulencia, y con grupos de descontentos movilizados, entre ellos muchos jóvenes. López Obrador ya descalificó al árbitro y sus representantes en el IFE impugnaron el conteo rápido para prolongar la incertidumbre sobre los resultados y hacer creíble la “denuncia” de fraude.

AMLO ya no pregona “por el bien de todos, primero los pobres”, promete el bien a “ricos y pobres”. Y algunos ricos le creen o fingen creerle, como los que asistieron a la famosa cena de los 6 millones de dólares. Esta vez no manda al diablo las instituciones para no asustar a sus generosos donantes, pero las desacredita.

Lo que menos le importa son la ley y la congruencia. Si larepública amorosa” buscaba corregir su imagen rijosa, en unos cuantos días López Obrador ha recaído. Desde sus tiempos de invasor de los campos petroleros de Tabasco, conoce el valor de repetir la misma frase, sembrar la misma imagen en una población a la que cree educada por “la caja idiota”. Mientras más desconfiables haga al IFE y el Trife, más creíble será lo que él llama el “fraude electoral”.

El intolerante candidato denunciaba a las encuestas como partes del “compló” de la mafia. Pero cuando un medio de comunicación, sólo uno, disminuyó radicalmente su diferencia con el puntero, habló de un “empate técnico” y ahora dice que va ganando. Mañana alegará que los medios de comunicación, “los de arriba”, “la mafia” y hasta el IFE le “robaron” la elección, aunque las principales figuras de su partido hayan declarado que ellos sí reconocerán los resultados.

Lo último que necesita el país es un conflicto electoral. El trasfondo nacional es sombrío: el desempleo, la desigualdad, la pobreza expansiva, la violencia más feroz que en muchos países en guerra, la violación a los derechos humanos y el uso de la justicia como ariete contra los opositores electorales, son problemas muy graves para todos, no sólo para quienes directamente los padecen. Además, México no es inmune a los acontecimientos externos: los problemas financieros de Europa y el próximo ajuste fiscal obligatorio en los Estados Unidos, nos auguran años de bajo crecimiento económico, desempleo y mayor pobreza y desigualdad.

Si se sale de control el contexto político, podemos entrar a un torbellino económico, social y de violencia, que pondría en riesgo la gobernabilidad de México. Andrés Manuel López Obrador no tiene derecho a jugar con fuego, pues la yerba está seca y es irresponsable encender la chispa.

Dice la historia que a Nerón le bastó una noche para incendiar Roma; ojalá que no sea así la noche del 1 de julio.

 EL UNIVERSAL, 12 junio, 2012.-

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