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Archive for the ‘Artículos’ Category

+ Donde pierden, rechazan; donde ganan, aceptan

+ En el proceso electoral hay derechos y deberes

+ Radicales de izquierda y la narrativa del fraude

+ intolerancia despojada de la máscara del amor

¿NUEVAMENTE?

Francisco Rojas

En la Comisión Permanente del Congreso se aprobó un punto de acuerdo para exhortar a los actores políticos a que se conduzcan en el marco de la legalidad durante el proceso electoral y acepten con civilidad los resultados, así como a repudiar actos de violencia de cualquier naturaleza. El proceso electoral no ha concluido y todos tenemos derecho a los recursos, instancias, plazos y procedimientos previstos en las normas para darle certeza y legalidad a las elecciones, pero también tenemos el deber de acatar los veredictos de las instituciones electorales.

Personajes conspicuos de la izquierda mexicana han hecho suyas estas opiniones y manifestado su conformidad con las leyes y reglas que ellos mismos contribuyeron a crear en 2007, con el ánimo de que no se repitieran los infaustos acontecimientos de 2006. Sin embargo, grupos radicales han venido construyendo la narrativa del fraude en torno a los comicios del 1 de julio. Desde antes de las elecciones hablaban de un fraude generalizado, de un candidato impuesto por los medios de comunicación, en especial por una televisora, y del uso de cuantiosos recursos para coaccionar el voto. Previamente, habían aprovechado el ímpetu de algunos grupos juveniles para armar una campaña contra el candidato de la coalición Compromiso por México.

Sibilinamente han planteado al IFE demandas imposibles de satisfacer con la legislación vigente y acusan al Tribunal Electoral de no “escuchar al pueblo” y proteger a un candidato. A los consejeros del IFE les imputan pasividad y falta de diligencia para acatar sus solicitudes y los amenazan con movilizaciones sociales, y al presidente del Tribunal Electoral lo acusan de ser “un vendido” y, por tanto, objeto de recusación.

Con todas estas maniobras se ha ido creando la litis del supuesto fraude para sembrar dudas y esparcir la percepción de que no hubo certeza ni equidad en la elección presidencial.

La izquierda se mueve en el filo de la navaja: por una parte, asegura que algunas de sus peticiones no rebasan el marco de la ley y únicamente está ejerciendo sus derechos, pero, por otra parte, hace caso omiso de que sus partidarios más radicales instiguen las protestas de sus seguidores, acosen a periodistas que formulan preguntas “incómodas” y se lancen belicosamente a la calle a desconocer la voluntad de millones de votantes, a los que califican de “corruptos” y de padecer “masoquismo colectivo”.

Esta actitud ambigua no presagia nada bueno para la democracia; de nuevo quieren sumir al país en incertidumbre y es cada vez más fuerte la sensación de que los grupos radicales no acatarán una resolución del Tribunal Electoral que no sea la de anular la elección o declarar vencedor a López Obrador.

Ese grupo rechaza la elección presidencial, no así las de gobernadores, diputados federales y senadores, en las que obtuvieron triunfos. Pero el sistema, las autoridades electorales federales y los votantes son los mismos; aquél fue diseñado por todo el espectro político del país en 1996, incluida la izquierda, que también aprobó las ulteriores reformas políticas, y las autoridades fueron electas o designadas conforme a la ley.

La contienda electoral ya terminó; los paquetes electorales fueron abiertos y los votos se volvieron a contar confirmando los resultados. La contienda legal continúa y debe dirimirse en las instituciones y de acuerdo con lo que estipulan las leyes.

Las descalificaciones y actos masivos agregan incertidumbre a un país que padece problemas muy graves. Debemos seguir el camino de la ley; las energías de la sociedad y sus líderes deben concentrarse en resolver los serios problemas nacionales, no en la inquietud generada por la intolerancia despojada de la máscara del amor.

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+ Críticos e informados daremos nuevo rumbo al país

+ La construcción de nuestra democracia representativa

+ En esta elección no habrá vencedores ni vencidos

+ Acatemos resultados sin pretextos ni mezquindades

+ Necesaria unidad nacional para reformas estructurales

ELECCIONES

Francisco Rojas

Los próximos comicios refrendarán la democracia en la medida que sean concurridos, transcurran en paz y todos acatemos sus resultados sin pretextos ni mezquindades. Nos ha costado más de cuatro decenios construir la democracia representativa que tenemos: logramos plena libertad de expresión, los medios son numerosos, libres y críticos; el sistema de pesos y contrapesos y el federalismo real son antídotos del autoritarismo; el Banco de México, el IFAI, la SCJN, el IFE y otras instituciones actúan con plena autonomía y el ciudadano sabe que su voto es decisivo y respetado.

Mañana es el turno de los ciudadanos que, informados y críticos, daremos un nuevo rumbo al país. La voluntad mayoritaria merece respeto de los actores políticos y garantía de las autoridades. Cualquiera que sea el equilibrio de fuerzas que surja de las elecciones, no habrá vencedores ni vencidos. Nadie quedará al margen, necesitamos estar unidos en lo esencial para superar los problemas del país y salir adelante en un entorno internacional amenazante.

Necesitamos unidad nacional para emprender reformas cruciales como la hacendaria o la energética, darle plena autonomía a órganos reguladores y otras. Aun en caso de que los ciudadanos otorguen mayoría en las Cámaras al partido ganador, habrá que negociar, sobre todo en las reformas constitucionales. Por ello, se debe entender a la política como conciliación entre quienes piensan diferente pero necesitan construir acuerdos para convivir en pluralidad.

La unidad nacional debe ser un pacto social en torno a las prioridades en las que todos estemos de acuerdo: restauración de la paz, combate a la corrupción y la impunidad, crecimiento económico, generación de empleos, respeto y protección a libertades y derechos humanos, protección del medio ambiente, política internacional digna, entre otros. Debemos poner al interés nacional por encima de los intereses de personas o grupos. Nadie sobra, todos somos necesarios en la convivencia civilizada.

Las elecciones serán una fiesta cívica; no permitamos que reviva la zozobra con el fantasma del 2006.

EL UNIVERSAL, 30 junio, 2012.-

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+ Nuestra democracia: respuesta civilizada a protestas sociales

+ Los ciudadanos eligiremos libremente a quién nos gobernará

+ Nuestros vecinos organizarán y vigilarán las elecciones

A VOTAR

Francisco Rojas

Aunque para algunos candidatos y partidos el primer objetivo es ganar las elecciones del próximo domingo, para el país lo importante es refrendar la democracia, y este refrendo será más contundente en la medida en que más personas acudan a votar, que no haya incidentes graves y que ganadores y perdedores respeten la voluntad de la mayoría.

La construcción de la democracia mexicana ha sido una respuesta civilizada a una sucesión de conflictos y demandas sociales, entre ellas, las provenientes de los movimientos estudiantiles, obreros y campesinos y de las fuerzas políticas desde la segunda mitad del siglo XX. Ante ello, el PRI impulsó un proceso gradual pero profundo de reforma política que, en 1977, posibilitó la apertura de cauces institucionales a grupos y partidos que actuaban en el clandestinaje o ni siquiera se habían organizado, e inauguró la pluralidad con el sistema mixto que comprende distritos uninominales y circunscripciones plurinominales. El registro de siete candidatos presidenciales en 1982 fue un claro reflejo de la diversidad política de la sociedad.

Los partidos se fortalecieron, la oposición ganó espacios y fuerza política en la Cámara de Diputados y demandó reformas adicionales. Las instituciones fueron receptivas a esos reclamos y aceleraron la reforma política. En 1989, el PAN gana su primera gubernatura y en 1990 se crea el Instituto Federal Electoral (IFE) para organizar las elecciones.

La reforma de 1996 fue precedida por la violencia política de 1994 (insurrección en Chiapas, asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu), la crisis financiera y la recesión económica. Se dio plena autonomía al IFE y se creó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) como sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Desde entonces hasta nuestros días, los ciudadanos organizan las elecciones: la movilización cívica de miles y miles de mexicanos que actúan como autoridades electorales y cuentan los votos ha sido reconocida en el mundo entero.

En 1997 el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y el PRD ganó la jefatura del Gobierno del Distrito Federal; en 2000, el candidato del PAN, Vicente Fox, ganó la Presidencia de la República y en 2006 triunfó otro panista, Felipe Calderón, con una ventaja menor a 1%. Aún están en la memoria las protestas del candidato perdedor y los problemas políticos que les siguieron.

Este domingo, los ciudadanos decidiremos quién nos gobernará. Esa noche, el presidente del IFE informará el resultado del conteo rápido, cualquiera que éste sea. Después que se hayan contado los votos y se desahoguen las impugnaciones, el Tribunal Electoral anunciará el resultado final e inapelable.

La democracia exige aceptar la voluntad de la mayoría, por pequeña que sea la diferencia de votos; por ello, la semana pasada se firmó un acuerdo en la Comisión Permanente del Congreso confiando en que todos los partidos acepten los resultados electorales.

Más de un millón de vecinos nuestros organizarán y vigilarán las elecciones y existen múltiples pruebas de que es imposible un fraude concertado. Por eso no hay lugar a las acusaciones prematuras de un supuesto fraude. Los ciudadanos que valoramos la democracia debemos defender las instituciones y el voto. Llevamos más de 35 años perfeccionando la democracia representativa y no la vamos a echar por la borda.

El domingo por la noche habrán concluido las elecciones y todos deberemos ver hacia adelante. Los problemas internos y externos son muchos y de gran calado, y los mexicanos no nos debemos desgastar en conflictos innecesarios y sin sustento. El nuevo presidente lo será de todos y deberá convocar al país entero, los que lo apoyaron y los que no, a sumar esfuerzos por un objetivo supremo y común: el bien de México.

 EL UNIVERSAL, 26 junio, 2012.-

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+ ¿Acaso alguien busca invalidar las elecciones 2012?

+ Si ataca, es información; si lo critican, es guerra sucia

+  No se compromete a respetar resultados si le son adversos

+ AMLO: Estrategia igual a la de 2006, pero más virulenta

+ Ahora algunos ricos generosos le creen, o fingen creerle

+ Intolerante, irresponsable, no tiene derecho a jugar con fuego

+ Ilusoria propuesta económica,  basada en principios neoliberales

GENIO Y FIGURA

Francisco Rojas

Vivimos en un clima de encono que está empujando al proceso electoral a un terreno minado, lleno de celadas. A la violencia verbal y a la crispación en el ámbito electoral, han seguido algunas agresiones físicas a los candidatos; éste es el escenario más peligroso e irresponsable para movilizar a la gente en busca de invalidar las elecciones, y conlleva riesgos descomunales para el país.

Andrés Manuel López Obrador es transparente: si él ataca es “información al pueblo, que no sabe”, pero si lo critican entonces es guerra sucia, antesala del fraude. Es un experto en el arte de hacerse la víctima. El miércoles pasado, en una reunión con intelectuales, evadió comprometerse a aceptar un resultado adverso aduciendo que las elecciones estarían “viciadas” por grupos de poder, por la imposición del “candidato de los medios” y por la permisividad del IFE para investigar los gastos de sus adversarios; asimismo, dijo que es preferible borrar los avances democráticos de los últimos 25 años porque se requiere una renovación, “un cambio verdadero” y que habría que empezar de nuevo.

La estrategia es similar a la de 2006, sólo que ahora empezó antes de las elecciones, con mayor preparación y virulencia, y con grupos de descontentos movilizados, entre ellos muchos jóvenes. López Obrador ya descalificó al árbitro y sus representantes en el IFE impugnaron el conteo rápido para prolongar la incertidumbre sobre los resultados y hacer creíble la “denuncia” de fraude.

AMLO ya no pregona “por el bien de todos, primero los pobres”, promete el bien a “ricos y pobres”. Y algunos ricos le creen o fingen creerle, como los que asistieron a la famosa cena de los 6 millones de dólares. Esta vez no manda al diablo las instituciones para no asustar a sus generosos donantes, pero las desacredita.

Lo que menos le importa son la ley y la congruencia. Si larepública amorosa” buscaba corregir su imagen rijosa, en unos cuantos días López Obrador ha recaído. Desde sus tiempos de invasor de los campos petroleros de Tabasco, conoce el valor de repetir la misma frase, sembrar la misma imagen en una población a la que cree educada por “la caja idiota”. Mientras más desconfiables haga al IFE y el Trife, más creíble será lo que él llama el “fraude electoral”.

El intolerante candidato denunciaba a las encuestas como partes del “compló” de la mafia. Pero cuando un medio de comunicación, sólo uno, disminuyó radicalmente su diferencia con el puntero, habló de un “empate técnico” y ahora dice que va ganando. Mañana alegará que los medios de comunicación, “los de arriba”, “la mafia” y hasta el IFE le “robaron” la elección, aunque las principales figuras de su partido hayan declarado que ellos sí reconocerán los resultados.

Lo último que necesita el país es un conflicto electoral. El trasfondo nacional es sombrío: el desempleo, la desigualdad, la pobreza expansiva, la violencia más feroz que en muchos países en guerra, la violación a los derechos humanos y el uso de la justicia como ariete contra los opositores electorales, son problemas muy graves para todos, no sólo para quienes directamente los padecen. Además, México no es inmune a los acontecimientos externos: los problemas financieros de Europa y el próximo ajuste fiscal obligatorio en los Estados Unidos, nos auguran años de bajo crecimiento económico, desempleo y mayor pobreza y desigualdad.

Si se sale de control el contexto político, podemos entrar a un torbellino económico, social y de violencia, que pondría en riesgo la gobernabilidad de México. Andrés Manuel López Obrador no tiene derecho a jugar con fuego, pues la yerba está seca y es irresponsable encender la chispa.

Dice la historia que a Nerón le bastó una noche para incendiar Roma; ojalá que no sea así la noche del 1 de julio.

 EL UNIVERSAL, 12 junio, 2012.-

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+ Además de falta de expectativas, pobreza y violencia

+ El título ya no garantiza empleo ni movilidad social

+ Muchos universitarios tienen pocas oportunidades

PROTESTA JUVENIL

Francisco Rojas

Casi siempre han sido los jóvenes quienes han desatado movimientos sociales que fueron hitos en la historia. En 1968, en vísperas de la globalización, las juventudes de muchas capitales del mundo emergieron con banderas incomprensibles a los ojos de los adultos de entonces. En algunos casos, los motivos parecían baladíes, como la riña menor entre alumnos de una preparatoria y una vocacional, que fue la chispa del movimiento. Por eso sería un grave y peligroso error descalificar o ignorar las nacientes demandas juveniles.

Tienen razón los jóvenes mexicanos en protestar, como lo han hecho en meses pasados en España, Italia, Portugal, Grecia y otros países, tanto por los efectos de la crisis financiera de 2008 y la recesión que le siguió como por motivos políticos, pues en el mundo ellos han sido los más lacerados por el desempleo y el olvido político. En México, se movilizaron primero los estudiantes de universidades privadas y pronto se sumaron los de otras instituciones y grupos sociales, algunos con militancia política claramente definida. Todos han ejercido sus derechos y han actuado en el marco de la democracia.

Aquí, como en otros países, el título profesional o incluso el posgrado ya no garantizan la movilidad social como en el siglo XX, ni un empleo en la economía formal, debido al lento crecimiento que, a su vez, obedece a la severa y sostenida contracción de las inversiones públicas, que son el motor inmediato de las privadas. El resultado es la incapacidad para generar empleos permanentes con salarios decorosos y las prestaciones de ley.

En México, a la falta de expectativas se agregan la pobreza y la violencia que, además del alto costo en vidas humanas, ha provocado el cierre o remate de negocios, fábricas o ranchos, quizá de familias de algunos de los jóvenes que protestan. Por eso muchos estudiantes tienen hoy casi tan pocas oportunidades, como los ocho millones de “ninis” que no tienen acceso a la escuela ni al empleo.

Las manifestaciones recientes podrían significar en esencia una protesta contra el statu quo y revelan que buena parte de los jóvenes están inconformes con el futuro que les espera. Hasta ahora los reclamos han sido por mayor equidad en medios de comunicación y a favor o contra un candidato, pero en Guadalajara ya salieron a la calle miles de jóvenes a repudiar la violencia imperante y a manifestarse a favor de la paz, la seguridad y la justicia; tarde o temprano brotarán también las demandas de empleo, equidad y expectativas verosímiles de futuro y el rechazo a que su destino sea un trabajo mal pagado, la informalidad, intentar emigrar a Estados Unidos o la delincuencia organizada.

Los jóvenes son el presente de la nación; si se comprenden y solucionan sus inquietudes, se lograría encauzar positivamente esa vitalidad que suele tener la juventud. Pero además de las acciones económicas, educativas y de seguridad es preciso recuperar los valores personales, familiares y nacionales.

Se equivocan los actores políticos que dicen que las protestas son contra otros; no, estos movimientos se conoce cómo empiezan, no cómo acaban; en cualquier momento la frustración y coraje podrían agudizarse, y el reclamo podría direccionarse a los actuales responsables políticos para que rectifiquen empecinamientos y recetas que no funcionan.

Por eso se deben movilizar los instrumentos del Estado y acordar con la sociedad entera rescatar a México del desempleo, la pobreza, la desigualdad y la violencia; desterrar odios y discordias, revitalizar la democracia, recobrar los valores, restañar el tejido social y corregir estrategias que solo ha provocado desolación y muerte.

 EL UNIVERSAL, 29 mayo, 2012.-

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+ El triunfo de Hollande y la reacción responsable de Sarkozy

+ Francia podría atenuar la dureza de las políticas anticrisis

+ Nubarrones en Europa y EU amenazan extenderse en el mundo

+ México no escapa al entorno y la crisis demanda un Estado eficaz

LA LECCIÓN DE LA ELECCIÓN

Francisco Rojas

En punto de las ocho de la noche apareció en la televisión francesa la foto de François Hollande y una cifra: 51.62%: los franceses habían elegido a un nuevo Presidente. Pero lo más encomiable fue que Nicolás Sarkozy, presidente en funciones y candidato perdedor, se presentó 20 minutos después ante sus partidarios para asumir “la responsabilidad de la derrota”. Son los frutos del conteo rápido, la credibilidad en las instituciones y la civilidad democrática.

En una Europa dominada por la idea del adelgazamiento del Estado y por rígidas políticas de austeridad, las propuestas de Hollande de complementar la disciplina fiscal con incentivos para el crecimiento, son una bocanada de aire fresco que abre la expectativa de atenuar la dureza de las medidas impuestas por Alemania y Bruselas para sortear la crisis de la Unión Europea.

El desempleo en el viejo continente afecta a 29 millones de personas, la mayor parte jóvenes y constituye, a juicio de los expertos, una seria amenaza para la convivencia social. Explica las protestas juveniles en muchos países europeos y el dramático ascenso de los suicidios en Grecia. Los recortes draconianos que han lanzado a la calle a millones de españoles, griegos, portugueses, irlandeses e italianos no contribuyen a la recuperación.

La recesión no se limita a Europa; el leit motiv de la elección presidencial en Estados Unidos será el desempleo, y la preocupación es tal que Paul Krugman recomienda atender de inmediato este problema y dejar los ajustes fiscales para la próxima década.

Los nubarrones de Europa y Estados Unidos y la amenaza de contagio a otras economías, incluyendo a México, exigen considerar que la salida no depende solo de la estabilidad macroeconómica, sino de tener un buen gobierno y un sólido Estado de derecho, es decir, las bases de un Estado eficaz.

En México carecemos de esto último, y el desempleo y la pobreza son peores porque afectan a más personas que en España, por ejemplo; son más profundos y se suman a la violencia y la inseguridad acentuadas en este sexenio. Las cifras muestran una situación grave. En 11 años de gobiernos panistas, el crecimiento anual promedio de la economía fue la mitad que el del último gobierno del PRI, a pesar de la fuerte caída de 1995-1996; la informalidad supera con creces los paupérrimos empleos formales creados; la pobreza se ha extendido a la mitad de la población y 21 millones de mexicanos no tienen siquiera para comer. Los miles de muertos, heridos, desaparecidos y desplazados son demasiados para un país pacífico como México.

La solución a estos problemas debería ser el centro del debate político. Enrique Peña Nieto ha impulsado propuestas prácticas; otros candidatos —con la abierta participación de funcionarios del gobierno federal— tratan de ocultar los fracasos del presente con campañas de ataques y una obsesiva fijación en un pasado que se dio en circunstancias diferentes y no podrá repetirse.

Intensificar la violencia verbal propicia la violencia física que ha sembrado luto y desesperación en la sociedad y no contribuye a ganar civilidad. Descalificar de antemano a las instituciones nos llevó a una división y polarización, en la cual no debemos volver a caer. Aprovechar investiduras y recursos públicos con fines electorales es lo último que requiere un México democrático.

Por eso, debemos prestar atención a la lección de civilidad de Francia, no sólo en la elección, sino en actos como el homenaje conjunto de Hollande y Sarkozy a los caídos en el Arco del Triunfo, para mostrar que las diferencias políticas no están encima de los intereses del país ni rompen la unión de los franceses, como no deberían poner en peligro la concordia y la unidad de los mexicanos.

EL UNIVERSAL, 15 mayo, 2012.-

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+ LVI Legislatura: una nueva cultura política basada en el respeto

+ La mayoría tiene preminencia, pero sin avasallar a las minorías

+ En la Cámara hemos corregido desviaciones y moderado excesos

EXPERIENCIA DEMOCRATICA

 Francisco Rojas

Concluyó el último periodo ordinario de sesiones de la LXI Legislatura. En cerca de tres años, la Cámara de Diputados aprobó importantes reformas constitucionales y legales e hizo nuevas leyes para cimentar el marco institucional del país, como lo han reconocido todas las fracciones parlamentarias.

En la Cámara está representado el extenso mosaico de ideologías, regiones, etnias, culturas e intereses legítimos de nuestro país. Allí se inauguró la moderna pluralidad política en 1997, y en este tiempo hemos aprendido a negociar y a construir acuerdos.

Los legisladores, los profesionales de la política y la sociedad entera hemos aprendido que la democracia es diversidad y que la discusión tiene sentido porque conduce a los acuerdos que hacen posible el funcionamiento del Estado. Contra lo que quiere el lugar común, los diputados de la LXI Legislatura hemos procesado centenares de iniciativas, puntos de acuerdo e informes de la más diversa naturaleza. Hemos construido una nueva cultura democrática, fundada en la tolerancia y el respeto entre mujeres y hombres que piensan distinto, pero que buscan coincidencias para el consenso. Hemos aprendido que la mayoría tiene preeminencia, pero sin avasallar a las minorías. Y que las mayorías no son monolíticas; están constituidas por haces de intereses legítimos pero diversos, a veces en el matiz o en la sustancia.

Las minorías son doblemente respetables; primero, porque representan a grupos de la sociedad con plenitud de derechos y, segundo, porque aportan ideas, experiencias y propuestas para resolver problemas del país.

En el Estado moderno, el Legislativo no sólo tiene la responsabilidad de hacer, reformar o abrogar leyes, sino también la de ser factor fundamental del equilibrio de poderes. Y desde la pluralidad y la crítica, las diputadas y diputados de la LXI Legislatura hemos corregido desviaciones y moderado excesos que, sin control ni medida, podrían conducirnos a alguna modalidad de despotismo. Pero quizá el mayor aprendizaje sea que México necesita consolidar y fortalecer su orden institucional. Por eso, mi partido, el PRI, no transige en la defensa de las instituciones de la República.

México necesita un Poder Legislativo fuerte, democrático y prestigiado por sus resultados, que perfeccione su capacidad para legislar, robustezca su función en el equilibrio de Poderes y siga siendo el espacio natural para que la nación dirima sus diferencias. No existe una sociedad democrática donde el Legislativo es débil, rechaza la autocrítica o es víctima de sus inercias burocráticas. La opción, como lo muestra la historia, es la dictadura.

La Cámara de Diputados tiene la atribución exclusiva de analizar, discutir y dictaminar el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación, vale decir, el destino de los recursos públicos. La Constitución la faculta para analizar la Cuenta Pública, que es un documento esencial de la rendición de cuentas. El buen uso de los recursos, sin embargo, no se limita a fiscalizar su destino final, trasciende al cumplimiento de los programas comprometidos por el Ejecutivo.

La siguiente legislatura deberá construir el entramado constitucional y legislativo necesario para enfrentar los serios problemas del México contemporáneo: la recuperación de una política económica que impulse la inversión, la producción, el empleo y el mercado interno; la corrección de las distorsiones en la distribución del ingreso, que han alcanzado niveles aberrantes, y el restablecimiento de la paz interior fundada en el respeto a la ley, el combate a la delincuencia y la corrección de los factores que la propician: la pobreza, la desesperanza y la carencia de oportunidades.

EL UNIVERSAL, 1 mayo, 2012.-

 

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