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Posts Tagged ‘1810’

+ Tropiezos y triunfos en el tránsito al presente

+ Retroceso actual no eclipsa los logros históricos

+ Hay quienes olvidan los 150 años de la Reforma

CELEBREMOS

Francisco Rojas

Las gestas decisivas para la vida de México son propicias para reflexionar en lo que hemos sido, somos y lo que podemos ser. Hemos escrito la historia y formamos, a la vez, parte de ella. Desde 1810 hemos vivido en medio de vicisitudes. Tropiezos y triunfos nutrieron el tránsito hacia el presente. No somos la excepción; así se ha escrito, en circunstancias distintas, la historia de los Estados modernos.

La proeza independentista nos dio libertad y soberanía. La hazaña revolucionaria impulsó la justicia social y reivindicó el derecho de la población a mejores condiciones de vida y mayores oportunidades de ascenso económico y social. Fueron tan sólidos los logros de quienes nos antecedieron, que no han podido ser eclipsados por el retroceso de los últimos años. Somos un pueblo que ha sabido vencer la adversidad y superar las tragedias que ha padecido.

Independencia y Revolución están unidas por propósitos y valores comunes: libertad, soberanía, progreso y equidad. Hemos caminado mucho en busca de esos objetivos, a pesar de que algunos quieran ignorar el pasado y menosprecien el esfuerzo de los mexicanos para llegar a ser lo que hoy somos. Esas actitudes ocultan quizás su incapacidad para encarar los graves problemas nacionales que nos agobian. Para el pueblo mexicano la esperanza sigue viva. Estamos orgullosos de nuestra identidad que se nutre de la pluralidad étnica, cultural, ideológica y religiosa. Hemos unido lo diverso para construir una gran nación.

Algunos olvidan celebrar los 150 años del inicio de la Reforma. Es explicable para quienes creen que la obra y figura de Juárez y los liberales de su generación fueron perversas. En pleno siglo XXI, los prejuicios quieren imponerse a la razón y al derecho. Ante los embates al Estado laico, defendamos la laicidad plasmada en la Constitución de 1857, que retomaron y profundizaron los constituyentes de 1917.

Los mexicanos nos reconocemos en las tres grandes gestas fundacionales de la nación, aquilatamos su significado, ponderamos los aciertos y reflexionamos sobre las equivocaciones con serenidad, humildad republicana y optimismo, ajenos a la pirotecnia discursiva y la simulación demagógica.

Nada deshumaniza más que la expresión bajuna que esconde la realidad. Registremos el heroísmo de un pueblo que es superior a los desafíos y quiere reencontrar el camino de la estabilidad, la paz, la seguridad, la capilaridad social que antaño nos distinguió. Vivamos los anunciados espectáculos con alegría, pero sin deslumbramiento, seguros de que no vamos a permitir que el país se nos deshaga ni vamos a distraernos con el oropel de la verbena.

Celebremos con entusiasmo lo que hemos logrado, reafirmemos lo que queremos ser y hagamos lo necesario para lograrlo. Nos impulsa una enorme energía social que puede y debe ser aprovechada para no caer en el derrotismo y desaliento. No perdamos de vista las virtudes del pueblo mexicano, ni nos confiemos ante los embates a los valores de la laicidad que nos condujeron a la modernidad y desarrollo.

En unos días más festejaremos el inicio de la Independencia, y el 20 de Noviembre, el de la Revolución. En estos grandes movimientos sociales, lo mismo que en la Reforma, el pueblo mexicano venció obstáculos que parecían insalvables, se sobrepuso a las peores amenazas y avanzó hacia la conquista de su destino común.

Aclamemos el Centenario de la Revolución, que fue un hito en la historia y nos permitió ser, durante varias décadas, el país libre, próspero y generoso que fue modelo para nuestros hermanos latinoamericanos. Renovemos la confianza en que pronto podremos abrir caminos para generar riqueza, abatir la pobreza y disminuir la grosera desigualdad que nos agobia.

A lo largo de la historia, el pueblo ha confiado en sí mismo y ha salido fortalecido de las adversidades. Ante los graves problemas actuales, el Estado debe reasumir sus responsabilidades con la nación y su gente. No hay enemigos que vencer, sino problemas que resolver y para eso hace falta patriotismo y determinación. Hace falta confiar en el pueblo y no maquillar la realidad para cambiar las “percepciones”.

El ánimo debe ser festivo pese a la violencia y la inseguridad que padecemos, pues el pueblo tiene aliento para superar los obstáculos y legar a las futuras generaciones un país mejor que el que tenemos. Sinteticemos celebración y reflexión sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos y podemos ser.

EL UNIVERSAL. 7 de septiembre 2010. http://bit.ly/9I5s99

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