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Posts Tagged ‘Anticíclicas’

+ De un extremo a otro la apreciación oficial sobre la Economía

+ Ruptura de las cadenas productivas y sin Banca de Desarrollo

+El gobierno carga a los pobres el costo de sus errores

SEAMOS VERACES

Francisco Rojas

Algunos de los problemas argumentados para aumentar los impuestos y disminuir o diferir proyectos de inversión no fueron provocados por situaciones externas: no vino de fuera la baja de la producción petrolera, la disminución de las inversiones para aumentar las reservas ni el derroche de los recursos de Pemex; tampoco la carencia de una política industrial, el abatimiento de la industria de la transformación y la ruptura de las cadenas productivas; tampoco el desmantelamiento de la banca de desarrollo y el manejo de la banca comercial; y mucho menos el aumento explosivo de la alta burocracia y sus prestaciones, fuera de toda proporción.

La versión de las autoridades sobre la economía nacional pasó rápidamente de la autocomplacencia al catastrofismo. La primera desestimaba los efectos de la crisis financiera internacional y hacía alarde de la fortaleza de las finanzas públicas debido a su “manejo responsable” y al blindaje de la economía. Ninguno de estos argumentos aludía a la economía real: producción, empleo o demanda interna, entre otros.

Pasadas las elecciones de julio, la versión cambió radicalmente y se reveló con alarma la existencia de un faltante financiero para 2010 por 375 mil mdp. Esto fue el preámbulo del anuncio de cambios “de fondo” sin considerar su factibilidad política, el principal de los cuales fue la nueva prioridad declarada: el combate a la pobreza.

Estamos de acuerdo con el objetivo, pero el gobierno no le puede cobrar a los mismos pobres, a la clase media y a las pymes el costo de sus errores e imprevisiones. No es correcto presentar esas contribuciones como un esfuerzo de solidaridad con los más pobres, como el único medio para comprar vacunas ni como expresión de amor a la patria. Se trata de un problema financiero que puede y debe resolverse sin dañar más el precario nivel de vida de la gente. Más que un problema fiscal es un problema político y de obstinación, con políticas que no han logrado el crecimiento y el empleo ofrecido, y sí han generado en cambio más desigualdad y pobreza.

El proyecto oficial tiene por objetivo salvar el año fiscal y cuadrar las cuentas; carece de una visión de largo plazo y abunda en más de lo mismo. Para nosotros, lo urgente, lo inaplazable, es revertir la recesión, no ahondarla; poner en marcha nuevamente a las empresas que han cerrado e impulsar a otras y promover fuentes de trabajo para amplios grupos de población; esa es la forma más efectiva de combatir la pobreza, no con limosnas asistencialistas y electoreras.

Pero, al mismo tiempo, iniciaremos los cambios estructurales que deben adoptarse en los próximos meses impulsando: una reducción del gasto corriente improductivo; un programa sostenido de inversiones por no menos de tres años; la renovación de la banca de desarrollo para apoyar sectores clave de la economía; cambios en el sistema financiero que hagan compatibles la política monetaria con las de crecimiento y empleo, y generen mayor financiamiento de la banca comercial a los sectores productivos disminuyendo su costo; y un federalismo económico y social que contrarreste el centralismo y la opacidad de las decisiones, acercando éstas y la evaluación de sus resultados a la sociedad.

Asimismo, iniciaremos, junto con nuestra colegisladora, un proceso de revisión de la política de administración fiscal, incluyendo los regímenes especiales, para aumentar el número de causantes y elevar la recaudación a niveles acordes con la recuperación de la economía y el empleo.

Mientras tanto, como lo han hecho otros países, pugnaremos por una política contracíclica que utilice prudentemente el déficit para financiar proyectos de inversión pública, incentivar a sectores económicos estratégicos y apoyar los programas de estados y municipios.

Para ello, incorporaremos el concepto de Balance Presupuestal Multianual, estableciendo la obligación legal de que, una vez superada la emergencia, los superávit que se generen se destinen al pago de la deuda contraída durante la recesión, para recobrar el equilibrio de las finanzas públicas en un plazo razonable, importante objetivo de nuestra política fiscal contracíclica.

Los diputados ya se integraron a las comisiones y estamos en plena comunicación con el Senado; es la hora de lograr los acuerdos necesarios para recuperar el crecimiento económico y el empleo con desarrollo social, para el bienestar de todos los mexicanos.

EL UNIVERSAL, 6 octubre, 2009 http://bit.ly/d8PDlV

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+Defensores del libre mercado pregonan el fin de la crisis

+Reflexiones un año despues de la quiebra de Lehman Brothers

+En México, dos crisis superpuestas sin las respuestas adecuadas

DOS TESIS

Francisco Rojas

La semana pasada se cumplió un año del desplome del gigante financiero Lehman Brothers, que desencadenó una sucesión de quiebras de bancos en todo el mundo, abatió los índices de las bolsas de valores, provocó cierres de empresas y despidos masivos de personal, provocando la convulsión más grave de la economía internacional en 80 años.

La crisis financiera ocasionó la destrucción de infraestructura, el abandono de instalaciones industriales y comerciales, el hambre y la miseria de millones de familias. Gobiernos como los de Estados Unidos, Gran Bretaña, China y algunos países emergentes reaccionaron con medidas anticíclicas para salvar a bancos e industrias claves y generar empleos urgentes en reparaciones, mantenimiento, infraestructura ligera y otros.

Esa situación no se ha revertido; al contrario, Paul Krugman, premio Nobel de Economía, advierte que, de no hacerse cambios profundos en las finanzas mundiales, en cinco años más puede presentarse un fenómeno similar. Existen coincidencias de que la recuperación será lenta, sobre todo para economías como la de México que dependen grandemente de la exportación, el turismo y las remesas. Y también, que no es el momento de atenuar las medidas anti cíclicas de emergencia; el éxito de China así lo demuestra.

Lo que queda claro es la inoperancia del Consenso de Washington y la incapacidad del mercado para autorregularse. El destino de la humanidad —y de los mexicanos— se está dirimiendo en la lucha entre dos tesis: la que busca mantener el statu quo con mínimos cambios pese al agotamiento del modelo y su saldo de pobreza y exclusión; y la que impulsa el crecimiento económico con desarrollo social, restaurando el papel del Estado para regular el mercado y atender los reclamos de la sociedad.

Los defensores del libre mercado, con influencia en todos los ámbitos de poder, pregonan el final de la crisis y pretenden, con pequeños ajustes, la vuelta a más de lo mismo. Debido a las incipientes regulaciones, Wall Street ya maneja nuevos instrumentos de deuda, más corrosivos que los derivados anteriores, ahora basados en los seguros de vida, como lo informó The New York Times.

México sufre dos crisis superpuestas: la externa, que disminuye las exportaciones, el turismo y las remesas de trabajadores migratorios; y la interna, estructural, que ha disparado los índices de pobreza al punto más alto desde que se lleva este registro, maximizado el desempleo, hundido al PIB y el ingreso por habitante.

Durante la reciente bonanza petrolera se dilapidó casi un billón de pesos de ingresos excedentes en gasto corriente improductivo, en el pago anticipado de deuda externa, en disminuir la carga fiscal a empresas cuya tributación real es irrisoria, en subsidiar los combustibles, y no se invirtió en la infraestructura necesaria.

Ahora hay lamentos por la insuficiencia de recursos fiscales, debido principalmente a la caída de la producción petrolera y la declinación de las reservas, producto de haber frenado la exploración, sobreexplotado Cantarell, retrasado la reconfiguración y el mantenimiento de las refinerías y descuidado el mantenimiento de ductos, tanques de almacenamiento y otras obras.

Estamos pagando el deliberado debilitamiento de Pemex. Aunque la más reciente reforma energética se ha aplicado a medias, el gobierno pretende nuevas reformas tendientes a privatizar áreas de Pemex, en contraste con países como Brasil, que en vez de ceder a Petrobras la explotación de los recientemente descubiertos yacimientos en aguas profundas, está planteando crear una empresa totalmente estatal, llamada Petrosalt, que tendrá a su cargo esa tarea.

¿Cómo enfrentar la doble crisis? Aquí aparecen las dos tesis: la de siempre, procíclica, que derrocha cuando abundan recursos y, cuando no los hay, retrae la economía con más impuestos y recortes cosméticos al gasto corriente; y la tesis del PRI, que propone una política fiscal anticíclica para reactivar la economía, el empleo y el mercado interno, con el criterio de que contribuyan los que más tienen y no se grave el consumo de alimentos y medicinas, racionalizando programas y estructuras administrativas ineficientes.

La fracción parlamentaria del PRI ha propuesto una serie de medidas concretas e inmediatas para enfrentar la emergencia económica e iniciar cambios estructurales tendientes a lograr el crecimiento económico con desarrollo social, para el bienestar de los mexicanos.

EL UNIVERSAL, 22 de septiembre, 2009 http://bit.ly/9pN6d7

 

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QUEREMOS CREER

Francisco Rojas

Queremos creer que las medidas anticíclicas adoptadas por el gobierno activarán la economía, combatirán el desempleo y no servirán solamente para salvar a empresas que se dedicaron a especular con derivados.

Queremos creer que significará un giro en la política gubernamental si se acepta lo que dice el presidente Sarkozy de que “la economía de mercado es el mercado regulado, el mercado al servicio del desarrollo, al servicio de la sociedad, al servicio de todos. No es la ley de la jungla, no son beneficios exorbitantes para unos y sacrificios para todos los demás”.

Queremos creer que este nuevo enfoque resistirá el predominio de los que aseguran que el mercado se autorregula, que la crisis es coyuntural y la recesión pasajera, preconizando que el Estado no debe intervenir para regular intermediarios financieros que no cumplen con los términos originales de las concesiones que los obligarían a financiar la producción y no sólo el consumo. Queremos creer que el presupuesto aprobado es el adecuado y que se mantendrán los supuestos conforme a los cuales se elaboró, esperando que los acontecimientos no fuercen drásticos ajustes.

Queremos creer que el presidente electo Obama se olvidará del trato dado a su rival y que preferirá ocuparse primero del asunto migratorio para que no regresen miles de compatriotas y sigamos recibiendo remesas y, luego, atender la crisis financiera mundial, la recesión económica y cumplir sus promesas electorales.

Queremos creer que el reciente anuncio de Pemex de que en 2009 se firmarán contratos millonarios con las principales empresas internacionales para desarrollar Chicontepec, en donde, supuestamente, el costo del barril de petróleo obtenido es superior al precio de venta internacional, e insistir en explorar ahora los recursos prospectivos de las aguas profundas es una precipitación, ya que cuando en otros países se cancelan o difieren proyectos caros e inciertos, ante la baja del precio del petróleo, aquí se da la impresión de que urge regularizar situaciones y cumplir compromisos, en vez de aplicar los escasos recursos a desarrollar reservas en las conocidas áreas marinas y terrestres del sureste, donde hay más certidumbre y los costos y tiempos de desarrollo son menores.

Queremos creer que la posibilidad que se abrió para que una misma empresa haga los estudios y participe mediante invitación restringida en el concurso, si aporta innovaciones tecnológicas, y además se declaren dichos contratos como confidenciales, no lleva dedicatoria a los grandes consorcios. Queremos creer que estas acciones serán cuidadosamente revisadas por el nuevo Consejo de Administración y la Secretaría de Energía, con visión de Estado y actitud nacionalista.

Queremos creer que los reglamentos que expedirá el Ejecutivo para complementar las recientes reformas energéticas se apegarán a la letra y espíritu del legislador y no se utilizará “la letra chiquita” para rescatar lo que no pudieron lograr que se aprobara en el Congreso.

Queremos creer que existen salidas y que hay una luz en el camino. Queremos creer que en nosotros está la solución recordando nuestra historia, acudiendo a nuestros verdaderos valores, favoreciendo a la mayoría de los mexicanos y no sólo a unos cuantos.

EL UNIVERSAL, 18 de noviembre, 2008  http://bit.ly/a3u3Mq

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