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Posts Tagged ‘Banca privada’

+ Interdependencia y repercusiones del fenómeno recesivo

+ El mercado interno llamado a ser  recurso compensatorio

+ Partidos: a sumar voluntades contra  pobreza y desigualdad

HACIA 2012

Francisco Rojas

 En vísperas de 2012, el mundo vive tiempos de incertidumbre. Las debilidades del esquema monetario en que se asienta la zona euro, los excesos de algunos gobiernos y las operaciones indebidas de los bancos privados generaron severas crisis financieras, de producción, empleo y consumo en países como Grecia, Portugal y España, e incluso en Italia, y aún no se tiene la certeza de que las medidas acordadas la semana pasada permitan corregir un diseño económico regional que, hoy lo sabemos, estuvo mal concebido desde su origen.

 En el mundo globalizado, las economías están más propensas a contagiarse, y el riesgo es aun mayor debido a las presiones políticas que forzarían al presidente Obama a hacer fuertes recortes a los programas sociales.

 Las perspectivas no son alentadoras. Si los remedios acordados por Alemania y Francia no fueran suficientes, las exportaciones de Estados Unidos y los países asiáticos a Europa se desplomarían, lo que ocasionaría serios perjuicios a sus economías y elevaría las tasas de desempleo y pobreza que afectan en particular a la sociedad estadounidense, lo que a su vez irradiaría hacia el resto del continente.

  En cualquier escenario, la aguda interdependencia internacional extenderá la carga de los problemas económicos de Europa y Estados Unidos hacia el mundo entero a través del comercio exterior y de los movimientos internacionales de capitales. México, que destina al vecino país del norte 85% de sus exportaciones, sería muy vulnerable en un proceso de recesión internacional como ése; por ello nuestro país tiene que aprovechar todo su potencial para preservar en lo posible su economía de las tendencias adversas en el orden global.

 Como lo subrayó en días pasados la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, la estabilidad macroeconómica de nuestro país es una fortaleza apreciable en medio del desconcierto que priva en otras partes del mundo.

 Es muy positivo, pero insuficiente, que hasta ahora no hayamos sufrido un proceso inflacionario galopante o que la devaluación del peso frente al dólar no haya sido ni profunda; la verdadera importancia de estas fortalezas está en saber aprovecharlas para acelerar el crecimiento económico en el entorno internacional adverso que prevalecerá en 2012 cuando menos.

  A partir de la estabilidad, debemos propulsar el crecimiento de la producción, el empleo, el ingreso de las familias y el mercado interno, a fin de enfrentar el fenómeno recesivo mundial. Por ello, para darle certidumbre y tranquilidad al país, en las discusiones de la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para 2012, los diputados del PRI hicimos ajustes a la propuesta del Ejecutivo federal para asegurar el equilibrio entre ingresos y gastos y, a la vez, fortalecer la inversión pública para que se convierta en un propulsor eficaz de nuevas inversiones privadas, en especial de las pequeñas y medianas industrias, que son las principales generadoras de empleo en la economía formal.

  Más allá de sus legítimas diferencias, los partidos políticos deben sumar voluntades y esfuerzos para enfrentar problemas como la generación de empleo de baja calidad, la pobreza, que afecta a 52% de la población, y la desigualdad que cada día se agudiza. Además de proteger a los trabajadores, debemos también preservar a las clases medias que fueron el gran logro de la industrialización del siglo XX y que ahora, en su estrato popular, están cada vez más cerca de la línea de pobreza urbana, para no agudizar la debilidad de nuestro mercado interno, que debería ser nuestro recurso compensatorio.

 Tenemos problemas que resolver además del crimen organizado, cuyo combate todos acuerpamos, ya que no se puede permitir que la delincuencia subvierta el orden jurídico y afecte a la sociedad, pero tampoco podemos admitir que esa lucha se convierta en el único problema del país y se utilice como pretexto para atacar a fuerzas políticas opuestas y poner en peligro no solo el proceso electoral sino la gobernabilidad, en momentos en que se debe procurar conjuntar esfuerzos y unir voluntades, con visión de Estado, frente a los nubarrones que nos acechan.

EL UNIVERSAL, 13 diciembre, 2011.-

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+ Impericia del gobierno produjo caída y estancamiento económico

+ El PAN, abdicó  del papel del Estado como rector del crecimiento

+ Derroche  de los ingresos más cuantiosos, en una década

El grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados presentó el primer fascículo de  10 Años de Panismo, Resultados, en el que afirma hay  estancamiento y  una década perdida de gobierno, en la que la economía se desplomó hasta sus niveles más bajos en ocho décadas, lo cual imposibilitan el bienestar social.

 El documento  México: País sin Crecimiento y sin Empleo,  fue presentado el 31 de mayo de 2011 por el vice coordinador, diputado  Oscar Levín Coppel, quien manifestó que la caída del ingreso per cápita real, el aumento del desempleo en todas sus variantes, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y de la competitividad, así como el incremento de la pobreza, son un fracaso de los gobiernos panistas:

1.1 

I. México: País sin Crecimiento y sin Empleo

En el año 2000, después de la severa crisis de 1995, el primer gobierno de la alternancia recibió una economía que crecía al 6 por ciento anual en un marco de estabilidad macroeconómica, pero el retiro del Estado como rector y promotor directo del crecimiento, conjugado con la impericia del nuevo equipo de gobierno truncó la tendencia y condujo a la caída y el estancamiento de la economía.

En efecto, de acuerdo con las cifras oficiales del INEGI, la tasa media anual de crecimiento de la economía en los años recientes ha sido de 1.71 por ciento al tiempo que la población, según el último censo, creció en promedio 1.4 por ciento anual, lo que mantiene prácticamente estancado el producto por habitante. Al considerar el esquema desigual de la distribución del ingreso se entiende por qué se ha deteriorado la calidad de vida y ha aumentado la pobreza en todas sus modalidades en tan corto período.

Hay estancamiento económico y una mayor inequidad social.  Según los últimos datos oficiales, la pobreza aumentó en 6.1 millones de personas. Con información del Banco Mundial, sabemos que el número aumentó en 4 millones de personas para 2010.  No hay empleo, y la única economía que crece es la informal, debido a que no hay otra alternativa de ocupación. ¿A quién conviene este estancamiento?

La estabilidad macroeconómica es necesaria para el buen desarrollo de la economía, pero al ser el único objetivo de este gobierno, se impide el crecimiento, se desalienta la inversión privada, en particular la de pequeñas y medianas empresas y se inhabilita al sector formal de la economía para promover el empleo. Por eso los gobiernos de otros países, incluido el de Estados Unidos, no vacilaron en aplicar políticas anticíclicas para paliar primero y revertir después los efectos de la crisis sobre el empleo, la demanda y el consumo básico de las familias.

En lo que va del siglo XXI, debido fundamentalmente a condiciones internacionales, se han producido los ingresos públicos más cuantiosos de la historia, el 60 por ciento de los cuales proceden del petróleo. Así,  el presupuesto federal casi se ha triplicado, pero ninguno de los problemas torales del país se ha resuelto. La razón es el despilfarro de los recursos públicos, que en vez de destinarse a la inversión en infraestructura –caminos, puertos y aeropuertos, presas, refinerías, escuelas, hospitales, etc.–se han usado para aumentar desmedidamente el gasto corriente improductivo, impulsar los programas asistencialistas, que suelen ser manejados con fines electorales y no sociales, y practicar un federalismo mal entendido.

La banca comercial, que debería ser la correa de transmisión entre el ahorro de la población y la inversión privada, obtiene el grueso de sus utilidades de los intereses por créditos al gobierno, al consumo e hipotecarios, y por las elevadas comisiones a los usuarios. Pese a que la gran mayoría de los bancos son propiedad de instituciones extranjeras, no hay una regulación adecuada que oriente  una parte de los créditos a la producción, lo que ha obligado a las empresas a financiarse con sus proveedores.

Por ello, el crédito de la banca privada para el desarrollo nacional se ha reducido casi a la mitad como proporción del PIB, al pasar de 30 por ciento después de la crisis de 1995 a sólo 17 por ciento en la actualidad.

No existe en México una política industrial y eso explica en gran medida el desmantelamiento de la planta productiva nacional. Por ello, el índice de la actividad industrial es igual al de 2006 y las ramas industriales, que pueden producir el mayor empleo, están estancadas o se han reducido.  La industria de la construcción se contrajo en cerca de 5 por ciento en lo que va del actual gobierno y el número de trabajadores en la industria manufacturera ha caído.

La inversión extranjera directa ha disminuido y las actividades de la industria turística, que se vieron afectadas por la crisis, y por el  mal manejo de la epidemia de la influenza, padecen ahora también los efectos de la inseguridad pública. Así, el número de viajeros a nuestro país pasó de 103 a 79 millones.

La tasa de desempleo abierto, que en 2000 era de 2.30 por ciento, al cuarto trimestre de 2010 fue de 5.40 por ciento, y junto con los desocupados, trabajadores sin salario o en la economía informal y subempleados, suman 45.83 por ciento de la Población Económicamente Activa.

Después de la recesión, y a pesar de las políticas estabilizadoras, ha habido cierta recuperación del empleo, pero en condiciones de precariedad: la mayor parte de los nuevos trabajadores recibe de 1 a 3 salarios mínimos y ha caído el número de personas que ganan más de cinco salarios mínimos. Los salarios en el sector formal de la economía han disminuido en 242 pesos mensuales en términos reales durante el actual gobierno. En estas condiciones, el repunte del empleo no ha significado mejores niveles de vida para la mayor parte de la población.

 En las siguientes páginas aparecen las cifras, tanto de fuentes oficiales del país como de organismos internacionales, que permiten dimensionar los estragos de la economía y sus efectos sobre la vida diaria de las familias mexicanas.

10 Años de Panismo, resultados. Documento completo: http://bit.ly/mi8jYS

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El ahorro interno captado por el sistema financiero se dirige a distintos propósitos. En México, la banca privada destina el crédito preferentemente al consumo y al sector hipotecario.

  • La relevancia del crédito de la banca privada en el desarrollo nacional ha disminuido: incluso, luego de la crisis del 95, el crédito de la banca privada representaba cerca de 27 por ciento del PIB. Actualmente es menor a 17 por ciento del PIB. Las empresas continúan financiándose con los proveedores (80 por ciento, según encuestas oficiales).
  • El papel de la banca de desarrollo como agente financiero ha venido disminuyendo drásticamente: en 1996 sus créditos alcanzaron el 11 por ciento del PIB; en 2003 fueron del 6.5 por ciento y para 2009 apenas del 3.6 por ciento del PIB. Actualmente, sólo el 2 por ciento de las empresas obtienen financiamiento de la banca de desarrollo (según encuesta del Banco de México).

¿La insuficiencia de créditos productivos es un medio  para vivir mejor?

¿PARA VIVIR MEJOR? Link: http://bit.ly/aPf2Zq  pag 10

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+ México en una de las etapas más inestables de su historia

+ Faltan políticas públicas para la reactivación económica

+ Hay que fortalecer el mercado interno y la competitividad

SIN RUMBO

Francisco Rojas

Diez años de yerros gubernamentales y falta de rumbo han llevado a México a una de las etapas más difíciles e inestables de su historia. En el entorno mundial incierto en que vivimos, nuestro país está en la disyuntiva de continuar en la inercia o tomar en serio la opción del desarrollo, estimulando a las empresas mexicanas para que generen innovación y riqueza, producción, productividad, competitividad y empleo.

Producción y productividad han caído generando pérdida de empleos y recesión. Sin embargo, el gobierno federal no ha diseñado una política pública de apoyo a la industrialización que establezca planes y programas institucionales de fomento, que señalen prioridades para el uso de los instrumentos económicos del gobierno y las empresas, para articular esfuerzos y alcanzar mayores niveles de producción.

La industria ha sufrido las consecuencias del falso principio de que la mejor política industrial es la que no existe. Las cadenas productivas y de mercado están desarticuladas, la formación y capacitación del capital humano es simbólica y ajena a las necesidades de las empresas, se regula la apertura de nuevos negocios hasta el absurdo y no se regulan las prácticas monopólicas. No es extraño que México haya pasado del lugar 31 al puesto 60 en 2009 entre 156 países, según el Foro Económico Mundial.

Producto de la crisis que nos agobia y de la ausencia de visión de Estado del Ejecutivo Federal, es también el escaso financiamiento para la producción; a nadie escapa que la banca no ha cumplido con sus funciones de fomento al desarrollo industrial, lo que ha obligado a las grandes empresas mexicanas a acudir al extranjero, y a las pequeñas y medianas empresas a sustentar su financiamiento con sus proveedores, esto último grave, dado que son las que generan siete de cada diez empleos industriales.

Es clara la urgencia de modificar esa situación, porque sólo así será posible generar más y mejores empleos, reducir la brecha entre los grupos sociales, así como entre las regiones que presentan mayores niveles de bienestar y mayores rezagos, a fin de detonar el mercado interno y desplegar las potencialidades de regiones y entidades, de sectores productivos y de empresas. Es indispensable que tanto el Poder Ejecutivo Federal, así como los gobiernos de los Estados y los distintos organismos y sectores empresariales y, desde luego, el Poder Legislativo, sumemos esfuerzos en la misma dirección.

Para desarrollar núcleos estratégicos y restablecer las cadenas productivas con miras a una nueva etapa de sustitución de importaciones y una participación eficiente en los mercados globales, el PRI y sus diputados consideran necesario promover leyes para el fomento económico que reoriente el modelo exportador y lo acompase con el fortalecimiento del mercado interno, impulsando la competitividad de las empresas. No se trata de buenos deseos sino de exigencias inaplazables, si no queremos desintegrar la planta productiva que nos queda.

Requerimos una política industrial de Estado, previa definición de los sectores estratégicos en función de nuestras ventajas comparativas, tanto para ampliar el mercado interno a fin de generar empleos, como para fortalecer nuestra inserción en la globalidad. Esa política tendrá que ser resultado de un estrecho y fructífero diálogo entre los sectores público, empresarial y laboral, para el diseño de un programa de fomento económico de largo plazo que determine las áreas esenciales como manufacturera, servicios, biotecnología, telecomunicaciones, energía, entre otras, para integrar los esfuerzos institucionales, privados y sociales a fin de elevar la productividad y la competitividad y articular crédito, insumos, ciencia, tecnología, capacitación y asesoría, producción y comercialización segura y eficiente.

Asimismo, es preciso estimular los sectores que pueden generar el mayor número de puestos de trabajo y los que contribuyan a la incorporación de nuevas tecnologías, vía un tratamiento preferencial.

Ahora es tiempo de superar la apatía del Ejecutivo federal e iniciar la construcción de un futuro promisorio para esta y las próximas generaciones; de insertarnos con ventaja en la globalización inevitable. Al desencanto por la errática conducción del país, opongamos la confianza en nosotros mismos, el optimismo sobre qué hacer y lograr, la convicción de que juntos saldremos adelante.

EL UNIVERSAL 9 de marzo 2010 http://bit.ly/9fzWdF

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26 de febrero 2010:

La ausencia de una política industrial que vertebre programas y acciones de gobiernos y empresarios, sumadas a la crisis económica que nos ha lastimado seriamente, ponen de manifiesto el debilitamiento de todas las actividades del sector industrial.

La producción y productividad han caído, generando pérdida de empleos y recesión económica. Hoy traemos cerca de tres millones de desempleados en el país. Tres millones de desempleados que equivalen en términos de familias, alrededor de 12 millones de mexicanos que actualmente no tienen un salario digno para llevar a su casa las necesidades alimenticias más urgentes.

Uno de los productos de la crisis que nos agobia y de la ausencia de visión de Estado del Ejecutivo Federal, es también el escaso financiamiento para la producción.

A nadie escapa que la banca no ha cumplido con sus funciones de fomento al desarrollo industrial, lo que ha obligado a las grandes empresas mexicanas a acudir al extranjero, y a las pequeñas y medianas empresas a sustentar su financiamiento con sus proveedores.

…es menester promover acuerdos a nivel nacional, estatal y local, entre el gobierno y los sectores empresarial y laboral, para preservar el empleo y la subsistencia de las empresas.

…es fundamental establecer un diálogo, escuchar las necesidades y las demandas de los empresarios.

Nadie está en contra de la competencia, nadie está en contra del mercado, pero debemos tener un mercado regulado, un mercado orientado y una política industrial que saque adelante las ventajas comparativas de nuestro país.

El grupo parlamentario del PRI en la Cámara de Diputados impulsará una nueva ley de desarrollo industrial, que fortalezca el mercado interno, genere empleos, y permita enfrentar la pobreza y la desigualdad que se vive, ante la ausencia de políticas públicas y la apatía del gobierno federal, que se ha encasillado únicamente en los discursos, sin emprender acciones a favor de los proyectos productivos.

 

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24 de febrero 2010:

Nos parece que es indispensable originar todas las condiciones que propicien la participación en todos los sectores de empresarios cuya presencia signifique una auténtica competencia y contribuya a romper o evitar prácticas monopólicas que pervierten mercados e inhiben la inversión en importantes sectores de la vida nacional.

…el haber extranjerizado la banca, nos ha dejado sin uno de los grandes instrumentos de desarrollo que requiere el país, y es también evidente que una banca extranjera no solamente debe atender las necesidades del país, sino también las de sus accionistas, y que los objetivos que persiguen, sí, son orientar sus trabajos en el país en donde están radicando, pero también atender a los objetivos de sus matrices.

Me parece que el país requiere de una banca nacional muy fuerte, nacional privada muy fuerte, que sea la que nos ayude a detonar el financiamiento que requiere la economía del país.

La existencia de organismos reguladores del mercado, cuyo principal objetivo es garantizar apertura y equidad en ellos, resulta insuficiente a la luz de las disposiciones que establecen su competencia, norman sus procedimientos y determinan las sanciones que en su caso deben de imponer aquellos.

Por ello, el interés de la Legislatura, por otorgarle al órgano desconcentrado correspondiente, las facultades necesarias para cumplir sus objetivos que su creación persiguió desde un principio, y dotarlo de las herramientas adecuadas para la transparente y expedita acción, que evite la concentración de actividades trascendentes para la economía nacional.

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23 de enero 2010:

No se trata de parchar con ocurrencias el régimen fiscal, que da muestras indudables de agotamiento. Se trata de concebir un modelo y un sistema integral nuevos, que aprovechen la experiencia de lo realizado con éxito y construya desde la base de la equidad y la justicia tributaria, un nuevo modelo que actualice los principios constitucionales de equidad y proporcionalidad para todos.

Los gobiernos del PAN han desintegrado la banca de desarrollo, convirtiéndola en una actividad de segundo piso para apoyar prioritariamente a la banca comercial y a los grandes consorcios. Por tal motivo, modificaremos la legislación que la rige, para que vuelva a tener objetivos claros de fomento al empleo y a la inversión; vuelva a tener el rol de promotor y detonador de sectores prioritarios; realice operaciones de primer piso y acuda a los mercados financieros; atienda a las Pymes; promueva el desarrollo de las regiones; fomente nuestras ventajas en el exterior; impulse la inversión en infraestructura; y fortalezca la soberanía alimentaria, promueva la agroindustria y consolide el sistema financiero rural, entre otros aspectos.

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11 de octubre 2009:

Los legisladores del PRI impulsamos en el Congreso medidas sólidas para reactivar la economía, entre ellas, acciones que promuevan mayor inversión en infraestructura, y reformas a la banca privada y de desarrollo para que otorguen más crédito productivo. ..Evaluamos eliminar diversos privilegios fiscales a empresas y sectores, que han mermado la recaudación y disminuido con ello el potencial de acción del gobierno federal…Asimismo, impulsaremos reformas legales para institucionalizar una política contracíclica, que haga un uso prudente del déficit para financiar proyectos de inversión o incentivar a sectores económicos estratégicos, estableciendo el concepto de Balance Presupuestal Multianual.

… se busca establecer mecanismos para acceder a deuda cuando haya un debilitamiento en las finanzas públicas y la economía lo requiera, y que esa deuda se pague con excedentes de ingresos públicos una vez que la economía se reactive, en un plazo razonable.

También el PRI promoverá reformas legales para eliminar los subejercicios de gasto…

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+ De un extremo a otro la apreciación oficial sobre la Economía

+ Ruptura de las cadenas productivas y sin Banca de Desarrollo

+El gobierno carga a los pobres el costo de sus errores

SEAMOS VERACES

Francisco Rojas

Algunos de los problemas argumentados para aumentar los impuestos y disminuir o diferir proyectos de inversión no fueron provocados por situaciones externas: no vino de fuera la baja de la producción petrolera, la disminución de las inversiones para aumentar las reservas ni el derroche de los recursos de Pemex; tampoco la carencia de una política industrial, el abatimiento de la industria de la transformación y la ruptura de las cadenas productivas; tampoco el desmantelamiento de la banca de desarrollo y el manejo de la banca comercial; y mucho menos el aumento explosivo de la alta burocracia y sus prestaciones, fuera de toda proporción.

La versión de las autoridades sobre la economía nacional pasó rápidamente de la autocomplacencia al catastrofismo. La primera desestimaba los efectos de la crisis financiera internacional y hacía alarde de la fortaleza de las finanzas públicas debido a su “manejo responsable” y al blindaje de la economía. Ninguno de estos argumentos aludía a la economía real: producción, empleo o demanda interna, entre otros.

Pasadas las elecciones de julio, la versión cambió radicalmente y se reveló con alarma la existencia de un faltante financiero para 2010 por 375 mil mdp. Esto fue el preámbulo del anuncio de cambios “de fondo” sin considerar su factibilidad política, el principal de los cuales fue la nueva prioridad declarada: el combate a la pobreza.

Estamos de acuerdo con el objetivo, pero el gobierno no le puede cobrar a los mismos pobres, a la clase media y a las pymes el costo de sus errores e imprevisiones. No es correcto presentar esas contribuciones como un esfuerzo de solidaridad con los más pobres, como el único medio para comprar vacunas ni como expresión de amor a la patria. Se trata de un problema financiero que puede y debe resolverse sin dañar más el precario nivel de vida de la gente. Más que un problema fiscal es un problema político y de obstinación, con políticas que no han logrado el crecimiento y el empleo ofrecido, y sí han generado en cambio más desigualdad y pobreza.

El proyecto oficial tiene por objetivo salvar el año fiscal y cuadrar las cuentas; carece de una visión de largo plazo y abunda en más de lo mismo. Para nosotros, lo urgente, lo inaplazable, es revertir la recesión, no ahondarla; poner en marcha nuevamente a las empresas que han cerrado e impulsar a otras y promover fuentes de trabajo para amplios grupos de población; esa es la forma más efectiva de combatir la pobreza, no con limosnas asistencialistas y electoreras.

Pero, al mismo tiempo, iniciaremos los cambios estructurales que deben adoptarse en los próximos meses impulsando: una reducción del gasto corriente improductivo; un programa sostenido de inversiones por no menos de tres años; la renovación de la banca de desarrollo para apoyar sectores clave de la economía; cambios en el sistema financiero que hagan compatibles la política monetaria con las de crecimiento y empleo, y generen mayor financiamiento de la banca comercial a los sectores productivos disminuyendo su costo; y un federalismo económico y social que contrarreste el centralismo y la opacidad de las decisiones, acercando éstas y la evaluación de sus resultados a la sociedad.

Asimismo, iniciaremos, junto con nuestra colegisladora, un proceso de revisión de la política de administración fiscal, incluyendo los regímenes especiales, para aumentar el número de causantes y elevar la recaudación a niveles acordes con la recuperación de la economía y el empleo.

Mientras tanto, como lo han hecho otros países, pugnaremos por una política contracíclica que utilice prudentemente el déficit para financiar proyectos de inversión pública, incentivar a sectores económicos estratégicos y apoyar los programas de estados y municipios.

Para ello, incorporaremos el concepto de Balance Presupuestal Multianual, estableciendo la obligación legal de que, una vez superada la emergencia, los superávit que se generen se destinen al pago de la deuda contraída durante la recesión, para recobrar el equilibrio de las finanzas públicas en un plazo razonable, importante objetivo de nuestra política fiscal contracíclica.

Los diputados ya se integraron a las comisiones y estamos en plena comunicación con el Senado; es la hora de lograr los acuerdos necesarios para recuperar el crecimiento económico y el empleo con desarrollo social, para el bienestar de todos los mexicanos.

EL UNIVERSAL, 6 octubre, 2009 http://bit.ly/d8PDlV

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+No existe liderazgo ni se ven medidas conexas

+Cuatro conjuntos de propuestas para mitigar daños

+Indispensable regulación y transparencia financiera

EL EMPLEO
Francisco Rojas

En la primera campaña presidencial de Bill Clinton un asesor acuñó la frase: “es la economía, estúpido”, para resaltar la principal preocupación del electorado. Ahora, en el mundo, la palabra clave es “empleo”. Los índices de desocupación crecen a pasos agigantados; los despidos se incrementan y los gobiernos desempolvan políticas anticíclicas para generar empleo sin descuidar, en algunos casos, las perspectivas de largo plazo a través de la educación y las innovaciones tecnológicas.

En México, parece que la tónica es el silencio, posiblemente para no alarmar a una sociedad a la que consideran ignorante de lo que sucede. No existe liderazgo ni se ven medidas conexas que respondan a un plan integral; en vez de cuidar a pequeños y medianos productores, que son los que generan el mayor empleo, a los que no apoya la banca comercial ni la de desarrollo y que ven cerrase el financiamiento de proveedores, proponen bajar aranceles dizque para proteger al consumidor. Jamás podremos competir con una China que está depreciando su moneda y bajando el precio de sus productos y fletes marítimos para proteger sus mercados.

Si se logran abandonar paradigmas, resabios ideológicos y actuar con pragmatismo, que aún no se aprecia en los dirigentes políticos, empresariales y sindicales, se podría convocar a un gran acuerdo nacional en torno a cuatro vertientes:

1. Utilizar la política fiscal para reactivar la economía, generar empleos y mantener el consumo, partiendo de la base que es más importante el monto, destino y eficiencia del gasto público que el origen de los recursos; financiar de manera adecuada el rescate de empresas, las funciones ampliadas de la banca de desarrollo y el combate a la pobreza; revisar la política de subsidios agrícolas reorientándolos a infraestructura y a los apoyos directos y no al ingreso de los que más tienen, como hasta ahora; federalizar los avalúos catastrales, a través del INEGI, para eliminar presiones locales y aumentar los ingresos de los municipios; evaluar la incidencia del IETU sobre las empresas en época de crisis.

2. Financiar a los productores, incluyendo el sector agrícola, mediante cambios regulatorios para ampliar y abaratar el crédito de la banca comercial y la de desarrollo a la que hay que fortalecer; alinear y reorientar todos los programas oficiales de apoyo, exigiendo a la banca comercial canalizar recursos a este fin.

3. Cuidar el mercado interno, protegiéndolo de competencias desleales; revisar tratados con países con los que somos deficitarios; financiar a productores orientados al mercado interno, tal como se hace con los exportadores; rescatar a deudores con incapacidad temporal de pago.

4. Fortalecer la supervisión, regulación y transparencia del sistema financiero, para cuidar el manejo de riesgos y el flujo de información; abaratar las operaciones bancarias; obligar a los bancos extranjeros a cotizar en Bolsa, para igualar condiciones y ejercer una mayor supervisión; etc.

Son muchas las tareas pendientes y habrá que evaluar la factibilidad y el cronograma de las medidas sugeridas. El problema es mundial y durante mucho tiempo no podremos esperar auxilios externos. Tendremos que hacerlo nosotros con inteligencia, prudencia y patriotismo. El esfuerzo es de todos.

EL UNIVERSAL, 16 de diciembre, 2008  http://bit.ly/bv7FrM

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