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Posts Tagged ‘Banca privada’

11 de octubre 2009:

Los legisladores del PRI impulsamos en el Congreso medidas sólidas para reactivar la economía, entre ellas, acciones que promuevan mayor inversión en infraestructura, y reformas a la banca privada y de desarrollo para que otorguen más crédito productivo. ..Evaluamos eliminar diversos privilegios fiscales a empresas y sectores, que han mermado la recaudación y disminuido con ello el potencial de acción del gobierno federal…Asimismo, impulsaremos reformas legales para institucionalizar una política contracíclica, que haga un uso prudente del déficit para financiar proyectos de inversión o incentivar a sectores económicos estratégicos, estableciendo el concepto de Balance Presupuestal Multianual.

… se busca establecer mecanismos para acceder a deuda cuando haya un debilitamiento en las finanzas públicas y la economía lo requiera, y que esa deuda se pague con excedentes de ingresos públicos una vez que la economía se reactive, en un plazo razonable.

También el PRI promoverá reformas legales para eliminar los subejercicios de gasto…

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+ De un extremo a otro la apreciación oficial sobre la Economía

+ Ruptura de las cadenas productivas y sin Banca de Desarrollo

+El gobierno carga a los pobres el costo de sus errores

SEAMOS VERACES

Francisco Rojas

Algunos de los problemas argumentados para aumentar los impuestos y disminuir o diferir proyectos de inversión no fueron provocados por situaciones externas: no vino de fuera la baja de la producción petrolera, la disminución de las inversiones para aumentar las reservas ni el derroche de los recursos de Pemex; tampoco la carencia de una política industrial, el abatimiento de la industria de la transformación y la ruptura de las cadenas productivas; tampoco el desmantelamiento de la banca de desarrollo y el manejo de la banca comercial; y mucho menos el aumento explosivo de la alta burocracia y sus prestaciones, fuera de toda proporción.

La versión de las autoridades sobre la economía nacional pasó rápidamente de la autocomplacencia al catastrofismo. La primera desestimaba los efectos de la crisis financiera internacional y hacía alarde de la fortaleza de las finanzas públicas debido a su “manejo responsable” y al blindaje de la economía. Ninguno de estos argumentos aludía a la economía real: producción, empleo o demanda interna, entre otros.

Pasadas las elecciones de julio, la versión cambió radicalmente y se reveló con alarma la existencia de un faltante financiero para 2010 por 375 mil mdp. Esto fue el preámbulo del anuncio de cambios “de fondo” sin considerar su factibilidad política, el principal de los cuales fue la nueva prioridad declarada: el combate a la pobreza.

Estamos de acuerdo con el objetivo, pero el gobierno no le puede cobrar a los mismos pobres, a la clase media y a las pymes el costo de sus errores e imprevisiones. No es correcto presentar esas contribuciones como un esfuerzo de solidaridad con los más pobres, como el único medio para comprar vacunas ni como expresión de amor a la patria. Se trata de un problema financiero que puede y debe resolverse sin dañar más el precario nivel de vida de la gente. Más que un problema fiscal es un problema político y de obstinación, con políticas que no han logrado el crecimiento y el empleo ofrecido, y sí han generado en cambio más desigualdad y pobreza.

El proyecto oficial tiene por objetivo salvar el año fiscal y cuadrar las cuentas; carece de una visión de largo plazo y abunda en más de lo mismo. Para nosotros, lo urgente, lo inaplazable, es revertir la recesión, no ahondarla; poner en marcha nuevamente a las empresas que han cerrado e impulsar a otras y promover fuentes de trabajo para amplios grupos de población; esa es la forma más efectiva de combatir la pobreza, no con limosnas asistencialistas y electoreras.

Pero, al mismo tiempo, iniciaremos los cambios estructurales que deben adoptarse en los próximos meses impulsando: una reducción del gasto corriente improductivo; un programa sostenido de inversiones por no menos de tres años; la renovación de la banca de desarrollo para apoyar sectores clave de la economía; cambios en el sistema financiero que hagan compatibles la política monetaria con las de crecimiento y empleo, y generen mayor financiamiento de la banca comercial a los sectores productivos disminuyendo su costo; y un federalismo económico y social que contrarreste el centralismo y la opacidad de las decisiones, acercando éstas y la evaluación de sus resultados a la sociedad.

Asimismo, iniciaremos, junto con nuestra colegisladora, un proceso de revisión de la política de administración fiscal, incluyendo los regímenes especiales, para aumentar el número de causantes y elevar la recaudación a niveles acordes con la recuperación de la economía y el empleo.

Mientras tanto, como lo han hecho otros países, pugnaremos por una política contracíclica que utilice prudentemente el déficit para financiar proyectos de inversión pública, incentivar a sectores económicos estratégicos y apoyar los programas de estados y municipios.

Para ello, incorporaremos el concepto de Balance Presupuestal Multianual, estableciendo la obligación legal de que, una vez superada la emergencia, los superávit que se generen se destinen al pago de la deuda contraída durante la recesión, para recobrar el equilibrio de las finanzas públicas en un plazo razonable, importante objetivo de nuestra política fiscal contracíclica.

Los diputados ya se integraron a las comisiones y estamos en plena comunicación con el Senado; es la hora de lograr los acuerdos necesarios para recuperar el crecimiento económico y el empleo con desarrollo social, para el bienestar de todos los mexicanos.

EL UNIVERSAL, 6 octubre, 2009 http://bit.ly/d8PDlV

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+No existe liderazgo ni se ven medidas conexas

+Cuatro conjuntos de propuestas para mitigar daños

+Indispensable regulación y transparencia financiera

EL EMPLEO
Francisco Rojas

En la primera campaña presidencial de Bill Clinton un asesor acuñó la frase: “es la economía, estúpido”, para resaltar la principal preocupación del electorado. Ahora, en el mundo, la palabra clave es “empleo”. Los índices de desocupación crecen a pasos agigantados; los despidos se incrementan y los gobiernos desempolvan políticas anticíclicas para generar empleo sin descuidar, en algunos casos, las perspectivas de largo plazo a través de la educación y las innovaciones tecnológicas.

En México, parece que la tónica es el silencio, posiblemente para no alarmar a una sociedad a la que consideran ignorante de lo que sucede. No existe liderazgo ni se ven medidas conexas que respondan a un plan integral; en vez de cuidar a pequeños y medianos productores, que son los que generan el mayor empleo, a los que no apoya la banca comercial ni la de desarrollo y que ven cerrase el financiamiento de proveedores, proponen bajar aranceles dizque para proteger al consumidor. Jamás podremos competir con una China que está depreciando su moneda y bajando el precio de sus productos y fletes marítimos para proteger sus mercados.

Si se logran abandonar paradigmas, resabios ideológicos y actuar con pragmatismo, que aún no se aprecia en los dirigentes políticos, empresariales y sindicales, se podría convocar a un gran acuerdo nacional en torno a cuatro vertientes:

1. Utilizar la política fiscal para reactivar la economía, generar empleos y mantener el consumo, partiendo de la base que es más importante el monto, destino y eficiencia del gasto público que el origen de los recursos; financiar de manera adecuada el rescate de empresas, las funciones ampliadas de la banca de desarrollo y el combate a la pobreza; revisar la política de subsidios agrícolas reorientándolos a infraestructura y a los apoyos directos y no al ingreso de los que más tienen, como hasta ahora; federalizar los avalúos catastrales, a través del INEGI, para eliminar presiones locales y aumentar los ingresos de los municipios; evaluar la incidencia del IETU sobre las empresas en época de crisis.

2. Financiar a los productores, incluyendo el sector agrícola, mediante cambios regulatorios para ampliar y abaratar el crédito de la banca comercial y la de desarrollo a la que hay que fortalecer; alinear y reorientar todos los programas oficiales de apoyo, exigiendo a la banca comercial canalizar recursos a este fin.

3. Cuidar el mercado interno, protegiéndolo de competencias desleales; revisar tratados con países con los que somos deficitarios; financiar a productores orientados al mercado interno, tal como se hace con los exportadores; rescatar a deudores con incapacidad temporal de pago.

4. Fortalecer la supervisión, regulación y transparencia del sistema financiero, para cuidar el manejo de riesgos y el flujo de información; abaratar las operaciones bancarias; obligar a los bancos extranjeros a cotizar en Bolsa, para igualar condiciones y ejercer una mayor supervisión; etc.

Son muchas las tareas pendientes y habrá que evaluar la factibilidad y el cronograma de las medidas sugeridas. El problema es mundial y durante mucho tiempo no podremos esperar auxilios externos. Tendremos que hacerlo nosotros con inteligencia, prudencia y patriotismo. El esfuerzo es de todos.

EL UNIVERSAL, 16 de diciembre, 2008  http://bit.ly/bv7FrM

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