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Posts Tagged ‘Comisiones’

+ Desde 2008 empezaron a declinar todos los indicadores

+ La advertencia de Banxico, desatendida por motivos electorales

+ Efectos de la recesión impactan en  el ánmo de los mexicanos

RECUPERAR EL ANIMO

Francisco Rojas

Es explicable –y lamentable– el desánimo social que, con fundadas razones, ha cundido entre los mexicanos. Desde mediados del 2008 empezó la declinación de los principales indicadores económicos, al tiempo que el gobierno promovía reformas regresivas en áreas esenciales, como la energética. El modelo exportador se tambaleó.

La caída se inició con la desaceleración de Estados Unidos, de la que dependen más de cuatro quintas partes de nuestro comercio exterior y el grueso del flujo de capitales y tecnología. La reacción en cadena frenó la economía real y, al principio, parecía no afectar al sector financiero, al que se creía “blindado” e invulnerable a las calamidades del entorno mundial.

El “boquete fiscal” fue advertido por el Banco de México desde abril de 2009 y en el primer Informe Trimestral de las Finanzas Públicas, pero se decidió ignorarlo por motivos electorales. El problema, sin embargo, era real y tuvo efectos demoledores sobre el conjunto de la economía: contracción de los créditos a la producción, en especial a las pequeñas y medianas empresas, cierre de empresas, despidos, morosidad en el pago de créditos, desaceleración del consumo y demás fenómenos conocidos.

El ánimo social empezó a declinar a medida que la recesión afectaba la vida misma de la gente. No fue para menos: cientos de miles de hombres y mujeres jefes de familia han perdido su empleo y millones de mexicanos cayeron en la pobreza alimentaria y de otras modalidades. Lo anterior, sumado a otras viscitudes provocó que el presidente Felipe Calderón comentara con alivio en una reciente reunión social que “lo mejor de 2009 es que ya va a terminar”.

Pero en las sociedades como en las personas, el desaliento socava las capacidades, ahonda la aflicción e incapacita para la acción. México tiene salidas y los mexicanos también, a condición de que no nos derrotemos a nosotros mismos como país ni como sociedad. Hay razones para recuperar el ánimo; el reporte de The Economist sobre las proyecciones económicas para 2010, por ejemplo, prevé que el PIB mexicano crecerá en un 3% en 2010 y la capacidad de compra del país será de 14,380 dólares por habitante, cifra similar a las de Argentina (14,630), Chile (15,010) y Rusia (15,330), y superior a la de Brasil, que se situará en los 10,740 dólares por persona.

Lo anterior abre grandes posibilidades para apoyarnos en nuestro mercado interno, a condición de que cambiemos de paradigmas para disminuir nuestra dependencia del mercado externo, sin perder las ventajas de la globalización, y retomemos las verdaderas prioridades de la sociedad: el impulso efectivo a las empresas pequeñas y medianas, la disminución de los índices escandalosos de desempleo y el abatimiento de la pobreza con políticas que articulen la capacitación con la apertura de fuentes de trabajo permanentes y no atenidos a los programas asistencialistas. Hay soluciones, como las empresas familiares que conviven con las modernas compañías de la India, no como “changarros” sino como micro-negocios productivos, para cuyo financiamiento se creó un banco que proporciona créditos a tasas de interés y plazos accesibles.

Los legisladores del PRI estamos comprometidos a promover medidas eficaces para frenar los efectos devastadores de la crisis sobre la población y reactivar la economía, no sólo a través de políticas hacendarias progresivas que alienten la inversión y el empleo y otras medidas. Sino también mediante una asignación más eficiente de los recursos públicos y una mejor vigilancia de su administración y ejecución, transparente y con rendición de cuentas.

El trabajo permanente en las Comisiones y la acción más escrupulosa de la Auditoría Superior de la Federación son factores importantes para una tarea que no sólo es de los legisladores o el gobierno, sino de todos, sin desaliento por los tiempos malos y con fundada confianza en nosotros mismos.

México no está al borde de la catástrofe y tiene potencial para recuperar su crecimiento económico con verdadero desarrollo social. Depende de nosotros; de que no bajemos la guardia; de que hagamos las reformas que realmente requiere el país y no nos contentemos sólo con paliativos para volver a más de lo mismo; depende de que recobremos el ánimo y la esperanza. La Independencia y la Revolución centenarias nos enseñan que el pueblo mexicano es capaz de grandes hazañas cuando tienen líderes reales que saben lo que quieren y se rodean de los mejores hombres.

EL UNIVERSAL 15 diciembre, 2009 http://bit.ly/dx4CBg

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30 de septiembre 2009:

Las comisiones se presiden de acuerdo con las negociaciones que se llevan a cabo y de acuerdo con la proporción que tiene cada bancada. Entonces, por mencionarles algo, entiendo que en las últimas dos legislaturas la Comisión de Educación la tenía el PRD, ahora la tenemos nosotros, el PRI, cambiaron las circunstancias, cambiaron las proporciones y creo que esto es producto de una negociación específica en cada legislatura.

ENTREVISTA DE MEDIOS, 30 de septiembre, 2009.- http://bit.ly/jxlqGC

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+ Con reformas light, habrá crisis en 2012 o antes

+ Opacidad en el destino, control y evaluación del gasto

+ Es mejor reforzarlas y no crear instituciones paralelas

LAS INSTITUCIONES Y LA REALIDAD

Francisco Rojas

Las reacciones respecto al proyecto de reforma hacendaria, al régimen fiscal de Pemex y a la visita del presidente de Brasil son ejemplos de cómo hemos ido restándole credibilidad a las instituciones y distanciándolas cada vez más de la realidad.

Nuevamente se ha mostrado con crudeza nuestra acendrada reticencia a pagar impuestos y nuestra voluntad por apoyar una reforma fiscal que surta efecto sólo en “los bueyes de mi compadre”. La desgarradura de vestiduras es patética y las amenazas y chantajes abundan; la debilidad de las instituciones se ha hecho evidente y nuevamente tendremos una reforma light, que permite vislumbrar una posible y peligrosa crisis alrededor de 2012 o antes, si es que la situación financiera internacional se escapa de control.

Atrás de la desconfianza popular en las instituciones y su renuencia para cumplir con sus obligaciones ciudadanas está la opacidad del destino, control y evaluación del gasto público, que constituye otro ejemplo de evasión de responsabilidades y abandono de facultades institucionales. En la vigente Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria se determinó establecer un Sistema de Evaluación de Resultados que tendría que estar terminado en 2008, y se previó en el espíritu de la ley otorgar mayores facultades al Congreso, a través de la Auditoría Superior de la Federación, para exigir información oportuna, transparente y la rendición de cuentas sobre los resultados obtenidos con el pago de impuestos.

Pero lejos de demandar el cumplimiento de la ley, parece ser que algunos legisladores e intelectuales avalan empezar todo de nuevo apoyando la creación de un consejo o un instituto de evaluación, con más burocracia y gasto que, además de descubrir el hilo negro, libere de responsabilidades a quienes ya deberían estar creando con las dependencias y entidades los indicadores de gestión, formulando con ellas los esquemas de compromisos y diseñando los sistemas de información y rendición de cuentas.

Vaya manera de hacer valer la investidura que el pueblo les confirió como sus representantes, ya que en vez de reforzar las instituciones existentes parece ser que se quiere crear otras paralelas y que una junta de notables gobierne el sistema y, por qué no, el país.

¿Por qué, en su lugar, no se dota a las comisiones del Congreso de mayores facultades y medios para que funcionen permanente y eficazmente en el control y evaluación concomitante de la política hacendaria? ¿Por qué no se hace lo mismo con la Auditoria Superior de la Federación y se le otorgan “dientes” y presupuesto para que funcione verdaderamente como el órgano de control y evaluación del Poder Legislativo?

La visita del presidente brasileño, además de grata, fue una saludable corrección de las torpezas e infantilismos de Fox. Su presencia y expresiones despertaron entusiasmo y alimentaron esperanzas de un nuevo entendimiento y una posible solución a ciertos problemas, especialmente el energético. Pero disipado el humo diplomático, hay que analizar cuidadosamente las declaraciones de los experimentados y hábiles directivos de Petrobras.

El señor Gabrielli de Azevedo, su presidente, declaró que “no les interesan ni los contratos de servicios múltiples ni los de obra pública que utiliza Pemex”. Otros funcionarios señalaron que Petrobras sólo opera mediante contratos de riesgo, en los que se compartan beneficios de la extracción, tanto en términos de volumen como de registro en libros de reservas descubiertas, así como los riesgos inherentes en caso de no encontrarse hidrocarburos.

Dichos funcionarios conocieron los proyectos para aguas profundas que contempla Pemex en su Plan de Negocios 2007-2015, y dado que éstos tomarían de seis a ocho años desarrollarlos, daría “tiempo suficiente para desarrollar nuevos modelos de contratos que permitieran la inversión privada”, que ahora está vedada constitucionalmente.

Las declaraciones anteriores seguramente acelerarán a los que quieren privatizar Pemex a cualquier costo, desalentarán a otros que veían a Petrobras como la salvación pero, para muchos de nosotros, serán un incentivo para encontrar nuestras propias soluciones, que no son simplemente darle más recursos al organismo. Pemex requiere efectivamente mayores recursos para exploración, compra de tecnología, investigación y capacitación para explotar las aguas profundas, los campos maduros, el gas, modernizar el sistema de refinación y el de ductos, invertir en alianzas estratégicas, etcétera.

Pero debe ser un enfoque integral que comprenda, además, una cirugía mayor en sus sistemas operativos y gerenciales, una organización y funcionamiento como empresa, sanear pasivos contraídos para financiar gasto corriente del gobierno federal, una política de precios realista, una adecuada política laboral, etcétera, pero sobre todo, que se le desligue del trapecismo político y financiero para mantener el equilibrio fiscal en las cuentas nacionales.

EL UNIVERSAL, 21 AGOSTO, 2007.- http://bit.ly/dtLovX

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