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Posts Tagged ‘Confianza’

+ Padecemos corrupción, opacidad y ductibilidad de la justicia

+ Son omisos o tuercen las leyes,  los encargados de aplicarlas

+ En realidad son delincuentes investidos de autoridad temporal

+ Caso Polanco: Excesos de los menos y sumisión de los más

IMPUNIDAD

Francisco Rojas 

 Los problemas que se han creado y crecido en el país durante los últimos años —violencia, mayor desigualdad y pobreza, desempleo, letargo económico, degradación educativa— han propiciado un preocupante deterioro tanto en la administración pública como en la propia sociedad, que se manifiesta en la agudización de la impunidad y los vicios inherentes: corrupción, opacidad, ausencia de rendición de cuentas, influyentismo y ductilidad del sistema de justicia.

Emitir nuevas leyes y reformar algunas vigentes,  cobra relevancia porque necesitamos que el marco jurídico refuerce el respeto a derechos humanos y garantías individuales, proteja instituciones y servidores públicos y fortalezca el Estado de derecho. No podemos permitir que el mundo nos catalogue como un pueblo de corruptos y delincuentes. En el ser nacional debe arraigarse la ley como uno de los valores esenciales de la convivencia. Antes lo hemos hecho: en cada salto de nuestra historia convertimos en leyes los nuevos consensos nacionales, confiados en que un orden jurídico renovado sería el primer paso hacia un orden social más justo.

 El respeto al derecho fue un pilar de la política exterior mexicana del siglo XX, que prestigió al país y le dio un firme liderazgo moral en el mundo. Pero por justas y avanzadas que sean las leyes, son inútiles cuando los encargados de aplicarlas son omisos o las tuercen en beneficio propio o de afines. La impunidad y corrupción deterioran la vida nacional, y no lo debemos permitir.

 La impunidad y la corrupción —que no son privativas de nuestro país y tienen sus orígenes en las prácticas patrimonialistas del régimen colonial— se han agravado y extendido en lo que va del siglo XXI, y si no logramos contenerlas seguirán envileciendo la vida pública.

La impunidad ha permeado la conciencia de algunos estratos de la sociedad, como lo ilustra el ejemplo grotesco de las dos mujeres que atacaron y ofendieron a unos policías en Polanco. Cuando estas lacras éticas se generalizan y convierten en reglas no escritas de convivencia social, el orden jurídico pierde eficacia y, peor, se convierten en un instrumento más de excesos de los menos y sumisión de los más, lo que puede fracturar a la sociedad y poner en crisis al Estado de derecho.

 La impunidad se ha convertido en práctica corriente en todas las escalas del poder: desde las irregularidades toleradas en las grandes licitaciones, como parece haber ocurrido en una o varias etapas de la inconclusa Estela de Luz, hasta el allanamiento de domicilios sin orden judicial.

 La falta de transparencia y rendición de cuentas en el servicio público solapa los más variados actos de corrupción y favorece la impunidad de delincuentes investidos de autoridad temporal.

 Esta es una de las razones más ostensibles de la pérdida de confianza social en sus autoridades. Más cuando la administración pública no produce resultados perceptibles pese a los gastos desmesurados del gobierno en publicitar lo que no ha logrado o ha conseguido marginalmente.

 La sociedad y las instituciones del Estado deberían leer bien el bajo índice de denuncias de las víctimas del delito y el porcentaje aun menor de la consignación de los presuntos delincuentes, muchos de los cuales son exonerados y que, cuando entran en prisión, disfrutan de privilegios y continúan delinquiendo desde su cautiverio.

 La falta de un castigo merecido inhibe a los ciudadanos denunciar ilícitos porque lo ven inútil y hasta peligroso. Paralelamente, estimula a los delincuentes que saben que la posibilidad de ser castigados por sus actos criminales es muy baja.

 La lucha frontal en contra de la impunidad y sus vicios colaterales puede ser la última oportunidad para rescatar el respaldo de la sociedad a las instituciones y a una clase política tan sistemáticamente desprestigiada; ésa tendría que ser una de las políticas públicas de largo plazo del próximo gobierno.

 Urge la promoción activa de una cultura de respeto a las personas y a las leyes. Urge la formación de una nueva mística del servicio público para que los ciudadanos recuperen la confianza en las instituciones y en las autoridades. Urge una gran revolución de las conciencias que revalore la ley y su respeto irrestricto como requisito de toda convivencia civilizada.

EL UNIVERSAL, 4 octubre, 2011.-

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26 de mayo 2010

… Debemos confiar, porque es la única forma en que nuestro país pueda tener una vida tranquila, ordenada y sujeta a un Estado de Derecho. De otra manera, estaremos entrando a la ley de la selva.

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21 de marzo 2010:

…para fortalecer a PEMEX  la ayuda no vendrá de afuera; antes bien, una industria débil atraerá propuestas leoninas, negocios desventajosos y tratos inequitativos, de ahí que México más que nunca debe voltear a ver a sus hombres y mujeres y confiar en ellos, porque sólo de ellos obtendrá la fuerza para generar las soluciones que la industria requiere.

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