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Posts Tagged ‘Corrupción’

+ Nunca como ahora, tan amenazada la integridad nacional

+ Tenemos que prestigiar la Política al servicio de la gente

+ Seamos  Estado solidario, democrático y con justicia social

+ Con el panismo perdimos respeto y prestigio internacional

+ Ocho ejes rectores para elaborar una plataforma de gobierno

+ Urgente y necesario voltear la mirada hacia los jóvenes

Con el senador Beltrones, el profesor Moreira y el licenciado Bernal

 (Conferencia en el Encuentro Académicos y Líderes de Opinión, de la Fundación Colosio, A.C., con la asistencia del Presidente del CEN del PRI, profesor Humberto Moreira; del coordinador del PRI en el Senado, senador Manlio Fabio Beltrones y, del presidente de la Fundación Colosio, Marco Antonio Bernal):

 Muy buenos días tengan todas y todos ustedes, para mí es muy grato estar en este foro organizado por la Fundación Colosio, en donde tuve el privilegio y honor de servir por un par de años como su presidente, y para mí representa una institución extraordinariamente querida.

Felicito a mi compañero y amigo Marco Antonio Bernal, por la organización de estos foros, que nos permite en el partido tener estos diálogos que seguramente van a redundar en la instauración de un gran programa que sea el catalizador de los objetivos que persigue nuestro partido en las próximas elecciones.

Me da mucho gusto saludar al presidente de mi partido, al profesor Humberto Moreira Valdés,   a mi amigo de tantos y tantos años y de tantas batallas, el senador Manlio Fabio Beltrones, que hemos tenido muchísimos años de trabajo conjunto, a veces muy cerca, a veces menos cerca, pero siempre juntos.

A todos ustedes por estar aquí el día de hoy:

Para la salud de la República, éste es un tiempo crucial.   Nunca como ahora habían coexistido tantas amenazas a la integridad de la nación y tanta desesperanza y preocupación en la gente.

Frente a un Estado confundido y confrontado, la política nos muestra los valores que pueden volver a cohesionar a la sociedad en torno al respeto a las instituciones y la confianza en su gobierno.

Nunca como ahora se había requerido revitalizar la política, llenarla de prestigio, hacerla útil, volverla a poner al servicio de la gente.

Para eso hace falta un amplio ejercicio de autocrítica que ponga en marcha un proceso de renovación que deje incólumes los valores permanentes pero limpie la casa de las ineptitudes, corruptelas, simulaciones, disimulos y torpezas que han lastrado la política de los últimos años y han llevado al país a la situación lamentable en que se encuentra.

Tenemos que prestigiar la política y restaurar el honor del político de bien, el que pone los ojos en solventar las necesidades de la gente.

Con Moreira y Bernal

  Para ello debemos volver al modelo que construyeron los Constituyentes de  1917  y reafirmar sus líneas esenciales:  un Estado solidario, democrático, con justicia social.   Un Estado con eminentes perfiles populares, organizado por una ley superior que por su alta jerarquía, constituya vínculos de unión, plataforma de lucha y convocatoria a la unidad.

La educación pública, la salud de la población y la seguridad pública fueron los pilares del modelo que construyó una sociedad que no optó por el capitalismo ortodoxo, sino por la cohesión social y la búsqueda del bien para todos.

La Constitución ha sido por muchos años el código superior que no sólo otorgaba y otorga las garantías individuales tradicionales, sino las garantías sociales:  el derecho a la tierra, a la educación y al trabajo.

También teníamos claramente definido un modelo de gobierno de orientación popular y con vocación democrática, que garantizó la renovación pacífica y periódica del poder con armonía social durante  70  años.

RECUPEREMOS LA VIGENCIA DE LA CONSTIUCIÓN

¿Qué debemos rescatar de todo aquello?   ¿Cómo recuperaremos la vigencia real y plena de la Constitución?   ¿Cómo volveremos a convertir al Estado en un ente público con perfiles sociales, capaz de garantizar el cumplimiento de la Ley en todo el territorio nacional?

Tenemos que restaurar la soberanía de la nación y recuperar el prestigio de México en el mundo.

Tenemos que volver a nuestras raíces, a lo que somos, multiplicar nuestros logros y superar nuestros problemas;  aportar una vez más a la cultura universal a partir de nuestra herencia indígena y los valores del mestizaje que sintetiza el tiempo y el ser de México.

Tenemos que volver a prestigiar lo mexicano.

Los perfiles que nos dieron un lugar en la universalidad de la que poco a poco hemos ido quedando al margen.

México construyó una identidad y un proyecto nacional, que fue alternativa y paradigma frente a la polarización entre el capitalismo y el socialismo.

México fue refugio para los perseguidos, promotor de la paz, la solidaridad y la cooperación, y eso hizo posibles el respeto y prestigio internacionales que se perdieron en los años del panismo.

DESDE EL PODER  YA NO SE PIENSA EN EL MODELO PROPIO

Construimos y propusimos un modelo propio que se resumía en el proyecto de una Constitución que dispone la rectoría del Estado en los procesos del desarrollo y postula la justicia social sobre la base de la propiedad originaria de la nación sobre los recursos naturales.

Desde el poder ya no se piensa en eso;  ya no se reflexiona en los valores de la justicia agraria y la propiedad nacional de las tierras, las aguas y los energéticos.

Ya no se piensa en que aquí construimos un sistema de seguridad social que abarcó el acceso de los mexicanos a la vivienda, a la salud, a la educación, a la cultura y el esparcimiento.

No debemos olvidar que las grandes instituciones de la República, como la Universidad Nacional, el Instituto Politécnico, la escuela rural o el combate eficaz y masivo al analfabetismo, impulsaron la movilidad social y nos mostraron ante el mundo como un país con un desarrollo sostenido que tenía como objetivo supremo la justicia social.

Todos estos procesos han ido languideciendo porque no hemos sabido contrarrestar la embestida de la publicidad impulsora de un modelo económico depredador, que está empujando al mundo entero a la ruina.

Ya no hay excusa que explique el fracaso del modelo fundado en la ambición monopólica del capitalismo especulativo que combatió al Estado de Bienestar.

Ayer nos dijeron que había que seguir el ejemplo de países supuestamente audaces que habían alcanzado los objetivos del capitalismo y la supremacía absoluta de los mercados.

Se nos llegó a decir incluso que la Historia había llegado a su fin, que el hombre ya sólo tenía que producir y disfrutar.

Ya no podrán decirlo nunca más, porque en condiciones idóneas, sin rivales, sin regulación, la crisis ha renacido y amenaza con sembrar la desigualdad y la pobreza en todas las latitudes.

Nosotros no hemos padecido tanto como otros países que lo privatizaron todo y creyeron en la fortaleza infalible del mercado.   Aquí, en México, nos mantiene a flote entre otros, la propiedad nacional de los energéticos, que dan garantía y seguridad al desempeño económico en cualquier parte de la Tierra.

Tenemos una sólida estructura de partidos políticos que, con sus diferencias y errores, han tenido una interlocución permanente con sus militancias;  pero al gobierno le ha faltado audacia, imaginación, y sentido y sentimientos políticos reales, para dialogar con los partidos a fin de enfrentar, entre todos, los problemas no resueltos de la desigualdad y la injusticia social.

Hemos entendido la lección que viven los pueblos que limitaron su crecimiento o se abandonaron a la lógica exclusiva y estricta de los países poderosos.   Estamos dependiendo demasiado de las recetas económicas que ahora se muestran fallidas y no hemos sabido defender el Estado de Bienestar que se había desarrollado en nuestro país.

Por eso, más allá de las medidas concretas, de las decisiones coyunturales o de los programas asistencialistas, es necesario transformar la manera de practicar la política devolviéndole a ésta un sentido de Estado.

La nueva política debe tener como eje rector el combate a la impunidad, a la corrupción, a la opacidad y a la falta de rendición de cuentas, así como la erradicación de las maniobras indebidas en el ejercicio de las acciones públicas.

Tenemos que volver a generar confianza en las instituciones.   Con honradez, con lealtad a la gente y con eficacia en el ejercicio del gobierno, no habrá necesidad de manipulaciones publicitarias que pretenden suplantar las acciones y resultados de la gestión de gobierno.

Tenemos que construir un andamiaje jurídico que privilegie la confianza y no se limite a acumular candados y diques entre unos y otros, como lo ha hecho este gobierno, que no fue capaz siquiera de construir un simple monumento para conmemorar el Bicentenario, empantanado en un resumidero de maniobras, corruptelas, abusos e insolencia, que constituyen el ejemplo de lo que no debe volver a repetirse en la vida pública.

Es necesario volver a prestigiar a la autoridad y recuperar los alicientes para que la gente vuelva a creer en sus instituciones y vuelva a respetarlas.

Acciones de este tipo son las que van a sustentar la reconstrucción del poder, la moralidad en el servicio público y la eficacia.

INDISPENSABLE VOLTEAR LA MIRADA A LOS JÓVENES

Otra vertiente indispensable es poner la mirada en los jóvenes.

Estamos metiendo a los jóvenes en una realidad convulsa, dividida, desigual, violenta, pobre y despiadada.

Hay que aprender de la historia.   Muchos jóvenes mexicanos son carne de cañón de la delincuencia porque no tienen opción;  crecieron en la calle, en medio del abuso, el alcoholismo, la drogadicción, la violencia intrafamiliar: en esto consiste el desgarramiento del tejido social.

Es inaceptable que el poder no muestre interés en que los jóvenes tengan empleo o escuela y que sólo se piense en ellos como consumidores de espectáculos y partícipes en desfiles deportivos.

Hay que hacer que los jóvenes vuelvan a sentirse orgullosos de ser mexicanos, leales a su país, comprometidos con la búsqueda de mejores alternativas para el futuro.

Hay que pensar en ellos, no como seres obsesionados por la diversión, como personas sin madurez a las que se puede manipular para excluirlos del desarrollo nacional.

Hay que multiplicar las escuelas y elevar la calidad de la enseñanza para que los jóvenes adquieran los conocimientos, habilidades y destrezas que exigen las ocupaciones actuales y tengan acceso a la creación artística y musical y a la práctica del deporte.   Hay que cultivar otra vez la cultura del esfuerzo como recurso lícito para el mejoramiento personal.

Es hora de mostrarles el México posible que será reconstruido con su esfuerzo y darles oportunidades reales en vez de dádivas y salarios exiguos, que se han convertido en la razón de ser de la política social en nuestro país.

Por otra parte, las nuevas avenidas del entendimiento con la sociedad deben estar fundadas en la sinceridad y en la decisión inquebrantable de decirle la verdad a los mexicanos.

Si queremos que la gente vuelva a confiar, tenemos que decir con claridad lo que se puede hacer y lo que no se puede lograr.

A nadie conviene crear paraísos artificiales de consumo y mucho menos practicar supuestas hazañas que luego se muestran alejadas de la realidad.

Es muy difícil cambiar radicalmente las cosas de la noche a la mañana, pero es necesario empezar a reconstruir la confianza perdida, mostrar una voluntad sincera y definir el rumbo con orientaciones que los ciudadanos puedan ver con claridad.

Se deben invertir los fondos públicos en la corrección de las causas de los problemas y no sólo de los efectos;  con espíritu de inclusión, tenemos que discutir entre todos los problemas que son de todos, y ser absolutamente honrados en el cumplimiento de la ley.

Amigos y amigas:

El infortunio nacional es resultado de la improvisación y la indebida conducción de los asuntos públicos en lo que va del siglo  XXI.

A su llegada al gobierno, el panismo recibió un bono democrático que ha dilapidado, un bono demográfico que ha convertido en desesperanza para toda una generación y un bono económico de crecimiento sostenido, finanzas sanas, tipo de cambio estable y recursos en abundancia.

El clima social de nuestro país se ha enrarecido, no sólo por la barbarie criminal que a diario reportan los medios, sino por la desigualdad, el aumento de la pobreza y del desempleo y por el estancamiento de la economía, que ya está resintiendo los efectos de la nueva contracción internacional, debido a  nuestra marcada dependencia respecto a Estados Unidos.

El enfoque monotemático de la violencia se mantiene inconmovible a pesar de que el número de muertes crece cada vez más;  los problemas de la Nación se banalizan con el ruido mediático inducido, que hace al poder insensible y sordo ante los reclamos de la sociedad.

El grave deterioro del país en todos los órdenes está formando la tormenta perfecta.

México exige soluciones inmediatas a problemas que han estallado o están a punto de estallar.   Con la misma urgencia es necesario definir por consenso y aplicar políticas de largo plazo, para emprender el camino desde el primer momento.

Las respuestas que la sociedad requiere deben atender las emergencias y, al mismo tiempo, construir políticas públicas de largo plazo, que trasciendan los límites de un gobierno, para que se definan y empiecen a aplicar de inmediato.

OCHO EJES RECTORES PARA LA PLATAFORMA

Dentro de la Plataforma de nuestro partido habrá que trabajar, a mi juicio, en torno a ocho ejes rectores:

  1. Aumentar el crecimiento de la economía como base para el estímulo a la inversión de los mexicanos y a la creación de los empleos en el sector formal, que demanda con urgencia el país.
  2. Reducir la aguda desigualdad que puede dividir a la Nación y combatir a fondo los mecanismos generadores de la pobreza y no sólo sus manifestaciones externas.
  3. Erradicar la impunidad y la corrupción,  hacer realidad la transparencia y la rendición de cuentas, así como blindar los sistemas de procuración y administración de justicia, para recuperar la confianza y la tranquilidad social.
  4. Continuar el combate al crimen organizado,  focalizando el uso de la fuerza pública en la eliminación de las modalidades del delito que más lastiman a la sociedad, para liberar las áreas y actividades que han sido sustraídas al Estado de Derecho por los grupos delincuenciales.
  5. Recuperar el ritmo de crecimiento de las grandes obras de infraestructura para ampliar la intercomunicación y fortalecer la producción nacional, el comercio exterior y el turismo, con el concurso armónico de los sectores público, privado y social.
  6. Alcanzar la seguridad alimentaria, cuya urgencia se advierte en la tendencia al encarecimiento irreversible de los granos y otros alimentos en los mercados internacionales
  7. Garantizar la seguridad energética, cerrar las fisuras privatizadoras de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad, reafirmar la propiedad originaria de la Nación sobre los recursos del subsuelo y, al mismo tiempo, intensificar la investigación sobre fuentes alternas y limpias de energía.   Y,
  8. Asegurar la conservación integral del agua, que será objeto de la discordia internacional en poco tiempo, así como la preservación del medio ambiente, que es corresponsabilidad de todos los gobiernos, pero responsabilidad irrenunciable de cada uno de nosotros.

Amigas y Amigos:

No tenemos que ir a buscar soluciones a otra parte.   La Constitución de  1917  y su progresiva aplicación fueron claves para pacificar al país después de la Revolución y definen claramente los principios orientadores de las acciones del Estado en las complicadas circunstancias del país de nuestro tiempo.

Debemos tener muy claro el rumbo.   La gran prioridad nacional es definir, con el consenso y concurso de todas las fuerzas políticas y organizaciones sociales, las soluciones apremiantes y las metas de México en el siglo  XXI,  y avanzar con firmeza para alcanzarlas.

El futuro presidente de la República, que estamos seguros  saldrá de las filas del PRI, tendrá que retomar el rumbo de la justicia social como expresión de la democracia y darle un nuevo liderazgo a los mexicanos.

Deberá ser el verdadero guía que convoque a todas las fuerzas políticas y organizaciones de la sociedad civil, a la suscripción de un gran acuerdo para revertir el deterioro del país y devolver la esperanza a la sociedad.

Su tarea no será fácil porque la conjunción de problemas y desaciertos que ha exacerbado el panismo, requiere tomar y  tener claros los lineamientos estratégicos y leer correctamente las grandes prioridades de la sociedad.

No se trata de negociar por negociar;  no se trata de lograr acuerdos a cualquier costo;  lo que el país exige es la formación de consensos con fines prácticos para articular respuestas eficaces y completas a los serios, muy serios desafíos nacionales.

Ninguno de los problemas tendrá una solución duradera si no se recupera la fortaleza de las instituciones nacionales, como lo ha propugnado nuestro partido desde su origen.

Los priistas entendemos que la sociedad nos está dando una oportunidad más que debemos aceptar de manera responsable, no para incurrir en egoísmos personales ni divisiones, sino para sumar talentos y esfuerzos y estar al lado del pueblo en sus luchas y demandas.

Ya hemos visto que cuando los enconos políticos polarizan a la sociedad, se entorpecen los acuerdos necesarios para salir adelante.

Por ello, necesitamos renovar las formas de hacer política para que las diferencias propias de la pluralidad potencien lo mucho en que coincidimos y permitan que cada quién cumpla con su responsabilidad sin odios ni discordias.

Nuestro país  es un país muy grande, privilegiado y con una ubicación estratégica única en el mundo, con grandes potencialidades y con activos económicos, políticos y sociales suficientes para volver pronto al sitio que nunca debimos de haber perdido.

Vamos a convocar juntos todos los priistas  a México a fortalecer al Estado nacional y a la república de todos, con democracia y justicia social.

Muchas gracias.

CONFERENCIA, 28 septiembre, 2011.-

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+ Bahamas y Namibia, mejor evaluados en Estabilidad Política

+ En vigencia del Estado de Derecho, también mal calificados

+ En su apogeo el índice de percepción de corrupción

GOBERNABILIDAD
• En el último reporte del Banco Mundial Governance Indicators México retrocedió en materia de gobernabilidad. En el rubro de Estabilidad Política y Ausencia de Violencia, en al año 2000 México obtuvo una calificación de 42 puntos sobre 100; en el año 2008 su calificación fue de 24, la más baja en los últimos 12 años, sobre todo si se compara con países como Bahamas (73) y Namibia (81) que resultaron mejor evaluados.

En el rubro Estado de Derecho, parámetro que analiza la confianza en las instituciones judiciales y la calidad de ejecución de sus acciones que tiene sobre el sistema en el país, México obtuvo 42 puntos en el año 2000; mientras que en el 2008 fue calificado con 30, por debajo de países como Bahamas (87), Chile (88), Costa Rica (63) y Kuwait (71).

Corrupción
• Según El Índice de Percepción de Corrupción en México elaborado por Transparencia Internacional, nuestro país ha pasado del lugar 51 en el año 2001 al lugar 98 en el 2010, de entre 178 países, por debajo de Barbados, Chile, Perú, Guatemala, Brasil, Costa Rica Uruguay, Botswana, Taiwán y Colombia.
• En el último reporte del Banco Mundial ya referido, en 2008 México fue calificado con 50 sobre 100 en materia de corrupción.

¿Son logros la pérdida de gobernabilidad, el deterioro del Estado de Derecho y el crecimiento explosivo de la corrupción?

¿10 AÑOS DE LOGROS? Presentación del pronunciamiento del Grupo Parlamentario del PRI, LXI Legislatura, Cámara de Diputados. 28 noviembre, 2010.- http://bit.ly/hsGkRv

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Tenemos que pensar si realmente vivimos mejor hoy que hace tres años o hace 10 años.

¿Vivimos mejor ahora que la inseguridad pública y la delincuencia que están desatados en todo el territorio, llenan a la población de temor y desconfianza?

¿Vivimos mejor ahora cuando las autoridades se han olvidado del juramento que hacen cuando toman posesión, de cumplir y hacer cumplir las leyes?

¿De veras vivimos mejor cuando el desempleo ha pasado del dos por ciento de la población económicamente activa, al seis por ciento el año anterior? Esos son los resultados del gobierno.

¿Viven mejor los seis millones de pobres que ha producido este gobierno, con lo cual uno de cada dos mexicanos no recibe ingresos suficientes para subsistir?

¿Viven mejor los niños y los jóvenes que no tienen acceso a la educación y la que reciben aquellos que logran inscribirse es de mala calidad o está desvinculada de los requerimientos económicos?

¿Vivimos mejor ahora que importamos el 70 por ciento del arroz, más del 40 por ciento del trigo o la cuarta parte del maíz que consumimos? Lo único que han hecho en el gobierno es aumentar nuestra dependencia alimentaria por el abandono que ha tenido el campo mexicano.

¿Vivimos mejor ahora cuando en estos nueve años el gas L.P. que consumimos todos, ha aumentado casi el 80 por ciento, la energía eléctrica 90 por ciento o el litro de diesel 80 por ciento? ¿Esos son los resultados del gobierno para vivir mejor?

¿Se puede vivir mejor cuando en estos nueve años a pesar de los enormes recursos que dispusieron del petróleo apenas lograron hacer que el país creciera al uno por ciento? Verdaderamente un resultado deleznable.

¿Creen ustedes que les pueden pedir a los micro y pequeños empresarios que inviertan cuando no son sujetos de crédito en ningún lado, la banca comercial no les presta y la Banca de Desarrollo que era el puntal para el crecimiento de las pequeñas y medianas industrias, los panistas la han desmantelado?

¿Qué confianza le da el gobierno a los inversionistas nacionales o extranjeros si el gobierno ha retrocedido en materia de gobernabilidad? ¿Cómo pueden estar tranquilos los empresarios si en el rubro de estabilidad política y ausencia de violencia, hemos retrocedido en los índices internacionales?

¿Cómo vamos a tener confianza cuando las instituciones judiciales han disminuido en su calificación internacional?

¿Cómo podemos tener confianza si la calificación de corrupción internacionalmente nos ha pasado del lugar 51 en el año 2000, al lugar 89 en el año 2009? Esos son algunos de los resultados de este gobierno de los panistas durante los 10 años.

http://bit.ly/c4I8V4

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Gobernabilidad

  • De acuerdo con el Banco Mundial en su reporte Governance Indicators 1996-2008, México retrocedió en materia de gobernabilidad. En el rubro de Estabilidad Política y Ausencia de Violencia, que mide el sentimiento de empresas, ciudadanos y expertos sobre la probabilidad de que el gobierno pudiera ser desestabilizado o derrocado por medios inconstitucionales o violentos, incluidos inseguridad doméstica y el terrorismo, en al año 2000 México obtuvo una calificación de 42 puntos sobre 100; en el año 2008 su calificación fue de 24, la más baja en los últimos 12 años, sobre todo si se compara con países como Bahamas (73) y Namibia (81) que resultaron mejor evaluados.
  • En el rubro Estado de Derecho, parámetro que analiza la confianza en las instituciones judiciales y la calidad de ejecución de sus acciones que tiene sobre el sistema en el país, México obtuvo 42 puntos en el año 2000; en el 2008 fue calificado con 30, por debajo de países como Bahamas (87), Chile (88), Costa Rica (63) y Kuwait (71).

Corrupción

  • El Índice de Percepción de Corrupción en México, elaborado por Transparencia Internacional, señala que la corrupción en nuestro país ha aumentado al pasar del lugar 51 en el año 2001 al lugar 89 en el 2009, de entre 180 países. De los 31 países de América Latina, México ocupa la posición 20, por debajo de Perú, Surinam, Trinidad y Tobago, El Salvador, Guatemala y Panamá.
  • Según el reporte del Banco Mundial Governance Indicators 1996-2008, el indicador Control de la Corrupción que analiza las medidas en que se ejerce el poder público para obtener beneficios personales, incluidos pequeños y grandes formas de corrupción, así como la “captura” del Estado por las élites y los intereses privados, México obtuvo una calificación de 50 sobre 100, considerando que países como Bahamas (91), Chile (87) y Costa Rica (70), salieron mejor calificados.

 ¿La pérdida de gobernabilidad, el deterioro del Estado de Derecho y el crecimiento explosivo de la corrupción son garantía para vivir mejor?

¿PARA VIVIR MEJOR? link: http://bit.ly/aPf2Zq  pags 28-29

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25 de mayo 2010

Tenemos un sistema en donde desgraciadamente el mismo Presidente ayer reconoció la incapacidad del gobierno, del Poder Ejecutivo, del Poder Judicial, de poder resolver el asunto de la corrupción en materia de impartición de justicia.

Entonces me parece que efectivamente tenemos un problema, problema reconocido y aceptado por el Poder Ejecutivo, que tenemos que evidentemente hacer todos los esfuerzos conjuntos, en plena unidad, porque a todos nos interesa que haya un sistema de justicia pronta y expedita, como bien lo sugiere y lo apunta la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

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+ Los problemas no sólo no se resuelven, se acumulan

+ El país donde es costumbre pasar por encima de la ley

+ Enstamos en el camino equivocado para atraer inversiones

NO PASA NADA EN MÉXICO

Francisco Rojas

Vivimos en el país donde los problemas no se resuelven, se acumulan, se olvidan y son sustituidos por nuevos acontecimientos. No sólo eso, hemos perdido nuestra capacidad de asombro, la violencia en sus diversas formas, la corrupción, la falta de cultura de rendición de cuentas, propician que estemos en el país donde no pasa nada. Aquí se pueden bloquear calles y avenidas al gusto de unos cuantos sin que la autoridad aplique leyes ni reglamentos; se confunde la vigencia del estado de derecho con represión. Asimismo, a nadie se le piden cuentas ni se fincan responsabilidades. Cada quien usa su libre albedrío por encima de los intereses colectivos sin ninguna posibilidad de ser llamado a los tribunales competentes.

Somos especialistas en manipular la carne de cañón; para ejemplo ahí están las famosas movilizaciones contra las reformas a la Ley del ISSSTE. Cientos de acarreados desquician la ciudad de México sin saber ni contra qué protestan; causan considerables daños a terceros, dañan instalaciones, y provocan pérdidas de millones de pesos porque sus pseudodirigentes, algunos de ellos con 30 años en el poder, quieren vender sus favores al gobierno, pero nadie mueve un dedo para proteger el derecho de libre tránsito de los ciudadanos. Los derechos humanos constituyen una garantía para los delincuentes; no cuentan los del ciudadano común y corriente.

Vivimos en el país en el cual es costumbre pasar por encima de la ley; unos porque todo lo tienen; otros, porque se disfrazan de luchadores sociales y pueden hacer lo que les venga en gana. Queremos atraer inversión y ser competitivos, más estamos en el camino equivocado.

En días pasados asistimos a la construcción de muros y bardas de mampostería en la Plaza de la República; la autoridad se vio obligada a negociar su retiro; es decir, se negocia la aplicación de la ley. Vivimos en una ciudad, donde todo se puede hacer y se deja hacer en nombre de la política, sin entender que ésta inicia con la vigencia de las normas que regulan la convivencia de quienes formamos el núcleo social.

Todo se hace en nombre de la democracia y la libertad; se abandonan los caminos de la legalidad y se atenta cotidianamente contra los derechos colectivos y la armonía social. Una pequeña camarilla de vivales utiliza la ingenuidad y ociosidad de grupos manipulables. Maestros que no dan clases, que cobran sin trabajar, vagos sin oficio ni beneficio y delincuentes en potencia integran un pequeño ejército que hace y deshace de acuerdo a lo que sus dirigentes les ordenan. La ciudad enfrenta graves retos para su funcionamiento normal. Es imperioso evitar el desorden.

Pero lo mismo pasa en el país; quién va a pedir cuentas sobre los graves errores cometidos en la expropiación de ingenios y en su posterior devolución a sus antiguos dueños; quién exige cuentas sobre los negocios irregulares en el sector público de encumbrados funcionarios o parientes “incómodos”. Quién va a responder por la extraordinaria caída en el monto de las reservas petroleras en los últimos años, poniendo en riesgo la seguridad energética del país; quién aclarará el destino de los excedentes petroleros que debieran utilizarse en la ampliación de la infraestructura nacional. No sabemos si hay algún responsable por negligencia o ineptitud.

Nos acostumbramos al escándalo, nos hemos convertido en un país de cínicos. Ahora se vale todo si encontramos el pretexto adecuado para justificarlos; hemos perdido la ética en el servicio público y en la empresa privada; todo es para el vencedor y el que llega primero arrasa con el botín sin que nadie le pida cuentas; por el contrario, se dispensa respeto y consideración a quienes nos han conducido a la ruina y la pobreza. La opinión pública se manipula para no exigir cuentas; se aplaude a los inhábiles y necios y perdimos la perspectiva para evaluar la gestión de funcionarios o exfuncionarios. Podemos construir megabibliotecas que se están cayendo y nadie es responsable; invertir cientos de millones de pesos en programas educativos que no funcionan y tampoco hay responsabilidades para nadie; qué está pasando con el narcotráfico, el tráfico de armas y sus nexos consecuentes con el lavado de dinero y el manejo de las aduanas. Estamos en el país en que no pasa nada.

Si seguimos por la misma ruta vamos a ir de fracaso en fracaso, sin que nadie afronte sus responsabilidades ni le rinda cuentas a la sociedad. Esto ya no es posible; llegó el momento en que cada mexicano, en el servicio público o en la empresa privada, debe realizar su trabajo con un gran sentido ético y devolverle al ciudadano la tranquilidad social que se nos está yendo de las manos.

EL UNIVERSAL, 12 junio, 2007.- http://bit.ly/d6q2oZ

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