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Posts Tagged ‘Economía real’

+ Faltan diagnósticos correctos, sin trampas

+ Obsesión por culpar al Poder Legislativo

+ El Gobierno no debe estar para descalificar

RECONSTRUYAMOS

Francisco Rojas

La sociedad y sus representantes políticos no podemos ver con indolencia a los millones de desempleados y subempleados, la pérdida acelerada del poder adquisitivo de la mayoría de la población, la caída drástica de la inversión nacional y extranjera, el deterioro profundo, en síntesis, de la economía nacional. Ante esa realidad que todos sufrimos y confirmamos a diario, asombra la pasividad del gobierno y su propensión a distraer la atención general con fuegos de artificio.

Es difícil entender la lentitud para proponer soluciones que urgen al país: empleo, salud, educación, seguridad pública, prevención de las adicciones, desregulación acelerada de los procesos de la Administración Pública Federal.

Pareciera que el gobierno ha invertido sus prioridades. Atrás quedaron la atención y ocupación de los graves problemas que enfrentamos y es notorio el interés y la importancia que ha cobrado el tema electoral.

Consideramos ociosa y nociva la obsesión por inducir la imagen del Poder Legislativo como responsable de los problemas del país, cuando todos sabemos que por buenas que sean las leyes, de nada sirven si no se aplican en su integridad y a tiempo: desde el año antepasado, el Congreso discutió, corrigió y aprobó las iniciativas del Ejecutivo en materia energética, y a la fecha no se han cumplido importantes disposiciones relativas a Pemex.

A nadie ayudan la fabricación de culpables ni el conflicto como forma de vida. El gobierno está para propiciar acuerdos, conciliar enfoques e intereses legítimos entre los agentes políticos y económicos, no para descalificar y sembrar confusión por arrebatos momentáneos que ensombrecen el panorama nacional y obstruyen el diálogo sereno y ordenado.

Debemos reformar la economía con urgencia, pero en la dirección adecuada. Es preciso empezar por los diagnósticos correctos, sin trampas ni ocultamientos que reflejen la realidad tal como es, para corregir, mejorar, cambiar lo que haga falta, pues si se actúa sobre una realidad ficticia, todo lo que se haga será contraproducente.

Del diagnóstico deben surgir planes y programas correctos, eficaces, hechos y aplicados para corregir los problemas del país, no para servir a intereses de grupo.

Construyamos y reconstruyamos entre todos nuestra economía. El PRI propone una auténtica política de Estado con un enfoque integral para fomentar el desarrollo económico y ampliar el mercado interno. Éste es el marco para hacer una reforma concomitante de los sistemas tributario, presupuestal y financiero.

Reconocemos la urgencia de fortalecer las finanzas públicas, pero hay que empezar por exigir eficacia recaudatoria al SAT, combate efectivo a la evasión y elusión fiscales, a la informalidad y el contrabando; transparencia y rendición de cuentas, así como la reducción efectiva del gasto corriente. Sólo una hacienda pública que no dependa del petróleo, permitirá aumentar el gasto en infraestructura, salud, educación y respaldar al sector productivo.

Por su parte, el gasto público debe usarse como herramienta y ejercerse con eficiencia y transparencia de forma que se puedan evaluar los resultados del gobierno. Legislaremos para que se sancionen los subejercicios del gasto, pues de nada sirven los programas, si no se usan los recursos.

Es preciso reconstituir la banca de desarrollo para el impulso directo e inmediato a la inversión productiva. Estamos promoviendo mecanismos legislativos para impulsar el crecimiento económico mediante acuerdos en los que participe el sector privado.

La economía significa inversión, producción de mercancías, servicios y empleos. Los diputados del PRI estamos empeñados en propiciar una discusión amplia de la que surja una nueva Ley de Fomento Económico para impulsar el desarrollo del país.

Para enfrentar los problemas que agobian al país se requiere participación activa y solidaria de todas las fuerzas políticas, económicas, y sociales. Basta de descalificaciones y de propiciar discrepancias; reconstruyamos la concordia; es el momento de encontrar soluciones.

EL UNIVERSAL, 23 de marzo 2010 http://bit.ly/aKfesz

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+ Desde 2008 empezaron a declinar todos los indicadores

+ La advertencia de Banxico, desatendida por motivos electorales

+ Efectos de la recesión impactan en  el ánmo de los mexicanos

RECUPERAR EL ANIMO

Francisco Rojas

Es explicable –y lamentable– el desánimo social que, con fundadas razones, ha cundido entre los mexicanos. Desde mediados del 2008 empezó la declinación de los principales indicadores económicos, al tiempo que el gobierno promovía reformas regresivas en áreas esenciales, como la energética. El modelo exportador se tambaleó.

La caída se inició con la desaceleración de Estados Unidos, de la que dependen más de cuatro quintas partes de nuestro comercio exterior y el grueso del flujo de capitales y tecnología. La reacción en cadena frenó la economía real y, al principio, parecía no afectar al sector financiero, al que se creía “blindado” e invulnerable a las calamidades del entorno mundial.

El “boquete fiscal” fue advertido por el Banco de México desde abril de 2009 y en el primer Informe Trimestral de las Finanzas Públicas, pero se decidió ignorarlo por motivos electorales. El problema, sin embargo, era real y tuvo efectos demoledores sobre el conjunto de la economía: contracción de los créditos a la producción, en especial a las pequeñas y medianas empresas, cierre de empresas, despidos, morosidad en el pago de créditos, desaceleración del consumo y demás fenómenos conocidos.

El ánimo social empezó a declinar a medida que la recesión afectaba la vida misma de la gente. No fue para menos: cientos de miles de hombres y mujeres jefes de familia han perdido su empleo y millones de mexicanos cayeron en la pobreza alimentaria y de otras modalidades. Lo anterior, sumado a otras viscitudes provocó que el presidente Felipe Calderón comentara con alivio en una reciente reunión social que “lo mejor de 2009 es que ya va a terminar”.

Pero en las sociedades como en las personas, el desaliento socava las capacidades, ahonda la aflicción e incapacita para la acción. México tiene salidas y los mexicanos también, a condición de que no nos derrotemos a nosotros mismos como país ni como sociedad. Hay razones para recuperar el ánimo; el reporte de The Economist sobre las proyecciones económicas para 2010, por ejemplo, prevé que el PIB mexicano crecerá en un 3% en 2010 y la capacidad de compra del país será de 14,380 dólares por habitante, cifra similar a las de Argentina (14,630), Chile (15,010) y Rusia (15,330), y superior a la de Brasil, que se situará en los 10,740 dólares por persona.

Lo anterior abre grandes posibilidades para apoyarnos en nuestro mercado interno, a condición de que cambiemos de paradigmas para disminuir nuestra dependencia del mercado externo, sin perder las ventajas de la globalización, y retomemos las verdaderas prioridades de la sociedad: el impulso efectivo a las empresas pequeñas y medianas, la disminución de los índices escandalosos de desempleo y el abatimiento de la pobreza con políticas que articulen la capacitación con la apertura de fuentes de trabajo permanentes y no atenidos a los programas asistencialistas. Hay soluciones, como las empresas familiares que conviven con las modernas compañías de la India, no como “changarros” sino como micro-negocios productivos, para cuyo financiamiento se creó un banco que proporciona créditos a tasas de interés y plazos accesibles.

Los legisladores del PRI estamos comprometidos a promover medidas eficaces para frenar los efectos devastadores de la crisis sobre la población y reactivar la economía, no sólo a través de políticas hacendarias progresivas que alienten la inversión y el empleo y otras medidas. Sino también mediante una asignación más eficiente de los recursos públicos y una mejor vigilancia de su administración y ejecución, transparente y con rendición de cuentas.

El trabajo permanente en las Comisiones y la acción más escrupulosa de la Auditoría Superior de la Federación son factores importantes para una tarea que no sólo es de los legisladores o el gobierno, sino de todos, sin desaliento por los tiempos malos y con fundada confianza en nosotros mismos.

México no está al borde de la catástrofe y tiene potencial para recuperar su crecimiento económico con verdadero desarrollo social. Depende de nosotros; de que no bajemos la guardia; de que hagamos las reformas que realmente requiere el país y no nos contentemos sólo con paliativos para volver a más de lo mismo; depende de que recobremos el ánimo y la esperanza. La Independencia y la Revolución centenarias nos enseñan que el pueblo mexicano es capaz de grandes hazañas cuando tienen líderes reales que saben lo que quieren y se rodean de los mejores hombres.

EL UNIVERSAL 15 diciembre, 2009 http://bit.ly/dx4CBg

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  • Aún impredecibles los efectos de la recesión
  • Necesario revisar el papel del Banco de México
  • En EU, la prioridad es recuperar empleos perdidos
  • LA SITUACIÓN ECONÓMICA
    Francisco Rojas

    Podríamos decir que un fantasma recorre el mundo: el de la desconfianza y el miedo de los ahorradores e inversionistas en el sistema financiero internacional y en la capacidad
    de los gobernantes para ponerse de acuerdo y adoptar las medidas adecuadas para inyectarle liquidez y reactivar la economía.

    La crisis financiera, que se veía venir, ya contaminó a la economía real. Los expertos no se ponen de acuerdo en la profundidad y duración de la recesión; mientras unos dicen que se asemejará a la de 1929, otros confían en la pronta capacidad de recuperación de la economía estadounidense, como sucedió en las tres crisis anteriores. Las peticiones de rescate de bancos y empresas se multiplican y se teme que los recursos sean insuficientes si no se frena el temor, antes de que se convierta en pánico.

    Los despidos y la espiral descendente que arrastran al consumo y la producción, están creciendo con repercusiones mundiales. Japón ya se declaró oficialmente en recesión; Francia y Alemania no se ponen de acuerdo en el monto y alcance de las medidas a adoptar.

    Quizá por eso el Presidente electo Obama, aunque se inclinó por reciclar un experto equipo económico moderado, de centro, que pareciera afín a las recetas financieras tradicionales, señaló que sin descuidar el crecimiento a largo plazo, su objetivo era enfrentar el desempleo creando millones de nuevos trabajos y se resistió a rescatar a la industria automotriz sin un programa de reconversión a cambio.

    En México la crisis ya se presentó por el lado de la economía real más que por el financiero, a causa de la caída de las exportaciones, la inversión extranjera directa, las remesas, el turismo, etc.; pero no sabemos el estado real de los bancos y de muchas empresas, que ya no podrán fondearse en el exterior y a las que habría que apoyar para no obstruir los circuitos financiero-económicos y agravar el desempleo; tampoco sabemos qué haremos si no se alcanzan las metas y supuestos presupuestales; y desconocemos la naturaleza, proporción y plazo de las coberturas petroleras; etc.

    Tenemos que adoptar lo que Paul Krugman denomina como la “economía de la depresión”, en donde “las reglas usuales de la política económica ya no son aplicables”. En otras palabras, ahora se requieren políticas audaces, prontas y efectivas que reactiven la economía por la vía del gasto público, el financiamiento a los productores, el cuidado del mercado interno, el fomento a las exportaciones y otras acciones apropiadas a este contexto.

    Por ello es necesario, entre otras medidas financieras, revisar el papel del Banco de México y analizar si también, como ocurre en otros países, debe ocuparse del desarrollo económico, abrir la llave del crédito interno para la producción y poder financiar déficits presupuestales temporales, circunstancia prevista en la Ley de Presupuesto para casos excepcionales como el actual.

    El problema es mundial y parece que cada país tendrá que salvarse a sí mismo. Por ello, no podemos permitirnos la inacción y la opacidad y que nos gane la lucha ideológica; hay que ser pragmáticos. El objetivo debe ser evitar la conjunción de la depresión económica con la inseguridad pública, para no caer en problemas sociales y políticos.

    EL UNIVERSAL, 2 de diciembre, 2008 http://bit.ly/be80FE

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