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Posts Tagged ‘Energéticos’

+ Modelo económico, depredador y especulativo

+ Tienen el poder y no saben qué hacer con él

+ No podemos dejar que el país sea monotemático 
Compañeras y compañeros legisladores:

La pobreza y el desempleo, las dificultades evidentes de las familias por la carestía de los productos de la canasta básica y de los energéticos, los problemas de la salud pública con instituciones pobres que invierten sus reservas en las compañías privadas con problemas económicos, las dificultades en la calidad de la educación que son evidentes, no pueden ser soslayados con la explicación de que, por encima de todo, hay una terrible crisis en la seguridad pública que tiene ensangrentado al país, resentida a la población, dolidos a los deudos y desprestigiadas a las instituciones.
La inseguridad pública tiene en el fondo, una causa económica, social y de moral republicana. No podemos dejar que nuestro país sea monotemático.

 

El senador Beltrones y el diputado Rojas

 

 

También las migraciones y el deterioro del medio ambiente, problemas comunes en el mundo de hoy, tienen en la base una injusticia económica; con un modelo depredador que se orientó a la especulación financiera y que ahora tiene que replantearse urgentemente para evitar esas desigualdades tremendas entre ricos y pobres, que ya se viven en todo el mundo.

Hay un entorno político muy complicado, porque ante la necesidad económica, ante la falta de oportunidades económicas reales para la sociedad, la migración a otras regiones es una alternativa o lamentablemente, el delito que se ha convertido en otra.
Por eso insistimos que hoy, en la política, se tiene que hacer un compromiso ético y tenemos que mejorar la moral republicana.
De poco van a servir las nuevas leyes o la reiteración de la lucha por conquistar el poder público, si en su búsqueda trastocamos los valores, hacemos a un lado nuestro compromiso ético con la sociedad, para obsesivamente buscar el poder, aunque cuando ya se tiene, no sepan bien a bien qué hacer con él.

Este es un gran país, con una historia trascendente y universalmente reconocida, aunque el gobierno medroso haya querido disimularlo en sus fiestas centenarias.

Este es un país con un enorme potencial estratégico, natural y humano, que demanda un mejor gobierno, requiere instituciones fuertes, quiere valores y principios que justifiquen la lucha ahora confundida en deslealtades, mercadotecnia, componendas o plenas indignidades.

Los diputados del PRI hemos ocupado mucho tiempo en discutir estas cosas y estamos dispuestos a hacer nuestro mejor esfuerzo para poner un remedio político y fortalecer nuestra actividad, para que sea un instrumento cada día más accesible y útil al servicio de la gente.

Compañeros senadores de la República, sabemos de su esfuerzo y conocemos su vocación republicana; con solidaridad partidaria y amistad personal, queremos invitarlos hoy a que compartan nuestras reflexiones, para que alrededor de los que habrán de ser los ejes de nuestra trabajo legislativo, intensifiquemos la comunicación, el debate interno y las propuestas de acción conjunta que debemos seguir en beneficio de México.

Si podemos incentivar nuestro trabajo por el método y la forma, habremos logrado un gran avance porque no hay duda que ustedes y nosotros compartimos, suscribimos y defendemos, como lo hemos hecho siempre, el gran proyecto de la República definido en la Constitución y expresado en la época actual, por las grandes demandas de la gente, y que tiene que seguir con el liderazgo de nuestro Partido Revolucionario Institucional.

DISCURSO, Encuentro de diputados federales y senadores de la República, del PRI, Palacio de Minería, 28 enero, 2011.-  http://bit.ly/f1gZC9

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+ Los problemas no sólo no se resuelven, se acumulan

+ El país donde es costumbre pasar por encima de la ley

+ Enstamos en el camino equivocado para atraer inversiones

NO PASA NADA EN MÉXICO

Francisco Rojas

Vivimos en el país donde los problemas no se resuelven, se acumulan, se olvidan y son sustituidos por nuevos acontecimientos. No sólo eso, hemos perdido nuestra capacidad de asombro, la violencia en sus diversas formas, la corrupción, la falta de cultura de rendición de cuentas, propician que estemos en el país donde no pasa nada. Aquí se pueden bloquear calles y avenidas al gusto de unos cuantos sin que la autoridad aplique leyes ni reglamentos; se confunde la vigencia del estado de derecho con represión. Asimismo, a nadie se le piden cuentas ni se fincan responsabilidades. Cada quien usa su libre albedrío por encima de los intereses colectivos sin ninguna posibilidad de ser llamado a los tribunales competentes.

Somos especialistas en manipular la carne de cañón; para ejemplo ahí están las famosas movilizaciones contra las reformas a la Ley del ISSSTE. Cientos de acarreados desquician la ciudad de México sin saber ni contra qué protestan; causan considerables daños a terceros, dañan instalaciones, y provocan pérdidas de millones de pesos porque sus pseudodirigentes, algunos de ellos con 30 años en el poder, quieren vender sus favores al gobierno, pero nadie mueve un dedo para proteger el derecho de libre tránsito de los ciudadanos. Los derechos humanos constituyen una garantía para los delincuentes; no cuentan los del ciudadano común y corriente.

Vivimos en el país en el cual es costumbre pasar por encima de la ley; unos porque todo lo tienen; otros, porque se disfrazan de luchadores sociales y pueden hacer lo que les venga en gana. Queremos atraer inversión y ser competitivos, más estamos en el camino equivocado.

En días pasados asistimos a la construcción de muros y bardas de mampostería en la Plaza de la República; la autoridad se vio obligada a negociar su retiro; es decir, se negocia la aplicación de la ley. Vivimos en una ciudad, donde todo se puede hacer y se deja hacer en nombre de la política, sin entender que ésta inicia con la vigencia de las normas que regulan la convivencia de quienes formamos el núcleo social.

Todo se hace en nombre de la democracia y la libertad; se abandonan los caminos de la legalidad y se atenta cotidianamente contra los derechos colectivos y la armonía social. Una pequeña camarilla de vivales utiliza la ingenuidad y ociosidad de grupos manipulables. Maestros que no dan clases, que cobran sin trabajar, vagos sin oficio ni beneficio y delincuentes en potencia integran un pequeño ejército que hace y deshace de acuerdo a lo que sus dirigentes les ordenan. La ciudad enfrenta graves retos para su funcionamiento normal. Es imperioso evitar el desorden.

Pero lo mismo pasa en el país; quién va a pedir cuentas sobre los graves errores cometidos en la expropiación de ingenios y en su posterior devolución a sus antiguos dueños; quién exige cuentas sobre los negocios irregulares en el sector público de encumbrados funcionarios o parientes “incómodos”. Quién va a responder por la extraordinaria caída en el monto de las reservas petroleras en los últimos años, poniendo en riesgo la seguridad energética del país; quién aclarará el destino de los excedentes petroleros que debieran utilizarse en la ampliación de la infraestructura nacional. No sabemos si hay algún responsable por negligencia o ineptitud.

Nos acostumbramos al escándalo, nos hemos convertido en un país de cínicos. Ahora se vale todo si encontramos el pretexto adecuado para justificarlos; hemos perdido la ética en el servicio público y en la empresa privada; todo es para el vencedor y el que llega primero arrasa con el botín sin que nadie le pida cuentas; por el contrario, se dispensa respeto y consideración a quienes nos han conducido a la ruina y la pobreza. La opinión pública se manipula para no exigir cuentas; se aplaude a los inhábiles y necios y perdimos la perspectiva para evaluar la gestión de funcionarios o exfuncionarios. Podemos construir megabibliotecas que se están cayendo y nadie es responsable; invertir cientos de millones de pesos en programas educativos que no funcionan y tampoco hay responsabilidades para nadie; qué está pasando con el narcotráfico, el tráfico de armas y sus nexos consecuentes con el lavado de dinero y el manejo de las aduanas. Estamos en el país en que no pasa nada.

Si seguimos por la misma ruta vamos a ir de fracaso en fracaso, sin que nadie afronte sus responsabilidades ni le rinda cuentas a la sociedad. Esto ya no es posible; llegó el momento en que cada mexicano, en el servicio público o en la empresa privada, debe realizar su trabajo con un gran sentido ético y devolverle al ciudadano la tranquilidad social que se nos está yendo de las manos.

EL UNIVERSAL, 12 junio, 2007.- http://bit.ly/d6q2oZ

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