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Posts Tagged ‘Energías alternativas’

+ Acuerdo de Partidos para atender a las zonas devastadas

+ De los subejercicios, recursos inmediatos para damnificados

+ Propuesta del PRI: Crear el  Fondo para la Reconstrucción

 DE LA RETÓRICA A LOS HECHOS

Francisco Rojas

Entre los múltiples llamados al diálogo, los emplazamientos a unirnos y los exhortos a corregir el rumbo en diversos ámbitos de la acción pública, la población no reconoce ningún resultado o beneficio concreto para sus familias. Los recientes desastres naturales abren un espacio real para que unamos esfuerzos para demostrar unidad y solidaridad auténticas, para atender el impacto en las personas y para fomentar la reconstrucción física, económica y social de las zonas afectadas. Debemos pasar de la retórica a la práctica.

Así lo vieron todas las fracciones parlamentarias en la Cámara de Diputados al aprobar por unanimidad la propuesta de la bancada del PRI para que el Ejecutivo Federal utilice los recursos acumulados por subejercicios presupuestales de las diversas dependencias y entidades del sector público federal, para el auxilio inmediato a la población afectada y la reconstrucción de la infraestructura dañada a través de los mecanismos ya existentes.

Asimismo, acordamos que en el presupuesto federal para 2011 se cree un Fondo Nacional de Reconstrucción, con reglas de operación claras y sencillas para evitar retrasos burocráticos e impedir discrecionalidad y desviaciones de recursos hacia objetivos político-electorales. Las amenazas no han terminado, pero una aproximación preliminar sugiere que la reconstrucción tendrá un costo superior a los 100 mil millones de pesos, lo que supondría revisar las prioridades de gasto, ingreso y deuda.

Las causas de la afectación son múltiples: los efectos del cambio climático, la deforestación, la falta de obras suficientes de protección y de acciones de prevención por la escasez de recursos y, hay que decirlo, por la ejecución ineficiente de los mismos. Todos estos aspectos deben ser revisados para corregir las estrategias y prevenir y aminorar los posibles efectos de fenómenos naturales similares.

Por ello, habrá que emprender un programa de mediano y largo plazos para la prevención de desastres que comprenda, entre otros, energías alternativas, control programado de emisiones contaminantes, transporte limpio, desazolve de presas, ampliación y aceleración de los programas en los sistemas hídricos, reforestación de miles de hectáreas para reducir el riesgo de deslaves y financiamiento de amplios programas de vivienda en zonas seguras para las poblaciones asentadas en zonas de alto riesgo.

Estas iniciativas tendrán efectos favorables para el conjunto del país, pues tanto las tareas de emergencia como las de reconstrucción y prevención, generarán empleos que aumentarán el ingreso disponible de las familias y reactivarán el mercado interno, lo que a su vez estimulará nuevas inversiones privadas y elevará las tasas de crecimiento de la economía en su conjunto. Este magno esfuerzo nacional compensará el retraimiento de las exportaciones, la caída de la plataforma petrolera, la disminución de las remesas de trabajadores en el exterior y la pérdida de atractivo para la inversión extranjera directa.

Se deben usar todos los instrumentos de fomento del Estado para el respaldo a las empresas afectadas, el apoyo a los productores agropecuarios que perdieron sus cosechas, el impulso a la inversión de estados y municipios para la reparación de obras públicas, la promoción de nuevas viviendas para las familias que perdieron la suya, así como el diseño de procedimientos para la entrega ágil de los recursos a la población. Es preciso, además, definir fórmulas prácticas para promover la participación de las empresas y organizaciones privadas y aprovechar líneas de crédito de instituciones financieras del exterior.

Esta será una muestra de solidaridad y de voluntad política para construir acuerdos que realmente beneficien a la población. Es claro que hay una situación de emergencia que tenderá a repetirse si no adoptamos las medidas pertinentes. Hemos mostrado en diversas ocasiones que ante este tipo de circunstancias nos unimos, trabajamos juntos y damos resultados oportunos en muchos casos por el impulso de la propia gente más que por iniciativa gubernamental.

Es el momento de que los legisladores y los servidores públicos que estamos obligados a atender las demandas de la población, ejerzamos nuestro liderazgo para establecer los programas adecuados y asignemos los recursos necesarios para lograrlo. No podemos paralizarnos ante la magnitud de los problemas que enfrentamos. Es tiempo de extender la visión y adoptar verdaderas políticas de Estado.

 EL UNIVERSAL, 5 octubre, 2010.- http://bit.ly/9jWBnk

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+ 15 meses después, un diagnóstico carente de visión de Estado

+ Fox: derribar compuertas y permitir la inversión privada

+ Necesario conservar la independencia y seguridad energética

DIAGNOSTICO

Francisco Rojas

Después de 15 meses tenemos diagnóstico, esperamos la iniciativa. Como se esperaba, el resultado es apocalíptico, parcial y carente de una visión de Estado, integral y de largo plazo.Mediante un confiscatorio esquema fiscal; no autorizarle inversiones, ni siquiera para mantenimiento adecuado; desmantelar la planta técnica y hacer quebrar firmas de ingeniería y empresas mexicanas; no apoyar la investigación y el desarrollo tecnológico; y favorecer compañías internacionales, resulta que Pemex es culpable de no tener capacidad de ejecución, absorción de tecnologías y administración de proyectos para enfrentar los retos.La “solución” la pregona Fox: “Derribar las compuertas para permitir la inversión privada”. Sí, el mismo Fox que deliberadamente debilitó a Pemex haciéndolo pasar del sexto al undécimo lugar mundial a pesar de que en su sexenio se obtuvieron los mayores ingresos petroleros de la historia y los despilfarró.Como receta proponen “flexibilizar” el marco jurídico para que otras empresas, que sí saben y pueden, “acompañen” a Pemex en tareas que le son privativas conforme al cuerpo constitucional, al que le quieren dar la vuelta mediante cambios en la “letra chiquita” de las leyes secundarias.No estamos totalmente de acuerdo con el diagnóstico y menos con sus conclusiones. Baste un ejemplo: los estadounidenses, después de 18 años, muchos recursos y pozos perforados, y las 30 mejores petroleras internacionales trabajando, no han podido descubrir meritorios campos gigantes en el Golfo de México, al grado de que Exxon decidió suspender por cinco años su actividad en el área. ¿Qué le hace suponer a Pemex que sí podrá descubrirlos, como afirma para “convencernos” de que debemos arrojarnos ya a las aguas ultraprofundas, desdeñando las 300 localizaciones que dice están listas en el sureste y el litoral?Por el estilo están las aseveraciones para “demostrar” la necesidad de abrir a la inversión privada la refinación, el transporte, el almacenamiento y la distribución de petrolíferos. ¿Y qué decir de la incompleta argumentación y tímida súplica para que el fisco se digne dejarles más recursos?Afortunadamente cada día somos más los convencidos de que se requiere una reforma integral, con un horizonte de 30 años, que contemple al sector energético en su conjunto, tomando en cuenta el desarrollo congruente de energías alternativas, de tal forma que el proceso sea gradual, ordenado y armónico. Creemos que hay opciones para incrementar las reservas, sostener la producción, abatir las importaciones, darle a Pemex la autonomía y los recursos que requiere para que vuelva a tener capacidad de ejecución y conducción, sin cambiar el marco jurídico, sin desmembrarlo y sin compartir la renta petrolera ni el valor agregado de nuestro mercado interno. Muchas de esas acciones son administrativas, que tendrán que complementarse, en su caso, con las medidas legislativas correspondientes.Por ello, alientan las declaraciones del senador Heladio Ramírez y del grupo de los Legisladores del Sector Rural y del senador Manlio Fabio Beltrones, quien requirió “la revisión del régimen fiscal a fin de darle más recursos para que, de manera autónoma, lleve a cabo la exploración y explotación de pozos”, enfatizando que “la Constitución y su artículo 27 deben ser intocados, y cualquier subterfugio que quiera ser utilizado en una modificación de su ley reglamentaria, que busque trastocar el espíritu de ese artículo constitucional, no lo permitiremos”.Que no nos impresione la ofensiva mediática ni nos precipitemos con ilusiones de largo plazo porque nos puedan robar el petróleo. Lo que está en juego es más importante: conservar la independencia y la seguridad energética. 

EL UNIVERSAL, 1 abril, 2008.- http://bit.ly/byXclh

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+ La liga histórica entre petroprecios y conflictos bélicos

+ El tránsito letal de un Pemex fuerte a uno desmantelado

+  Cumplir contratos privados  restringe capacidad de la CFE

PERO QUÉ NECESIDAD

Francisco Rojas

 La posesión del petróleo ha desatado siempre feroces bretes. Desde los inicios de los 70, con la guerra del Yon Kipur, se agudizó la liga entre alzas y disminuciones en el precio del hidrocarburo y los conflictos bélicos, principalmente en Medio Oriente. Algunos países exportadores aislaron la abundancia de divisas y propiciaron un crecimiento equilibrado; los más no supieron administrar la abundancia y, cuando el ciclo cambió, se deterioraron sus economías.

Las petroleras internacionales se adaptaron: cambiaron el tradicional modelo vertical del pozo a la gasolinera, organizándose por subsidiarias. Desarrollaron habilidades comerciales y acrecentaron sus refinerías y petroquímicas, de donde derivan actualmente sus mayores ganancias.Los países desarrollados impulsaron las energías nuclear, eólica y solar y la investigación sobre energías alternativas y combustibles limpios; también aplicaron programas de ahorro de energía, sin reducir sustancialmente el consumo. A partir de las décadas de los 80 y 90 se encadenaron sucesos como la caída del muro de Berlín, el Consenso de Washington y la ola de privatizaciones, poniéndose de moda denostar a las empresas públicas, acusándolas de ineficientes y corruptas.México se sumó al nuevo orden, con sonados descalabros en las privatizaciones. En el ramo energético se ajustaron instrumentos de evaluación para demostrar que perdía y, amparados en restricciones presupuestales, no se construyeron refinerías, no se mantuvieron ductos y terminales; se despidió personal calificado, se frenó la investigación y el desarrollo tecnológico; y se privilegió la producción de crudo para exportar y a los productores independientes de electricidad, alegando falta de recursos.Ahora importamos petrolíferos; los ductos y terminales están dañados; se restringe el uso de la capacidad instalada de la CFE para cumplir contratos privados, en tanto se importa gas para continuar con su programa de expansión; se sobreexplotaron los yacimientos y se descuidaron las reservas por cumplir compromisos de abasto; etcétera.Nuestro sistema de refinación no se ha ampliado, compra forzosamente el crudo que le vendan, sin descuentos especiales a pesar de ser el mejor cliente, apoya con almacenajes redundantes las fluctuaciones de producción o de mercado del crudo, tiene obligadamente que abastecer de combustibles al país, padece el oneroso esquema fiscal y Hacienda le fija los precios.Estamos en la etapa de precios petroleros altos; las empresas estatales poseen 90% de las escasas reservas y quieren mayores beneficios; las energías alternativas no pesarán antes de 30 años, a menos que ocurra una revolución tecnológica. Hay una ola de nacionalismo petrolero y los países industrializados defienden lo que consideran sus recursos estratégicos.Vamos a contracorriente; las soluciones propuestas tienen un rancio olor a Thatcher y Reagan y parecen atadas a compromisos políticos, ideológicos o económicos.Se pretende que los privados construyan refinerías; si esto se diera, los inversionistas seleccionarían las mejores localizaciones, adquirirían el crudo que necesiten, producirían lo más rentable, venderían a precios de mercado donde les convenga, no estarían atados a los resultados de otra empresa del grupo, no se comprometerían al abastecimiento interno en situaciones desventajosas y pagarían impuestos razonables como cualquiera. Su objetivo sería obtener la más alta rentabilidad en el menor tiempo posible; si fueran obligados a aceptar limitaciones en los supuestos anteriores, seguramente exigirían compensaciones en forma de semimonopolios de productos o regiones y negocios aguas abajo, como gasolineras y sistemas de transportación.México requiere dos o tres refinerías para abatir la importación de combustibles y recursos para mantener ductos y terminales. Dichas refinerías deben incluir un esquema amplio que utilice los productos de la refinación para la generación eléctrica y se libere gas para la petroquímica y la inyección de pozos, donde se justifique.Pemex sí tiene recursos, pero no lo dejan invertirlos por mantener el equilibrio presupuestal y la carátula financiera; las recientes reformas fiscales le dejaron disponibilidades por más de 150 mil millones de pesos, suficiente para pagar de contado dos refinerías; para este año estima obtener adicionalmente 130 mil millones de pesos, cuyo monto crecerá durante el sexenio.Si no se dieran a Refinación las prebendas que se darían a los privados, se le condenaría a la obsolescencia y desaparición paulatina, como pasó con la petroquímica. Para ello no necesita “privatizarla” ni “vender ningún fierro”.Nuestro mercado interno es importante; ¿qué necesidad hay de regalarlo? Existen soluciones tecnológicas disponibles, igual que recursos; Pemex siempre ha sabido construir refinerías y ductos; sólo se requiere un enfoque integral y una visión de largo plazo. Bienvenida la iniciativa privada para colaborar, no para que operen por nosotros; ¿o es que ya nos declaramos fracasados? EL UNIVERSAL, 7  febrero, 2008.- http://bit.ly/alZc9m

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