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Pobreza e ingresos de las familias

  • De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y los resultados preliminares de la Cuenta Pública 2008, entre 2005 y 2008 el gasto en desarrollo social aumentó 38.5 por ciento; solamente en este último año dicho incremento fue del 59.2 por ciento. No obstante lo anterior, el número de pobres se incrementó en 5.9 millones de personas entre 2006 y 2008; para este último año, había 50.6 millones de mexicanos que no contaban con un ingreso suficiente para cubrir sus necesidades básicas.
  • Según el documento “Panorama Social de América Latina 2009” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), México fue en 2008 el único país latinoamericano que empeoró su situación de pobreza.
  • Según el informe de resultados de la revisión de la cuenta pública de 2008 de la ASF, los programas específicos de subsidio no se destinaron exclusivamente a la población en condiciones de pobreza y marginación; y se presentaron serias deficiencias en el padrón de beneficiarios del Programa Oportunidades. También indica que el ingreso medio diario de la población mexicana más pobre es inferior a un dólar.
  • La capacidad adquisitiva de la población ha disminuido drásticamente, como puede verse en los siguientes casos:
    • Canasta Básica. Con base en datos del CONEVAL, en 9 años de los gobiernos panistas las Canastas Básicas Alimentarias Urbana y Rural para los mexicanos incrementaron su costo en 68 por ciento.

El salario mínimo real pasó de un crecimiento anual de 1.13 por ciento máximo en 2002, a menos 5.2 por ciento en 2009.

Según un estudio del  Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM,  del 1 de diciembre del 2006 al 1 de abril de este año, el precio del aceite aumentó 125.02 por ciento, el kilogramo de azúcar 131 por ciento, el kilogramo de frijol 219.04 por ciento, el kilogramo de huevo 89.98 por ciento, el kilogramo de arroz 52.13 por ciento, el kilo de tortilla 16.66 por ciento, el transporte 56 por ciento y los medicamentos18.00 por ciento.

  • Gas LP. Según la Secretaría de Energía (SENER) en el año 2001 una persona pagaba por un cilindro de gas LP de 30 kg 162 pesos, ahora debe pagar 287 pesos, 77 por ciento más.
  • Electricidad. Diversas fallas de administración global del sistema eléctrico, aunado a la incapacidad de reducir las pérdidas de diverso origen, explica que el precio medio de la energía eléctrica para uso doméstico haya crecido 93 por ciento durante las administraciones panistas, según la SENER.
  • Diesel. El precio del litro de Diesel, insumo importante para el transporte, la agricultura y la industria ha tenido un aumento de 80 por ciento en el periodo 2000-2009, según la SENER.

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+ Petroleras estatales revisan al alza los petroprecios

+ Tenemos qué prepararnos para la transición energética

+ Gobiernos y empresas no pierden su capacidad de presionar

LAS PRESIONES

Francisco Rojas

La producción del Mar del Norte declina rápidamente; las empresas estatales, poseedoras de 70% de las reservas de petróleo, revisan al alza los contratos. Esto presiona a las petroleras para buscar negocios donde se pueda, por ejemplo, en el Golfo de México.

Hace años, Pemex, basado al parecer en estudios prospectivos, construyó un gasoducto para la exportación fallida de gas; ahora importamos gas y la inversión efectuada vale actualmente más de 10 mil millones de dólares.

También con estudios prospectivos se asegura que existen 29 mil millones de barriles de petróleo en aguas profundas; que la tecnología no la comparten las empresas y que no tenemos recursos ni experiencia, por lo que hay que asociarse mediante “alianzas estratégicas” para compartir riesgos y reservas.

Las presiones son intensas y no son las primeras. Además de las ejercidas cuando la expropiación, que “desarbolaron” técnicamente a Pemex y por las que le llevó 10 años recuperar el nivel previo de producción. En 1946 México solicitó un préstamo al Banco Mundial, cuyo otorgamiento se condicionaba al regreso de las compañías; también Shell trató de intercambiar su indemnización por el retorno; cuando se negociaba el TLC, Estados Unidos quería la apertura petrolera; se resistió y nos negamos a la garantía de abasto, los contratos de riesgo, la libre importación de gasolina y gas, y a gasolineras extranjeras.

Desconocemos si el préstamo para solventar la crisis de 1995 se hizo condicionado; tampoco sabemos si las ofertas de Fox para abrir Pemex obedecían a compromisos. Los gobiernos y las petroleras no han perdido su capacidad de presionar y cabildear un negocio de miles de millones de dólares y, definitivamente, hay que resistirse a la idea de que ha llegado la hora de pagar facturas.

En materia petrolera, prospectivo significa potencial y la realidad puede ser distinta a lo supuesto. No hay que repetir aventuras costosas basados en inferencias; el petróleo abundante y barato se acabó; necesitamos buscarlo donde se encuentre, en forma gradual, en las mejores condiciones, cuando sea oportuno y nos convenga, y sin compartir recursos naturales que también pertenecen a las generaciones venideras.

Existen personas que en vez de enfocar así la reforma energética están más preocupadas por encontrar salidas legaloides modificando leyes secundarias para abrirle la puerta trasera a las petroleras. La inversión privada ha estado siempre en todas las actividades de Pemex y debe seguir participando, pero conforme a la legislación vigente.

Por ello, una reforma seria, de fondo, mirando el interés del país, debe contemplar cómo el mundo se prepara para la transición energética durante los próximos 30 años; el cambio climático y los altos precios del petróleo presionan para desarrollar y usar energías alternativas menos contaminantes; se promueven los bioenergéticos, que si no se regulan adecuadamente pueden afectar la oferta alimentaria, la conservación forestal y la disponibilidad de agua; la industria automotriz ensaya nuevos tipos de autos; la energía nuclear cobra nuevo impulso, etcétera. Pero todo hace suponer que la demanda de energía aumentará y se seguirá dependiendo de los combustibles fósiles, a menos que ocurran revoluciones tecnológicas que aminoren esta dependencia.

Por tal razón, tenemos que preparar al país para la transición energética, mediante una política integral, de largo plazo, que contemple programas sectoriales para la generación y consumo racional de las diferentes clases de energía, cuidando las interrelaciones con el resto de la economía y el cambio climático.

Debido a las experiencias de telecomunicaciones y la banca, la política energética debe ser guiada por un ente verdaderamente autónomo, responsable de establecer la estrategia del sector y de coordinar y evaluar las políticas respectivas. Pemex debe tornarse en una empresa pública responsable, moderna, eficiente, competitiva y transparente, dándole la autonomía y los medios necesarios para ello.

Hay que ajustar los mecanismos de medición y darle a la parte industrial el papel que le corresponde en la generación de valor agregado y creación de empleos, sin cederle el negocio a otros; sabemos construir refinerías y mantener ductos y terminales; contamos con alternativas para duplicar al término del sexenio el monto de las reservas probadas y darnos tiempo para acometer los proyectos de aguas profundas.

Existen los recursos y mecanismos financieros suficientes; la tecnología se puede adquirir; los técnicos ya se están preparando; y es factible rescatar al personal calificado para la realización de obras. Debemos cambiar criterios de corto plazo y guiar al país en los próximos 30 años en una transición energética ordenada, autónoma e independiente. Después de 70 años no podemos declararnos fracasados; queremos un México ganador.

EL UNIVERSAL, 22 enero, 2008.- http://bit.ly/accuxJ

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