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Posts Tagged ‘Historia’

+ Insatisfechos exigimos hoy, como ayer,  un mejor gobierno

+ Saldremos  adelante, sin caudillismo ni autoritarismo

+ Cuando se denuesta al Congreso, se ofende a la Sociedad toda

+ No confundir fracaso de un gobierno, con fracaso del Pueblo

+ Conquistamos libertad, ahora falta  igualdad y justicia social

+ En el PRI, acuerdos, no desconfianza; civilidad, no cizaña

+ Ya una vez  construimos el Estado, lo volveremos  a hacer

+ Estemos a la altura de los Legisladores del 24, 57 y del  17

(Pronunciamiento en Sesión Solemne de Congreso General.- H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro):

El Partido Revolucionario Institucional, saluda respetuosamente a la Patria entera en esta celebración Bicentenaria.

Doscientos años de Independencia y cien años de nuestra Revolución social, son razones de peso en la conciencia y el espíritu de esta nación generosa que arriba al siglo  XXI.

La eterna búsqueda de la igualdad;  la demanda nunca acabada por hacer valer la justicia social para los más pobres y la justicia a secas para todos, están en el espíritu insatisfecho que hoy exige, como ayer, un mejor gobierno.

Los muros del Congreso registran los nombres de algunos de los más destacados héroes nacionales, de aquellos que con razón y vehemencia, incrustaron en la historia decisiones trascendentales que aún están vigentes.

Honramos a esos héroes hoy;  honramos también a tantos héroes anónimos que han servido y sirven a la patria, porque la historia de México es la del pueblo entero. La lección que ya debió ser aprendida, es que nuestro país saldrá adelante con trabajo colectivo, sin caudillismo ni autoritarismo.

El Poder Legislativo, es el depositario de las consignas salidas de las trincheras de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Su responsabilidad es garantizar que el nuestro sea un país de leyes, de instituciones, de congruencia y de sensatez.

En el Congreso de la Unión tiene la gente una representación real y un foro para hacer oír su voz.

Fue en el Congreso de Chilpancingo, en la Constitución de Apatzingán, y después en la Constitución de  1824,  donde las acciones de  1810  se convirtieron en leyes.

Fue en el Legislativo, otra vez, donde se decidió la estructura federal de la República, frente a las presiones de los conservadores, que combatían a Juárez para imponer un centralismo obsesivo, al amparo de una potencia extranjera.

Y fue en el Congreso, donde la revolución plasmó sus razones en la Constitución del  17,  que definió el perfil social de la nación.

El pueblo, convertido en legislador, ha cristalizado en leyes la esencia política, histórica y moral de sus luchas;  le ha dado trascendencia a los principios, valores y objetivos sociales.

Nuestras constituciones y leyes, el Derecho mexicano, son la concreción del proyecto de nación que empezamos a construir hace doscientos años.

En los años difíciles que hemos vivido, ha sido el Congreso de la Unión la caja de resonancia de las demandas populares;  ha sido la casa donde emiten las leyes los representantes legítimos del pueblo y de la República.

Los legisladores tenemos diferencias de criterio y a veces hasta de diagnóstico, pero sabemos conciliar ideas distintas e incluso opuestas, para formar los acuerdos que exige el interés de la nación.

Por ello, cuando se denuesta al Congreso se ofende a la sociedad toda, porque es en él, donde todos nos reflejamos y estamos representados;  a nadie conviene debilitar al Poder Legislativo;  pone en riesgo la soberanía popular y el pacto federal;  hacerlo es el mejor camino para convocar al autoritarismo.

Nuestra gente padece problemas muy graves como el desempleo, la migración, el trabajo informal en aumento y el abandono a los jóvenes.

También nos preocupa y ocupa la violencia criminal.   Tenemos que impedir que el crimen organizado conculque nuestras libertades y nos convierta en rehenes de un puñado de delincuentes.

No es la primera vez que enfrentamos problemas.   Para salir de ellos requerimos recuperar las lecciones de la historia, fortalecer las instituciones y recordar la tenacidad de nuestros héroes, para poder administrar el presente y ofertar el futuro.

No hay que confundir el fracaso de un gobierno o una clase dirigente con el fracaso de un pueblo.   Si algo tiene claro México es que pese a los gobernantes, a su clase dirigente y, muchas veces, pese a nosotros mismos, siempre ha sido capaz de encontrar el camino, de articular una salida, para seguir siendo un país del que siempre nos podamos sentir orgullosos.

Tenemos una gran nación.   Ahí están los ideales, están los principios, está la República Democrática, Representativa y Federal como un sistema de vida, y no como un mero ejercicio del sufragio universal.

Contamos, y ahí está, con el principio de la división de poderes para el fortalecimiento de la República entera.

Ahí está el principio de la República Federal para reconocer la mayoría de edad de los Estados.

Ahí está el sistema representativo y popular para privilegiar el trabajo de representación de los legisladores y su compromiso con la rendición de cuentas a la nación.

Las decisiones fundamentales de la República deben ser vínculo de unión, no pretexto para la obsesiva búsqueda de supremacía de alguien frente a los demás y, menos, cuando se trata de división de poderes.

El PRI está presente en esta celebración, con orgullo por lo que hemos hecho todos los mexicanos;  con serenidad porque seguimos conviviendo en armonía, a pesar de los despropósitos que nos dividen e incluso nos polarizan.

Los Poderes de la Unión debemos de servir al pueblo, sin que las diferencias partidarias se conviertan en obstáculo y lleven a la frustración a quienes debemos de servir.

Pero no puede el país adormecerse en sus fastos y sólo recordar lo que otros hicieron; o tratar de justificar en el pasado los errores del presente; debemos reconocer lo mucho que tenemos que hacer todos, hoy, para servir a México y servirle bien.

 

Los grandes postulados que explican la mexicanidad y las gestas libertarias, se sintetizan en libertad, igualdad y justicia social.

Hemos conquistado la libertad, pero aún debemos conquistar la igualdad y la justicia social.

Aquí, empeñamos la palabra del PRI en que seguiremos trabajando con denuedo y firmeza;  aquí, empeñamos nuestro compromiso con la sensatez y la prudencia.   Y nuestra convicción de que la política es debate, pero también acuerdo lícito y claro;  es acuerdo que resuelve problemas, no que los exacerba.

Los priistas nos empeñamos en construir acuerdos, no desconfianza;  en sembrar civilidad, no cizaña.

Compañeras y compañeros legisladores:

La Independencia de México fue el primer capítulo de una historia que aún no termina.

Hidalgo, Allende y Morelos, y miles y miles de mexicanos anónimos nos dieron una nación.

Juárez, los liberales de su generación  y millares de compatriotas, nos dieron la Reforma.

Zapata, Villa, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas, nos dieron el Estado de la Revolución y las instituciones que dan firmeza a la nación;  el Estado de bienestar que rescató de la pobreza a millones de familias, industrializó al país y prestigió a México en el mundo.

Celebremos el Bicentenario de la Independencia, el Sesquicentenario de la Reforma y el Centenario de la Revolución, con júbilo genuino, pero también con trabajo.

Encaremos los desafíos que hoy nos presenta la historia y dejemos a las futuras generaciones un legado de patriotismo, que esté a la altura del que nosotros recibimos de nuestros padres.

Hagámoslo con la profunda vocación democrática que los constituyentes de  1917  conceptuaron como un sistema de vida, basado en el constante mejoramiento económico, social y cultural de los mexicanos, mucho más allá que el mero ejercicio del voto.

El gran compromiso que plantea el PRI, sabiendo que somos capaces de asumirlo, es que ya una vez construimos el Estado y que somos capaces de volver a hacerlo, de encabezar, ilusionar y resolver el problema de la movilidad social.

Aquí empeñamos el compromiso con el pueblo de México, para que por la Ley, por el proceso parlamentario, podamos aportar más al país, pensando en que algún día aspiraremos a tener la altura de los legisladores del  24  o del  57  o del  17.

Pensando en eso, saludamos con todo afecto y emoción al gran pueblo de México.

¡Que viva México!

DISCURSO. 15 septiembre, 2010. En representación del Grupo Parlamentario del PRI, en Sesión solemne de Congreso de la Unión. H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro.

http://bit.ly/a2vYdz

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+ Tropiezos y triunfos en el tránsito al presente

+ Retroceso actual no eclipsa los logros históricos

+ Hay quienes olvidan los 150 años de la Reforma

CELEBREMOS

Francisco Rojas

Las gestas decisivas para la vida de México son propicias para reflexionar en lo que hemos sido, somos y lo que podemos ser. Hemos escrito la historia y formamos, a la vez, parte de ella. Desde 1810 hemos vivido en medio de vicisitudes. Tropiezos y triunfos nutrieron el tránsito hacia el presente. No somos la excepción; así se ha escrito, en circunstancias distintas, la historia de los Estados modernos.

La proeza independentista nos dio libertad y soberanía. La hazaña revolucionaria impulsó la justicia social y reivindicó el derecho de la población a mejores condiciones de vida y mayores oportunidades de ascenso económico y social. Fueron tan sólidos los logros de quienes nos antecedieron, que no han podido ser eclipsados por el retroceso de los últimos años. Somos un pueblo que ha sabido vencer la adversidad y superar las tragedias que ha padecido.

Independencia y Revolución están unidas por propósitos y valores comunes: libertad, soberanía, progreso y equidad. Hemos caminado mucho en busca de esos objetivos, a pesar de que algunos quieran ignorar el pasado y menosprecien el esfuerzo de los mexicanos para llegar a ser lo que hoy somos. Esas actitudes ocultan quizás su incapacidad para encarar los graves problemas nacionales que nos agobian. Para el pueblo mexicano la esperanza sigue viva. Estamos orgullosos de nuestra identidad que se nutre de la pluralidad étnica, cultural, ideológica y religiosa. Hemos unido lo diverso para construir una gran nación.

Algunos olvidan celebrar los 150 años del inicio de la Reforma. Es explicable para quienes creen que la obra y figura de Juárez y los liberales de su generación fueron perversas. En pleno siglo XXI, los prejuicios quieren imponerse a la razón y al derecho. Ante los embates al Estado laico, defendamos la laicidad plasmada en la Constitución de 1857, que retomaron y profundizaron los constituyentes de 1917.

Los mexicanos nos reconocemos en las tres grandes gestas fundacionales de la nación, aquilatamos su significado, ponderamos los aciertos y reflexionamos sobre las equivocaciones con serenidad, humildad republicana y optimismo, ajenos a la pirotecnia discursiva y la simulación demagógica.

Nada deshumaniza más que la expresión bajuna que esconde la realidad. Registremos el heroísmo de un pueblo que es superior a los desafíos y quiere reencontrar el camino de la estabilidad, la paz, la seguridad, la capilaridad social que antaño nos distinguió. Vivamos los anunciados espectáculos con alegría, pero sin deslumbramiento, seguros de que no vamos a permitir que el país se nos deshaga ni vamos a distraernos con el oropel de la verbena.

Celebremos con entusiasmo lo que hemos logrado, reafirmemos lo que queremos ser y hagamos lo necesario para lograrlo. Nos impulsa una enorme energía social que puede y debe ser aprovechada para no caer en el derrotismo y desaliento. No perdamos de vista las virtudes del pueblo mexicano, ni nos confiemos ante los embates a los valores de la laicidad que nos condujeron a la modernidad y desarrollo.

En unos días más festejaremos el inicio de la Independencia, y el 20 de Noviembre, el de la Revolución. En estos grandes movimientos sociales, lo mismo que en la Reforma, el pueblo mexicano venció obstáculos que parecían insalvables, se sobrepuso a las peores amenazas y avanzó hacia la conquista de su destino común.

Aclamemos el Centenario de la Revolución, que fue un hito en la historia y nos permitió ser, durante varias décadas, el país libre, próspero y generoso que fue modelo para nuestros hermanos latinoamericanos. Renovemos la confianza en que pronto podremos abrir caminos para generar riqueza, abatir la pobreza y disminuir la grosera desigualdad que nos agobia.

A lo largo de la historia, el pueblo ha confiado en sí mismo y ha salido fortalecido de las adversidades. Ante los graves problemas actuales, el Estado debe reasumir sus responsabilidades con la nación y su gente. No hay enemigos que vencer, sino problemas que resolver y para eso hace falta patriotismo y determinación. Hace falta confiar en el pueblo y no maquillar la realidad para cambiar las “percepciones”.

El ánimo debe ser festivo pese a la violencia y la inseguridad que padecemos, pues el pueblo tiene aliento para superar los obstáculos y legar a las futuras generaciones un país mejor que el que tenemos. Sinteticemos celebración y reflexión sobre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos y podemos ser.

EL UNIVERSAL. 7 de septiembre 2010. http://bit.ly/9I5s99

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+ México en una de las etapas más inestables de su historia

+ Faltan políticas públicas para la reactivación económica

+ Hay que fortalecer el mercado interno y la competitividad

SIN RUMBO

Francisco Rojas

Diez años de yerros gubernamentales y falta de rumbo han llevado a México a una de las etapas más difíciles e inestables de su historia. En el entorno mundial incierto en que vivimos, nuestro país está en la disyuntiva de continuar en la inercia o tomar en serio la opción del desarrollo, estimulando a las empresas mexicanas para que generen innovación y riqueza, producción, productividad, competitividad y empleo.

Producción y productividad han caído generando pérdida de empleos y recesión. Sin embargo, el gobierno federal no ha diseñado una política pública de apoyo a la industrialización que establezca planes y programas institucionales de fomento, que señalen prioridades para el uso de los instrumentos económicos del gobierno y las empresas, para articular esfuerzos y alcanzar mayores niveles de producción.

La industria ha sufrido las consecuencias del falso principio de que la mejor política industrial es la que no existe. Las cadenas productivas y de mercado están desarticuladas, la formación y capacitación del capital humano es simbólica y ajena a las necesidades de las empresas, se regula la apertura de nuevos negocios hasta el absurdo y no se regulan las prácticas monopólicas. No es extraño que México haya pasado del lugar 31 al puesto 60 en 2009 entre 156 países, según el Foro Económico Mundial.

Producto de la crisis que nos agobia y de la ausencia de visión de Estado del Ejecutivo Federal, es también el escaso financiamiento para la producción; a nadie escapa que la banca no ha cumplido con sus funciones de fomento al desarrollo industrial, lo que ha obligado a las grandes empresas mexicanas a acudir al extranjero, y a las pequeñas y medianas empresas a sustentar su financiamiento con sus proveedores, esto último grave, dado que son las que generan siete de cada diez empleos industriales.

Es clara la urgencia de modificar esa situación, porque sólo así será posible generar más y mejores empleos, reducir la brecha entre los grupos sociales, así como entre las regiones que presentan mayores niveles de bienestar y mayores rezagos, a fin de detonar el mercado interno y desplegar las potencialidades de regiones y entidades, de sectores productivos y de empresas. Es indispensable que tanto el Poder Ejecutivo Federal, así como los gobiernos de los Estados y los distintos organismos y sectores empresariales y, desde luego, el Poder Legislativo, sumemos esfuerzos en la misma dirección.

Para desarrollar núcleos estratégicos y restablecer las cadenas productivas con miras a una nueva etapa de sustitución de importaciones y una participación eficiente en los mercados globales, el PRI y sus diputados consideran necesario promover leyes para el fomento económico que reoriente el modelo exportador y lo acompase con el fortalecimiento del mercado interno, impulsando la competitividad de las empresas. No se trata de buenos deseos sino de exigencias inaplazables, si no queremos desintegrar la planta productiva que nos queda.

Requerimos una política industrial de Estado, previa definición de los sectores estratégicos en función de nuestras ventajas comparativas, tanto para ampliar el mercado interno a fin de generar empleos, como para fortalecer nuestra inserción en la globalidad. Esa política tendrá que ser resultado de un estrecho y fructífero diálogo entre los sectores público, empresarial y laboral, para el diseño de un programa de fomento económico de largo plazo que determine las áreas esenciales como manufacturera, servicios, biotecnología, telecomunicaciones, energía, entre otras, para integrar los esfuerzos institucionales, privados y sociales a fin de elevar la productividad y la competitividad y articular crédito, insumos, ciencia, tecnología, capacitación y asesoría, producción y comercialización segura y eficiente.

Asimismo, es preciso estimular los sectores que pueden generar el mayor número de puestos de trabajo y los que contribuyan a la incorporación de nuevas tecnologías, vía un tratamiento preferencial.

Ahora es tiempo de superar la apatía del Ejecutivo federal e iniciar la construcción de un futuro promisorio para esta y las próximas generaciones; de insertarnos con ventaja en la globalización inevitable. Al desencanto por la errática conducción del país, opongamos la confianza en nosotros mismos, el optimismo sobre qué hacer y lograr, la convicción de que juntos saldremos adelante.

EL UNIVERSAL 9 de marzo 2010 http://bit.ly/9fzWdF

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