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Posts Tagged ‘Independencia’

+ Los valores forjados en 200 años del México independiente

+ Libertad, fundamental para el pleno desarrollo del hombre

+ Es mejor construir acuerdos y no liquidar al adversario

POLÍTICA Y DEMOCRACIA

Francisco Rojas

En momentos difíciles e inciertos como los que ha vivido México en los últimos años, debemos revalorar nuestra historia, logros y potencialidades para no caer en el desánimo que inhibe la voluntad y paraliza la acción. En 200 años de vida independiente, la libertad y la democracia se han convertido en nuestra manera de ser, de pensar y de vivir. Libertad, como premisa del desarrollo pleno del individuo; democracia, como método para tomar decisiones sobre los asuntos que interesan a todos, incluida la elección de gobernantes y legisladores.

Estos valores son resultado de procesos sociales surgidos de grandes movimientos populares —la Independencia, la Reforma y la Revolución—, que se fueron extendiendo y arraigando en todos los estratos de la sociedad: Pero no son logros irreversibles pues, como lo enseñan los vaivenes en algunos países de América Latina, pueden perderse o desvirtuarse si no los refrendamos en la práctica diaria y, sobre todo, si no los conciliamos con una aspiración de la que depende la estabilidad política del país y la preservación de lo que hemos avanzado: la justicia social.

A punto de terminar el primer decenio del siglo XXI, los mexicanos tenemos serios problemas que, de no superarse, podrían poner en riesgo la viabilidad del Estado nacional y la unidad de los mexicanos en lo esencial: la violencia criminal, la recuperación endeble de la economía después de la recesión, la brecha crecida y creciente de la desigualdad social. Para corregirlos, se requiere la acción concertada de los gobiernos Federal, estatales y municipales y de los tres poderes de la Unión, a partir de acuerdos fundamentales que aseguren la confluencia de esfuerzos de todas las instancias de gobierno y pongan freno a la dispersión en la que los avances de una entidad pública son neutralizados por otra.

La unidad de propósitos y métodos, sin embargo, no puede fundarse en decisiones arbitrarias tomadas en la cúpula ni en la obediencia acrítica de los demás, sino en la discusión y la formación de acuerdos que representen las opiniones e intereses de todos los estratos de una sociedad diversa como la nuestra. Libertad para discutir y democracia para tomar decisiones dan legitimidad a las acciones públicas y aseguran la concurrencia leal y convencida de todas las instancias del poder público y de todas las representaciones partidarias.

El entramado institucional y político en que vivimos, refleja la diversidad de la sociedad del siglo XXI, y es responsable de generar ideas y dar respuesta a los problemas nacionales. El método es el debate libre y, al mismo tiempo responsable y serio de diagnósticos y propuestas que, una vez decantados, concilian posiciones y obligan a todos. En esto consiste la democracia.

El objetivo original de la confrontación de ideas es construir acuerdos, no aniquilar al adversario; por eso uno de los atributos esenciales de la democracia es el respeto a todas las personas y a su derecho a pensar y expresar con entera libertad sus opiniones y defender sus legítimos intereses. Hacen daño a la República quienes confunden al adversario con un enemigo, a la competencia con lucha aniquiladora y a la política con la confrontación de estratagemas, audacias publicitarias u oportunismos propagandísticos.

En una sociedad moderna, necesariamente diversificada, la unanimidad es una ficción o un engaño. En la formación de la voluntad colectiva impera la mayoría porque representa al número más alto de voluntades individuales. No obstante, en nuestro sistema político, las minorías participan con plena libertad en los debates y aun en la toma de decisiones en función de su respectiva representatividad, pues una democracia es esencialmente incluyente y tolerante.

En nuestro partido no sólo se cultivan las aptitudes para gobernar, sino también para ejercer la oposición responsable pero vigilante. Los priístas entendemos que la política es inherente a toda organización social y que su sentido y razón es buscar el bienestar de la gente.

En el PRI estamos convencidos de que la política debe ser solución y no problema, debe conducir al acuerdo y no al conflicto, debe atender los reclamos de la gente y no encerrarse en sí misma en ejercicios estériles de autocomplacencia; debe hacer posible la unidad de los contrarios, pero no en torno a frases huecas y sin sentido, sino en torno a acciones comunes, definidas entre todos para resolver los problemas que son de todos.

EL UNIVERSAL, 16 noviembre, 2010.-  http://bit.ly/d8SLWB

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+ Insatisfechos exigimos hoy, como ayer,  un mejor gobierno

+ Saldremos  adelante, sin caudillismo ni autoritarismo

+ Cuando se denuesta al Congreso, se ofende a la Sociedad toda

+ No confundir fracaso de un gobierno, con fracaso del Pueblo

+ Conquistamos libertad, ahora falta  igualdad y justicia social

+ En el PRI, acuerdos, no desconfianza; civilidad, no cizaña

+ Ya una vez  construimos el Estado, lo volveremos  a hacer

+ Estemos a la altura de los Legisladores del 24, 57 y del  17

(Pronunciamiento en Sesión Solemne de Congreso General.- H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro):

El Partido Revolucionario Institucional, saluda respetuosamente a la Patria entera en esta celebración Bicentenaria.

Doscientos años de Independencia y cien años de nuestra Revolución social, son razones de peso en la conciencia y el espíritu de esta nación generosa que arriba al siglo  XXI.

La eterna búsqueda de la igualdad;  la demanda nunca acabada por hacer valer la justicia social para los más pobres y la justicia a secas para todos, están en el espíritu insatisfecho que hoy exige, como ayer, un mejor gobierno.

Los muros del Congreso registran los nombres de algunos de los más destacados héroes nacionales, de aquellos que con razón y vehemencia, incrustaron en la historia decisiones trascendentales que aún están vigentes.

Honramos a esos héroes hoy;  honramos también a tantos héroes anónimos que han servido y sirven a la patria, porque la historia de México es la del pueblo entero. La lección que ya debió ser aprendida, es que nuestro país saldrá adelante con trabajo colectivo, sin caudillismo ni autoritarismo.

El Poder Legislativo, es el depositario de las consignas salidas de las trincheras de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Su responsabilidad es garantizar que el nuestro sea un país de leyes, de instituciones, de congruencia y de sensatez.

En el Congreso de la Unión tiene la gente una representación real y un foro para hacer oír su voz.

Fue en el Congreso de Chilpancingo, en la Constitución de Apatzingán, y después en la Constitución de  1824,  donde las acciones de  1810  se convirtieron en leyes.

Fue en el Legislativo, otra vez, donde se decidió la estructura federal de la República, frente a las presiones de los conservadores, que combatían a Juárez para imponer un centralismo obsesivo, al amparo de una potencia extranjera.

Y fue en el Congreso, donde la revolución plasmó sus razones en la Constitución del  17,  que definió el perfil social de la nación.

El pueblo, convertido en legislador, ha cristalizado en leyes la esencia política, histórica y moral de sus luchas;  le ha dado trascendencia a los principios, valores y objetivos sociales.

Nuestras constituciones y leyes, el Derecho mexicano, son la concreción del proyecto de nación que empezamos a construir hace doscientos años.

En los años difíciles que hemos vivido, ha sido el Congreso de la Unión la caja de resonancia de las demandas populares;  ha sido la casa donde emiten las leyes los representantes legítimos del pueblo y de la República.

Los legisladores tenemos diferencias de criterio y a veces hasta de diagnóstico, pero sabemos conciliar ideas distintas e incluso opuestas, para formar los acuerdos que exige el interés de la nación.

Por ello, cuando se denuesta al Congreso se ofende a la sociedad toda, porque es en él, donde todos nos reflejamos y estamos representados;  a nadie conviene debilitar al Poder Legislativo;  pone en riesgo la soberanía popular y el pacto federal;  hacerlo es el mejor camino para convocar al autoritarismo.

Nuestra gente padece problemas muy graves como el desempleo, la migración, el trabajo informal en aumento y el abandono a los jóvenes.

También nos preocupa y ocupa la violencia criminal.   Tenemos que impedir que el crimen organizado conculque nuestras libertades y nos convierta en rehenes de un puñado de delincuentes.

No es la primera vez que enfrentamos problemas.   Para salir de ellos requerimos recuperar las lecciones de la historia, fortalecer las instituciones y recordar la tenacidad de nuestros héroes, para poder administrar el presente y ofertar el futuro.

No hay que confundir el fracaso de un gobierno o una clase dirigente con el fracaso de un pueblo.   Si algo tiene claro México es que pese a los gobernantes, a su clase dirigente y, muchas veces, pese a nosotros mismos, siempre ha sido capaz de encontrar el camino, de articular una salida, para seguir siendo un país del que siempre nos podamos sentir orgullosos.

Tenemos una gran nación.   Ahí están los ideales, están los principios, está la República Democrática, Representativa y Federal como un sistema de vida, y no como un mero ejercicio del sufragio universal.

Contamos, y ahí está, con el principio de la división de poderes para el fortalecimiento de la República entera.

Ahí está el principio de la República Federal para reconocer la mayoría de edad de los Estados.

Ahí está el sistema representativo y popular para privilegiar el trabajo de representación de los legisladores y su compromiso con la rendición de cuentas a la nación.

Las decisiones fundamentales de la República deben ser vínculo de unión, no pretexto para la obsesiva búsqueda de supremacía de alguien frente a los demás y, menos, cuando se trata de división de poderes.

El PRI está presente en esta celebración, con orgullo por lo que hemos hecho todos los mexicanos;  con serenidad porque seguimos conviviendo en armonía, a pesar de los despropósitos que nos dividen e incluso nos polarizan.

Los Poderes de la Unión debemos de servir al pueblo, sin que las diferencias partidarias se conviertan en obstáculo y lleven a la frustración a quienes debemos de servir.

Pero no puede el país adormecerse en sus fastos y sólo recordar lo que otros hicieron; o tratar de justificar en el pasado los errores del presente; debemos reconocer lo mucho que tenemos que hacer todos, hoy, para servir a México y servirle bien.

 

Los grandes postulados que explican la mexicanidad y las gestas libertarias, se sintetizan en libertad, igualdad y justicia social.

Hemos conquistado la libertad, pero aún debemos conquistar la igualdad y la justicia social.

Aquí, empeñamos la palabra del PRI en que seguiremos trabajando con denuedo y firmeza;  aquí, empeñamos nuestro compromiso con la sensatez y la prudencia.   Y nuestra convicción de que la política es debate, pero también acuerdo lícito y claro;  es acuerdo que resuelve problemas, no que los exacerba.

Los priistas nos empeñamos en construir acuerdos, no desconfianza;  en sembrar civilidad, no cizaña.

Compañeras y compañeros legisladores:

La Independencia de México fue el primer capítulo de una historia que aún no termina.

Hidalgo, Allende y Morelos, y miles y miles de mexicanos anónimos nos dieron una nación.

Juárez, los liberales de su generación  y millares de compatriotas, nos dieron la Reforma.

Zapata, Villa, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas, nos dieron el Estado de la Revolución y las instituciones que dan firmeza a la nación;  el Estado de bienestar que rescató de la pobreza a millones de familias, industrializó al país y prestigió a México en el mundo.

Celebremos el Bicentenario de la Independencia, el Sesquicentenario de la Reforma y el Centenario de la Revolución, con júbilo genuino, pero también con trabajo.

Encaremos los desafíos que hoy nos presenta la historia y dejemos a las futuras generaciones un legado de patriotismo, que esté a la altura del que nosotros recibimos de nuestros padres.

Hagámoslo con la profunda vocación democrática que los constituyentes de  1917  conceptuaron como un sistema de vida, basado en el constante mejoramiento económico, social y cultural de los mexicanos, mucho más allá que el mero ejercicio del voto.

El gran compromiso que plantea el PRI, sabiendo que somos capaces de asumirlo, es que ya una vez construimos el Estado y que somos capaces de volver a hacerlo, de encabezar, ilusionar y resolver el problema de la movilidad social.

Aquí empeñamos el compromiso con el pueblo de México, para que por la Ley, por el proceso parlamentario, podamos aportar más al país, pensando en que algún día aspiraremos a tener la altura de los legisladores del  24  o del  57  o del  17.

Pensando en eso, saludamos con todo afecto y emoción al gran pueblo de México.

¡Que viva México!

DISCURSO. 15 septiembre, 2010. En representación del Grupo Parlamentario del PRI, en Sesión solemne de Congreso de la Unión. H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro.

http://bit.ly/a2vYdz

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…Nuestro país y todos los mexicanos, tenemos que sentirnos enormemente orgullosos del país que tenemos; del país que han construido las generaciones que nos han antecedido y el país que nos corresponde dejar a nosotros a nuestros hijos y nietos.

Este país se ha construido con el esfuerzo de millones y millones de mexicanos, por ello, la esperanza de que este país siga siendo fuerte, más equitativo, mejor en términos económicos y sociales, dándole vida digna a todos sus ciudadanos, debe ser y debe seguir siendo nuestro objetivo a perseguir.

No importa cuántos problemas nos encontremos en el camino, siempre tendremos la fortaleza y el espíritu de pelea para salir adelante.

…Tenemos que aspirar a cumplirlos (los principios de la Guerra de Independencia y de la Revolución Mexicana). Creo que se han logrado muchísimas cosas, y digo hemos porque todos diariamente hacemos algo por el país.

Vemos porque es evidente y nadie puede negarlo, las condiciones que teníamos en 1810, las condiciones que teníamos en 1910 y las condiciones que hay en 2010.

Independientemente de los problemas que ahora tenemos como el de la inseguridad y el desánimo social, tenemos un país enorme; tenemos una de las economías más grandes del mundo, que se ha construido en estos últimos 100 años.

Hagamos la comparación, veamos cómo éramos y cómo somos ahora. No perdamos por ningún motivo el espíritu de pelea.

 ENTREVISTA .- Versión íntegra: http://bit.ly/cQFkUg

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