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Posts Tagged ‘Revolución 1910’

+ Legado de Madero, Zapata, Villa, Carranza, Obregón y Cárdenas
+ Después de la Revolución de 1910, la pacificación social
+ Supervivencia de la clase media, en serio predicamento

+ En principios de entonces están las respuestas para hoy

REVOLUCION, HOY

Francisco Rojas

El llamado de Madero al pueblo para que tomara las armas en defensa del voto y contra la reelección fue el detonante de un gran movimiento integrador en el que confluirían la lucha agraria de Zapata, las reivindicaciones populares de Villa, el constitucionalismo de Carranza, la visión modernizadora de Obregón, la institucionalización de Calles y el nacionalismo de Cárdenas.

La Revolución Mexicana no fue dogmática ni propugnó la aniquilación de una parte de la sociedad por otra. Al contrario, fue un proceso histórico abarcador, una concepción moral y política en la que cabe todo el abanico ideológico de la sociedad y que no admite discriminaciones por motivos étnicos, religiosos, ideológicos, sociales, económicos o de cualquier otra índole.

La pluralidad de principios, valores y demandas que convergieron en la Revolución fue reflejo exacto de la diversidad del país definida por la geografía, las costumbres y la cultura. Los mexicanos somos un crisol de razas con iguales derechos, y también integramos un complejo mosaico de ideologías, creencias, concepciones y proyectos nacionales.

Uno de los grandes aciertos de nuestra Revolución fue la pacificación social, la construcción de una estructura institucional y la edificación de una transición democrática gradual, pero firme, para convivir en paz, con tolerancia y mutuo respeto. Las instituciones han podido procesar todas las parcialidades, como lo demuestra el hecho –que no se ha valorado suficientemente– de que en 2000 llegara a la Presidencia de la República un partido creado sesenta años antes como antípoda de los gobiernos revolucionarios.Los gobiernos revolucionarios repartieron la tierra y promovieron el desarrollo rural integral por medio de las instituciones públicas de fomento agropecuario; garantizaron los derechos sociales: educación, salud, nutrición, vivienda y trabajo; edificaron la seguridad social; propiciaron la creación de una amplia base industrial cuya expansión se fundó en el mercado interno y en los estímulos del Estado que, para ese propósito, asumió la rectoría del desarrollo, rescató para la Nación el dominio sobre los recursos del subsuelo y se reservó el manejo directo de los sectores estratégicos de la economía; y propiciaron la formación de una amplia y diversificada clase media, cuya supervivencia hoy está en serio predicamento.

Historiadores, politólogos, economistas y sociólogos se preguntan si la Revolución que se inició hace un siglo es o no funcional para encarar con éxito los problemas actuales de México. La respuesta es que ese movimiento social, lo mismo que la Reforma de mediados del siglo XIX y la Independencia bicentenaria, definió el destino del país y constituye una gran reserva doctrinaria y política para dar respuesta a problemas ya resueltos que han vuelto a emerger, como el bajo crecimiento de la economía, y a otros que son inéditos, como la amenazante expansión de la violencia criminal y su control de espacios que han sido sustraídos, al menos por ahora, al Estado de Derecho.

Los problemas de México en el siglo XXI no pudieron ser previstos por Madero, Carranza o Calles, pero los principios de la Revolución, identificados con los valores permanentes del ser humano, siguen teniendo validez y ofreciendo respuestas. La conjunción de democracia con justicia social, de libertad con equidad, continúa siendo la clave para enfrentar los difíciles problemas de nuestro tiempo.

Los desafíos son inmensos y se retroalimentan unos a otros. Se expande el crimen organizado al tiempo que se contrae la generación de empleos en la economía formal y disminuye la capacidad de la educación pública media y superior para dar espacio a los jóvenes que la demandan y necesitan. Desempleados y sin acceso al sistema educativo, los jóvenes son la parte más vulnerable de la sociedad frente al reclutamiento de las organizaciones criminales que les crea ilusiones y emociones en un ambiente de “resentimiento y venganza social”, como apunta Carlos Fuentes.

La solución empieza por una política que impulse la inversión de las empresas mexicanas comprometidas con programas de generación de empleo, y una política social que incida en los factores que generan la pobreza y no sólo en sus consecuencias. Estas políticas sólo pueden ser emprendidas por un Estado fuerte, con una activa participación democrática de todas las corrientes políticas y de la sociedad y con una voluntad firme de hacer realidad la democracia y la justicia social.

EL UNIVERSAL, 30, noviembre, 2010.- http://bit.ly/hnDYgD

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+  En lugar de contradicciones hay complementariedad

+ Madero, Zapata, Villa, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas

+ Sin Justicia social, la libertad es una ficción

+ México herido por la violencia, miseria, injusticia y desaliento

FRANCISCO ROJAS

 A 100 años del llamado de Madero al pueblo mexicano para hacer valer la democracia, la Revolución se reafirma como el gran movimiento incluyente en el que confluyeron la lucha agraria de Zapata, las demandas populares de Villa, el constitucionalismo de Carranza, la visión modernizadora de Obregón, la edificación institucional de Calles y el patriotismo de Cárdenas.

 La nuestra no es una Revolución dogmática ni propugna la aniquilación de una parte de la sociedad por otra; es un proceso histórico abarcador, una concepción moral y política en la que cabemos todos, sin discriminaciones por motivos étnicos, religiosos, ideológicos, sociales, económicos o de cualquier otra índole.

La Revolución ha armonizado principios, valores y demandas que en la superficie, sólo en la superficie, podrían parecer antagónicos pero que están en la raíz diversa de nuestro pueblo y fueron el germen del México moderno. La Revolución es la gran reserva doctrinaria y política para enfrentar las adversidades de nuestro tiempo y salir más fuertes, más justos y más unidos. Sólo la superficialidad irresponsable o el carcamón perezoso ven contradicciones donde hay complementariedad y probada racionalidad histórica.

 Somos un pueblo diverso por la geografía, las costumbres y la cultura. En la nación coexistimos indios, negros, criollos y mestizos, pero finalmente todos somos mexicanos.

 Cuando estalla la revolución se abrían paso en el norte las pequeñas y medianas empresas agrícolas y surgían las primeras industrias impulsadas por la red ferroviaria. En el centro, sur y sureste, inspirados en la fuerza de las tradiciones, los campesinos exigían la restitución de las tierras que habían sido arrebatadas a sus comunidades.

 Las comunidades indígenas reclamaban su inserción en la modernidad, sin renunciar a su cosmovisión y a sus costumbres.

 La Revolución mexicana estalló como reclamo general de justicia y democracia y fue modulando y decantando sus ideas esenciales sobre la marcha.

 El método fue sencillo y sabio: escuchar al pueblo, entenderlo y respetarlo, identificar sus necesidades y usar los recursos del Estado para mejorar sus condiciones de vida y abrir oportunidades a las nuevas generaciones.

 La estructura institucional de la revolución ha sido capaz de procesar todas las parcialidades. Por eso, en el año 2000 llegó pacíficamente a la presidencia de la república un partido creado como antípoda de los gobiernos revolucionarios. Así es la democracia.

 La Constitución sintetiza los ideales nacidos de la voluntad popular. Es programa y propósito y se cristaliza en dos valores inseparables: democracia y justicia social. Democracia como ejercicio de todas las libertades: de pensamiento y expresión, de reunión y crítica. Democracia que es sufragio efectivo, pero también participación de todos en la toma de decisiones. Libertad que sólo es posible con seguridad, con una economía sólida y con una distribución justa del ingreso.

 Debemos entenderlo bien de una vez por todas: sin justicia social la libertad es una ficción, es palabra hueca, es adorno para el discurso, pero sin el ejercicio pleno de las libertades tampoco es viable la justicia social.

 Transcurrida la fase armada, la revolución se convirtió en proceso creador y se renovó en cada estación histórica del mundo cambiante del siglo XX. Su doctrina es la base para comprender el país que somos, para identificar sus potencialidades, para dar sentido de actualidad y perspectiva de futuro a nuestros valores.

 La Revolución hizo de México uno de los países con mayor movilidad social y política en el siglo XX, confió al Estado la rectoría del desarrollo, reivindicó el dominio de la nación sobre la riqueza del subsuelo, consumó la reforma agraria y creó una amplia planta industrial mexicana. El desarrollo agrícola industrial aumentó las tasas de crecimiento a mediano y largo plazos, y generó empleos.

 El sistema educativo formó capital humano con distintos rasgos de calificación y los sistemas de salud pública, seguridad social, vivienda y otros, duplicaron la esperanza de vida y elevaron el bienestar de las familias mexicanas.

 La defensa del derecho internacional, la promoción activa de la paz y la cooperación internacional para el desarrollo fueron los pilares del prestigio mundial de México.

 La escuela pública y los proyectos culturales fomentaron el desarrollo político entre los jóvenes que emergían del campo y de las áreas urbanas marginadas para convertirlos en profesionistas y trabajadores calificados.

 Por eso afirmo que ahí, en la Revolución Mexicana y su programa está el germen de la transición democrática que transformaría la sociedad y acreditaría la naturaleza incluyente de la nación y su sistema político.

 Los constituyentes del 17 ratificaron las garantías individuales clásicas y elevaron a rango constitucional las garantías sociales. Con espíritu revolucionario Cárdenas convirtió al petróleo en columna vertebral de la modernización; y López Mateos rescató para la nación la energía eléctrica.

 México, confiado en su potencialidad y dueño de su destino constituyó un amplio y generoso sistema de seguridad social para amparar no sólo a los trabajadores sino también a sus familias. Construimos un país que llegó a ser la décima economía del mundo, con tranquilidad y paz social, pero sobre todo, porque teníamos fe en nuestro destino.

 En el Partido Revolucionario Institucional nos consideramos y asumimos herederos y custodios del ideario, el programa y las aspiraciones de la Revolución. Con ellos podemos retomar el camino hacia la justicia social, hoy más que nunca, cuando 6 millones de mexicanos más se han sumado a la pobreza en sólo dos años, y la economía apenas crece, y la violencia criminal secuestra áreas de la geografía nacional.

 El PRI hace suyo el justo reclamo de los jóvenes del siglo XXI por el derecho a construir su porvenir, con su esfuerzo personal como lo hicieron sus padres y sus abuelos. No es justo que los profesionistas mexicanos no encuentren espacio en los mercados de trabajo del país. No es justo ni aceptable que otros, los que ni siquiera tienen lugar en la educación superior sean arrastrados a la informalidad, la emigración o la delincuencia.

 Nuestro país está herido por la violencia, por la miseria, por la injusticia y el desaliento, acentuados en los últimos 10 años. Estas heridas no van a sanar con parches, necesitamos ir a las causas, definir los objetivos y los métodos y actuar en consecuencia. Es inaplazable reforzar la unidad nacional, pero no en torno a una persona, o a una quimera vacía de contenido social, sino a partir de propósitos comunes, tales como la tranquilidad y la paz social y con oportunidades reales de desarrollo.

 Es verdaderamente inaceptable, que en este año del centenario tengamos que defender el patrimonio nacional todavía con controversias constitucionales, en la corte y comisiones especiales en la Cámara de Diputados, para evitar la pérdida de soberanía o la mengua de la rectoría del Estado o la privatización soterrada de los recursos naturales propiedad de la nación.

 No debemos imponer las ideas propias a los otros y menos aún para destruir a quienes piensan distinto, sino para convocar, discutir, acordar y resolver. Es la hora de la política entendida como debate informado y libre entre todos los mexicanos.

 Señoras y señores diputados, en el amanecer del siglo XXI, la Revolución Mexicana exige resolver de manera seria, eficaz y permanente la pobreza, superar para siempre la desigualdad social en sus orígenes, restablecer el estado de derecho en todo el territorio nacional, combatir al crimen organizado en sus causas y cerrar los mecanismos que legitiman las ganancias mal habidas de los delincuentes.

 La Revolución debe ser crecimiento sustentable de la economía con el concurso de los trabajadores y empresarios mexicanos, debe ser defensa inquebrantable de la soberanía que, como lo dice la Constitución, reside en el pueblo.

 La Revolución debe ser oportunidad de progreso para todos y sigue siendo, como en su inicio y desarrollo, la síntesis magnífica de democracia con justicia social.

 La Revolución debe ser apasionada defensa de la libertad frente a los dogmas y prejuicios que intentan anquilosar conciencias y atarnos al pasado.

 La Revolución debe ser defensa de la soberanía, del patrimonio nacional y de la rectoría del Estado en beneficio de los mexicanos de hoy y de mañana.

 La Revolución debe ser esfuerzo constructivo de los mexicanos que creen en el talento de sus hombres y mujeres para convertir en realidad los ideales de la gesta centenaria que hoy conmemoramos.

 Para lograr ser lo que queremos ser, la nación contará con todos nosotros, los mexicanos con ideales de democracia y justicia social. Muchas gracias.

 DISCURSO, 18 noviembre, 2010. H. Cámara de  Diputados, sesión solemne.- http://bit.ly/96VTEJ

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+ Insatisfechos exigimos hoy, como ayer,  un mejor gobierno

+ Saldremos  adelante, sin caudillismo ni autoritarismo

+ Cuando se denuesta al Congreso, se ofende a la Sociedad toda

+ No confundir fracaso de un gobierno, con fracaso del Pueblo

+ Conquistamos libertad, ahora falta  igualdad y justicia social

+ En el PRI, acuerdos, no desconfianza; civilidad, no cizaña

+ Ya una vez  construimos el Estado, lo volveremos  a hacer

+ Estemos a la altura de los Legisladores del 24, 57 y del  17

(Pronunciamiento en Sesión Solemne de Congreso General.- H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro):

El Partido Revolucionario Institucional, saluda respetuosamente a la Patria entera en esta celebración Bicentenaria.

Doscientos años de Independencia y cien años de nuestra Revolución social, son razones de peso en la conciencia y el espíritu de esta nación generosa que arriba al siglo  XXI.

La eterna búsqueda de la igualdad;  la demanda nunca acabada por hacer valer la justicia social para los más pobres y la justicia a secas para todos, están en el espíritu insatisfecho que hoy exige, como ayer, un mejor gobierno.

Los muros del Congreso registran los nombres de algunos de los más destacados héroes nacionales, de aquellos que con razón y vehemencia, incrustaron en la historia decisiones trascendentales que aún están vigentes.

Honramos a esos héroes hoy;  honramos también a tantos héroes anónimos que han servido y sirven a la patria, porque la historia de México es la del pueblo entero. La lección que ya debió ser aprendida, es que nuestro país saldrá adelante con trabajo colectivo, sin caudillismo ni autoritarismo.

El Poder Legislativo, es el depositario de las consignas salidas de las trincheras de la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Su responsabilidad es garantizar que el nuestro sea un país de leyes, de instituciones, de congruencia y de sensatez.

En el Congreso de la Unión tiene la gente una representación real y un foro para hacer oír su voz.

Fue en el Congreso de Chilpancingo, en la Constitución de Apatzingán, y después en la Constitución de  1824,  donde las acciones de  1810  se convirtieron en leyes.

Fue en el Legislativo, otra vez, donde se decidió la estructura federal de la República, frente a las presiones de los conservadores, que combatían a Juárez para imponer un centralismo obsesivo, al amparo de una potencia extranjera.

Y fue en el Congreso, donde la revolución plasmó sus razones en la Constitución del  17,  que definió el perfil social de la nación.

El pueblo, convertido en legislador, ha cristalizado en leyes la esencia política, histórica y moral de sus luchas;  le ha dado trascendencia a los principios, valores y objetivos sociales.

Nuestras constituciones y leyes, el Derecho mexicano, son la concreción del proyecto de nación que empezamos a construir hace doscientos años.

En los años difíciles que hemos vivido, ha sido el Congreso de la Unión la caja de resonancia de las demandas populares;  ha sido la casa donde emiten las leyes los representantes legítimos del pueblo y de la República.

Los legisladores tenemos diferencias de criterio y a veces hasta de diagnóstico, pero sabemos conciliar ideas distintas e incluso opuestas, para formar los acuerdos que exige el interés de la nación.

Por ello, cuando se denuesta al Congreso se ofende a la sociedad toda, porque es en él, donde todos nos reflejamos y estamos representados;  a nadie conviene debilitar al Poder Legislativo;  pone en riesgo la soberanía popular y el pacto federal;  hacerlo es el mejor camino para convocar al autoritarismo.

Nuestra gente padece problemas muy graves como el desempleo, la migración, el trabajo informal en aumento y el abandono a los jóvenes.

También nos preocupa y ocupa la violencia criminal.   Tenemos que impedir que el crimen organizado conculque nuestras libertades y nos convierta en rehenes de un puñado de delincuentes.

No es la primera vez que enfrentamos problemas.   Para salir de ellos requerimos recuperar las lecciones de la historia, fortalecer las instituciones y recordar la tenacidad de nuestros héroes, para poder administrar el presente y ofertar el futuro.

No hay que confundir el fracaso de un gobierno o una clase dirigente con el fracaso de un pueblo.   Si algo tiene claro México es que pese a los gobernantes, a su clase dirigente y, muchas veces, pese a nosotros mismos, siempre ha sido capaz de encontrar el camino, de articular una salida, para seguir siendo un país del que siempre nos podamos sentir orgullosos.

Tenemos una gran nación.   Ahí están los ideales, están los principios, está la República Democrática, Representativa y Federal como un sistema de vida, y no como un mero ejercicio del sufragio universal.

Contamos, y ahí está, con el principio de la división de poderes para el fortalecimiento de la República entera.

Ahí está el principio de la República Federal para reconocer la mayoría de edad de los Estados.

Ahí está el sistema representativo y popular para privilegiar el trabajo de representación de los legisladores y su compromiso con la rendición de cuentas a la nación.

Las decisiones fundamentales de la República deben ser vínculo de unión, no pretexto para la obsesiva búsqueda de supremacía de alguien frente a los demás y, menos, cuando se trata de división de poderes.

El PRI está presente en esta celebración, con orgullo por lo que hemos hecho todos los mexicanos;  con serenidad porque seguimos conviviendo en armonía, a pesar de los despropósitos que nos dividen e incluso nos polarizan.

Los Poderes de la Unión debemos de servir al pueblo, sin que las diferencias partidarias se conviertan en obstáculo y lleven a la frustración a quienes debemos de servir.

Pero no puede el país adormecerse en sus fastos y sólo recordar lo que otros hicieron; o tratar de justificar en el pasado los errores del presente; debemos reconocer lo mucho que tenemos que hacer todos, hoy, para servir a México y servirle bien.

 

Los grandes postulados que explican la mexicanidad y las gestas libertarias, se sintetizan en libertad, igualdad y justicia social.

Hemos conquistado la libertad, pero aún debemos conquistar la igualdad y la justicia social.

Aquí, empeñamos la palabra del PRI en que seguiremos trabajando con denuedo y firmeza;  aquí, empeñamos nuestro compromiso con la sensatez y la prudencia.   Y nuestra convicción de que la política es debate, pero también acuerdo lícito y claro;  es acuerdo que resuelve problemas, no que los exacerba.

Los priistas nos empeñamos en construir acuerdos, no desconfianza;  en sembrar civilidad, no cizaña.

Compañeras y compañeros legisladores:

La Independencia de México fue el primer capítulo de una historia que aún no termina.

Hidalgo, Allende y Morelos, y miles y miles de mexicanos anónimos nos dieron una nación.

Juárez, los liberales de su generación  y millares de compatriotas, nos dieron la Reforma.

Zapata, Villa, Carranza, Obregón, Calles y Cárdenas, nos dieron el Estado de la Revolución y las instituciones que dan firmeza a la nación;  el Estado de bienestar que rescató de la pobreza a millones de familias, industrializó al país y prestigió a México en el mundo.

Celebremos el Bicentenario de la Independencia, el Sesquicentenario de la Reforma y el Centenario de la Revolución, con júbilo genuino, pero también con trabajo.

Encaremos los desafíos que hoy nos presenta la historia y dejemos a las futuras generaciones un legado de patriotismo, que esté a la altura del que nosotros recibimos de nuestros padres.

Hagámoslo con la profunda vocación democrática que los constituyentes de  1917  conceptuaron como un sistema de vida, basado en el constante mejoramiento económico, social y cultural de los mexicanos, mucho más allá que el mero ejercicio del voto.

El gran compromiso que plantea el PRI, sabiendo que somos capaces de asumirlo, es que ya una vez construimos el Estado y que somos capaces de volver a hacerlo, de encabezar, ilusionar y resolver el problema de la movilidad social.

Aquí empeñamos el compromiso con el pueblo de México, para que por la Ley, por el proceso parlamentario, podamos aportar más al país, pensando en que algún día aspiraremos a tener la altura de los legisladores del  24  o del  57  o del  17.

Pensando en eso, saludamos con todo afecto y emoción al gran pueblo de México.

¡Que viva México!

DISCURSO. 15 septiembre, 2010. En representación del Grupo Parlamentario del PRI, en Sesión solemne de Congreso de la Unión. H. Cámara de Diputados. Palacio Legislativo de San Lázaro.

http://bit.ly/a2vYdz

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…Nuestro país y todos los mexicanos, tenemos que sentirnos enormemente orgullosos del país que tenemos; del país que han construido las generaciones que nos han antecedido y el país que nos corresponde dejar a nosotros a nuestros hijos y nietos.

Este país se ha construido con el esfuerzo de millones y millones de mexicanos, por ello, la esperanza de que este país siga siendo fuerte, más equitativo, mejor en términos económicos y sociales, dándole vida digna a todos sus ciudadanos, debe ser y debe seguir siendo nuestro objetivo a perseguir.

No importa cuántos problemas nos encontremos en el camino, siempre tendremos la fortaleza y el espíritu de pelea para salir adelante.

…Tenemos que aspirar a cumplirlos (los principios de la Guerra de Independencia y de la Revolución Mexicana). Creo que se han logrado muchísimas cosas, y digo hemos porque todos diariamente hacemos algo por el país.

Vemos porque es evidente y nadie puede negarlo, las condiciones que teníamos en 1810, las condiciones que teníamos en 1910 y las condiciones que hay en 2010.

Independientemente de los problemas que ahora tenemos como el de la inseguridad y el desánimo social, tenemos un país enorme; tenemos una de las economías más grandes del mundo, que se ha construido en estos últimos 100 años.

Hagamos la comparación, veamos cómo éramos y cómo somos ahora. No perdamos por ningún motivo el espíritu de pelea.

 ENTREVISTA .- Versión íntegra: http://bit.ly/cQFkUg

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+ Embate recrudecido contra las instituciones nacionales

+ ¿Odio ciego por lo hecho por el priismo,  para devastalo?

+ Unidad, solo con la identificación conjunta de objetivos

INSTITUCIONES

Francisco Rojas

A la maraña de crisis que vive México en 2010crimen, miseria, desempleo, estancamiento económico, desaliento generalizado—, se agrega el embate recrudecido contra las instituciones nacionales, que tal vez tenga fines preelectorales, pero está socavando el entramado institucional sobre el que se asienta la frágil gobernabilidad.Las instituciones de la República tienen su origen en el gobierno liberal de Juárez, primero, y en los gobiernos surgidos de la Revolución, después. ¿Es por esto que diversos grupos están empeñados en derruirlas? ¿Los mueve el odio ciego a todo lo hecho por el priísmo y quieren devastarlas? ¿Se han convencido de la tesis de destruirlo todo para construir sobre los escombros una nueva sociedad? ¿Cuál sociedad? ¿Pretenden regresar el reloj de la historia y revertir la derrota de los conservadores por los liberales del siglo XIX?El México de nuestros días está lastimado por una mezcla de violencia, pobreza y desesperación, que puede ser explosiva y debe ser desactivada de inmediato. Si el gobierno proclama la unidad nacional —y vaya que la necesita—, debe admitir que el único camino para unir a las fuerzas políticas que, por definición, son diversas, es la identificación conjunta de objetivos sin dobles discursos ni espectáculos mediáticos.Aunque hayan transcurrido dos tercios del sexenio, es necesario gobernar y dejar a los partidos el trabajo preelectoral. Pero si el poder presidencial sigue usando los programas y recursos públicos para comprar votos y voluntades, no podrá recuperar el mínimo de confianza indispensable para el ejercicio democrático del poder y la construcción de acuerdos políticos de fondo.El embate contra las instituciones republicanas ha sido constante y, a veces, virulento. Se desprestigia al Congreso, a veces por extensión de las campañas antipartidos, y otras, para inducir a los ciudadanos a que fuercen a sus legisladores a someterse a la voluntad del gobierno, como si la autonomía de los poderes del Estado y los pesos y contrapesos que se dan entre ellos no fueran requisitos esenciales de la democracia.Se denigra al Ejército y a la Marina, magnificando y generalizando los actos punibles de algunos de sus miembros, olvidando deliberadamente su raigambre popular y que son dos de las instituciones básicas del Estado posrevolucionario, sin reparar en que los soldados y marinos mexicanos son los primeros en auxiliar a las poblaciones que sufren desastres naturales; son los que llevan los libros de texto gratuitos hasta los sitios más apartados; los que resguardan la papelería y los votos emitidos; los que hacen posibles las campañas de vacunación y son, por supuesto, las fieles instituciones que defienden a la nación.Se arman fuertes campañas de difamación que presentan a los partidos políticos como entes antagónicos a la sociedad y los atacan, no por los desaciertos de algún dirigente, sino por el solo hecho de ser partidos políticos, pese a que son grupos de ciudadanos que comparten opiniones y propuestas sobre los asuntos que a todos interesan, y se organizan para impulsarlos en su calidad constitucional de entidades de interés público.Los organismos electorales han sido instituciones fundamentales para que los cambios políticos de los últimos 13 años hayan transcurrido en paz. Se les desprestigia a sabiendas de que la credibilidad es su principal activo y que jugaron un papel decisivo para que, después de la elección presidencial más competida de la historia y una de las más cuestionadas, tomara posesión el candidato que tuvo oficialmente mayor número de votos.Ni la discordia ni el abuso inducirán a las fuerzas políticas y de la sociedad a unirse para enfrentar la delincuencia, pobreza, desigualdad y las desgracias que estos fenómenos conllevan. Será la unidad de los mexicanos, fundada en el respeto, en la claridad de propósitos comunes y en la defensa de las instituciones, lo que habrá de sacar al país de las adversidades en que está atrapado.Hay que recuperar la sensatez. No se puede esperar unidad cuando se siembra la discordia, ni se puede reducir el interés nacional a la búsqueda de votos para las siguientes elecciones. Los comicios son sólo uno de los medios de la democracia, no su fin. Es un grave error gobernar pensando en las siguientes elecciones, ignorando la realidad lacerante en que está sumido el país. Es la hora de fortalecer, no de minar las instituciones. EL UNIVERSAL, 24 de agosto 2010.- http://bit.ly/9vCzv6

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El país se está encaminando a una desesperanza, hay intranquilidad  en la sociedad, hemos perdido cohesión social porque el gobierno en lugar de propiciar la unidad nacional, está propiciando su división. Estamos viviendo los años más violentos desde la Revolución Mexicana, y el peor estancamiento económico desde la depresión de 1929, y nos dirán que efectivamente con el PRI también tuvimos problemas, es cierto, con el PRI tuvimos problemas en el país, pero siempre había confianza de que teníamos un rumbo claro y había una convicción firme en el país. Hoy está imperando el desánimo que nos está inmovilizando y el temor que nos está paralizando. El gobierno cree que los problemas se resuelven con slogans, compañas mediáticas o desplegados en los periódicos. Es el ofrecimiento de retórica en lugar de soluciones.

http://bit.ly/c4I8V4

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+En México impera el desánimo que nos inmoviliza

+Cada día se onfirma que hay un Gobierno Fallido

+¿En verdad vivimos  mejor que hace tres o diez años?

¿VIVIR MEJOR?

Francisco Rojas

México está en vías de perder la esperanza, la tranquilidad y la cohesión social. No habíamos vivido niveles de violencia tan altos desde la etapa armada de la Revolución y la economía no se había estancado tanto desde la Gran Depresión de 1929-1932. Hemos pasado antes por periodos difíciles, pero había confianza en el rumbo y la conducción firme del país. Pero hoy, como pocas veces, impera el desánimo que nos inmoviliza.

Hoy la gente se sabe indefensa al ver que cada semana, cada día, se confirma que este es un gobierno fallido. Es inquietante que el gobierno crea que los problemas son sólo “percepciones”, pues esa lógica hace que se gobierne con discursos y campañas mediáticas que hablan de un país imaginario, y no con acciones reales y eficaces.

Pese a las complejas circunstancias electorales de 2006, los ciudadanos se sintieron aliviados por el paso de un gobierno frívolo e inepto a otro cuya campaña política lo había presentado como “el gobierno del empleo”. Pero la expectativa se esfumó cuando se vio que el mensaje era simple lema electoral y, en su lugar, se adoptaba una frase publicitaria más imprecisa: “Para vivir mejor”.

¿“Mejor”? ¿Vivimos mejor hoy que hace tres años y medio o hace 10? ¿Mejor en la inseguridad y la violencia en distintas partes del territorio nacional? ¿Vivimos mejor con una política económica recesiva y dos millones y medio de trabajadores sin trabajo? ¿Viven mejor los niños y jóvenes con una educación que ha caído en la desidia y el engaño y está desvinculada de la economía? ¿Vive mejor la mitad de la población que está en pobreza o a punto de caer en ella? ¿Mejor los hombres y mujeres que perdieron su empleo y no pueden encontrar otra colocación digna?

Entre discursos que intentan cambiar las “percepciones”, rencillas políticas y uso de los programas sociales con fines preelectorales, se ha perdido la primera mitad de otro sexenio, mientras los problemas diarios de la gente se agravan y el gobierno parece creer en el mundo ilusorio que ideó como eje de su política de persuasión colectiva. Contra las expectativas que ellos mismos generaron, en las administraciones panistas el PIB sólo ha crecido en promedio anual el 1.2%, a pesar de los cuantiosos recursos de que dispusieron antes de la fase aguda de la crisis internacional y su mal manejo interno.

Son del dominio público las estadísticas de la violencia y la inseguridad pública y los datos que cuantifican la desigualdad social y la pobreza en ascenso. No obstante, los voceros oficiosos del gobierno atribuyen a una supuesta “generación del no” la incapacidad para gobernar y la impericia para propiciar acuerdos y generar confianza en la conducción del país, cuando no existe motivación para el diálogo ni propuestas coherentes para llegar a los acuerdos que exige la sociedad.

Se entiende que el gobierno trate de generar optimismo con la versión de que estamos en el camino de la plena recuperación económica y que el empleo va en aumento, pero hay que tener cautela, como lo aconseja el gobernador del Banco de México al decir que la crisis europea ha encendido los “focos rojos” en la recuperación mundial, por lo que se prevé un menor crecimiento de la economía estadounidense para el segundo semestre de 2010.

Las voces de alerta se multiplican y no es prudente lanzar las campanas al vuelo por un crecimiento coyuntural del PIB, que al eliminar el efecto estacional se torna negativo; por una recuperación parcial de las exportaciones de la industria automotriz, que puede revertirse cuando las casas matrices reestructuren sus estados financieros, o por una elevación en el número de trabajadores registrados en el IMSS, que se contradice con las estadísticas del INEGI. Festinar estos avances parciales, nos hace perder de vista que todos los signos indican que pasará algún tiempo antes de recuperar los niveles previos a la crisis.

Para nadie pueden ser plausibles estos resultados, que atestiguan el fracaso de nueve años de gestión panista. Estamos dispuestos a trabajar conjuntamente con las autoridades con objeto de evitar descalabros futuros y propiciar que se adopten las medidas necesarias para que la recuperación sea real y duradera, pero el uso de datos aislados con fines electorales desorienta a la sociedad y no ayuda a la concordia, al entendimiento y al logro de los acuerdos necesarios.

EL UNIVERSAL, 1 de junio 2010 http://bit.ly/c4lD68

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