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Posts Tagged ‘Unión Europea’

+ Aniversarios: Independencia, Revolución, Universidad e IFE

+ Profesionalismo de los integrantes del sistema electoral

+ La Democracia, sistema de vida, no exterminio de adversarios

POLÍTICAS DE ESTADO Y ALTERNANCIA

Francisco Rojas

En el curso de dos meses, celebramos el Bicentenario de la guerra de Independencia, el Centenario de la Revolución y de la fundación de la Universidad Nacional, y los primeros 20 años del IFE, cuyo papel ha sido determinante para el desarrollo democrático del país.

En poco tiempo, el sistema electoral se ganó la confianza social en el voto y en su escrutinio y llevó a buen puerto los procesos electorales, a veces en circunstancias sombrías, como la violencia política de 2006. Aunque los resultados de las dos últimas elecciones presidenciales fueron adversos al PRI, los priístas siempre hemos apoyado el profesionalismo y honradez de los integrantes del sistema electoral.

La alternancia, pese a su importancia, es apenas una expresión de la transición democrática. En cada proceso electoral se pone a prueba la eficacia de los gobiernos, la capacidad de los partidos para hacer suyas las demandas populares y la aptitud de los legisladores para transformar las soluciones en leyes.

Pero la alternancia no debe suponer rupturas o implicar la refundación periódica del régimen político ni convertir a los adversarios políticos en enemigos que deban denostarse o destruirse mutuamente. En México, la democracia es un sistema de vida, no un mecanismo de exterminio de una parte de la sociedad por otra. La democracia reconoce pluralidad social y política, en tanto que la intolerancia las ahoga.

En la diversidad, los mexicanos tenemos necesidades y objetivos comunes cuya solución exige estructurar políticas de Estado de largo plazo, en áreas esenciales: economía, educación, combate a la pobreza, seguridad pública y justicia, protección al ambiente y desarrollo de las cuencas hidrológicas, de tal forma que el cambio de estafeta que supone la alternancia permita la continuidad de las mismas, con independencia de colores políticos o plazos electorales.

Una política esencial de Estado es lograr un crecimiento económico sostenido que integre cadenas productivas, atenúe las desigualdades regionales, genere empleos formales y jerarquice las obras de infraestructura. No hay dilema entre estabilidad y crecimiento; al contrario, se complementan cuando la economía está al servicio de la sociedad y no incurre en excesos que rompan los equilibrios básicos.

Otra sería la educación, la investigación y la tecnología como palancas del desarrollo que confluyan en la formación de capital humano con diversos grados de calificación y en distintas áreas del conocimiento, dando así solidez, estabilidad y suficiencia a la generación de empleos modernos y bien remunerados. Otra sería la de cohesión social, que con compensaciones focalizadas atendería a comunidades con alta marginación, sin el enfoque asistencialista que no abate la pobreza, sino la reproduce, siguiendo experiencias de probada eficacia en la Unión Europea.

Una de las demandas más angustiosas de la sociedad es la seguridad pública y el mejoramiento de la procuración e impartición de justicia. Es urgente restituir la tranquilidad social perdida, reforzar el Estado de Derecho y garantizar la justa aplicación de las leyes. Una política de Estado en estas materias debería empezar por abatir dos vicios que han calado en el cuerpo social: la corrupción y la impunidad.

Paralelamente, el país debe emprender esfuerzos sostenidos para proteger el medio ambiente, mediante el desarrollo de energías alternas, el control de emisiones contaminantes y el transporte limpio. No hacerlo ha contribuido al calentamiento global y magnificado huracanes y otros fenómenos meteorológicos cuyas secuelas han sido devastadoras. Estos fenómenos naturales constituyen una razón más para la integración, promoción y desarrollo de cuencas hidrológicas en los principales ríos, con objeto de aprovechar racionalmente los recursos hidráulicos del país y proteger a las poblaciones más expuestas.

La adopción de políticas de Estado fundadas en el diálogo democrático, incluyente y serio entre todos los actores políticos y en todos los ámbitos del poder es el factor que hará posible que la alternancia, que es una manifestación de la transición democrática, no se convierta en obstáculo para la solución de problemas viejos y nuevos, que continuarán agravándose si no adoptamos políticas de largo plazo para no pretender reinventar al país cada seis años.

EL UNIVERSAL, 19 octubre, 2010.- http://bit.ly/dbuXJ7

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